LE DIERON DOCE AÑOS DE PRISIÓN POR VIOLACIÓN, PERO ESTÁ LIBRE
“Fue el sábado a la noche”. Cuando repitieron la frase por separado, cuatro adolescentes jamás imaginaron que por un error de horas terminarían favoreciendo al hombre que los vejó a punta de pistola en una quinta de Fisherton. Como la agresión sucedió a la 1 de un domingo, y no la noche del sábado, todo el juicio contra el presunto agresor se anuló cuando ya lo habían condenado y el proceso judicial tuvo que volver a fojas cero. El nuevo veredicto, que acaba de salir, lo encontró libre: como estuvo tres años preso sin condena a raíz de las demoras que acarreó el nuevo juicio, tuvieron que excarcelarlo y así continuará hasta que haya una sentencia definitiva sobre el caso.
El acusado fue a los Tribunales el lunes pasado. Estaba solo, sin esposas en las muñecas ni custodios del Servicio Penitenciario. En el juzgado donde tuvieron que rehacer el proceso lo notificaron del fallo. Firmó, dijo que apelaba y se fue caminando por donde vino.
Había dado el paso clave para seguir libre: la apelación deja en suspenso el veredicto y de ese modo garantiza la continuidad del beneficio que impensadamente le otorgaron las demoras del proceso.
Se llama Javier Andrés Castro y tiene 34 años. El juez Julio García acaba de encontrarlo culpable del ataque sexual contra dos parejas de adolescentes y lo condenó a 12 años. Su colega Ernesto Genesio ya lo había hecho mucho antes pero la defensa del acusado, que ejerce el abogado Eduardo Sosa, consiguió que la anularan. Es que al hombre siempre lo habían acusado por un episodio que supuestamente ocurrió la noche del sábado 1º de enero de 2000 y no la madrugada del 2. Y eso, sostuvo Sosa, fue contra sus garantías porque impidió que Castro se defendiera correctamente.
El episodio por el que lo acusa el fiscal Norberto Picca fue terrible. Un hombre irrumpió a punta de pistola en una casa de fin de semana y sorprendió a dos parejas de adolescentes. Los obligó a mantener relaciones sexuales entre ellos y después abusó él mismo de las chicas.
Al hacer la denuncia, las víctimas lo describieron y contaron cómo era su auto. Así dieron las primeras pistas para identificar al agresor. A Castro lo acusaron por el vehículo: el suyo era idéntico al que vieron los chicos y además la policía lo encontró guardado en una cochera ubicada lejos de su casa.
Adentro del auto había tres indicios que lo comprometieron definitivamente: una toalla como la que el agresor llevaba la noche del ataque, un calzoncillo y un gel íntimo.
De nada sirvió que Castro insistiera que la noche del drama estaba trabajando como custodio en la casa del futbolista Juan Antonio Pizzi, que queda relativamente cerca del escenario de las agresiones. El juez que investigó el caso, Alfredo Ivaldi Artacho, lo procesó y lo envió a juicio. Y Genesio lo condenó a 12 años.
Pero en la Cámara Penal ocurrió algo inesperado: los jueces descubrieron el error en torno al momento en el que se produjo el ataque y anularon el veredicto. Así resguardaron una garantía que protege a toda persona que se presume inocente, que tiene derecho a defenderse. Por eso el proceso judicial volvió al principio.
Como el procesamiento se mantuvo, el caso otra vez fue a juicio. Pero el juez que tomó el caso llegó a una conclusión idéntica a la de su antecesor: para Julio García, el conjunto de pruebas contra Castro es “impecable” y por eso volvió a condenarlo a 12 años de prisión.
Ahora la Cámara Penal debe revisar la sentencia. El abogado del acusado afirma que los indicios no prueban nada e insiste sobre otra hipótesis: dice que las violaciones pudieron haber sido cometidas por otro sujeto, que identifica con nombre y apellido, que tiene antecedentes en ese tipo de agresiones.
El acusado esperará el nuevo fallo en libertad. Si lo confirmaran, entonces debería volver a la prisión. Es la ventaja que le otorga aquel error inicial de los investigadores, que no repararon en el detalle en torno al momento exacto en el que ocurrió el salvaje ataque sexual. Por una hora no había sido el sábado a la noche sino el domingo a la madrugada.
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