LENTO RECUENTO DE VOTOS EN TUCUMÁN
El lento escrutinio de las casi 2000 combinaciones electorales habilitadas por el caótico sistema de lemas mantenía a los tucumanos en una tensa vigilia a la espera del resultado de las elecciones celebradas ayer, que definirán el nombre del gobernador que manejará los destinos de esta provincia los próximos cuatro años.
A las 22.40, sólo se habían conocido los datos de 26 mesas (apenas el 1,15 del total de las 2266 mesas), lo que mantenía la incertidumbre y en carrera a los cuatro candidatos con posibilidades de ganar la elección, que entregaba, desde sus comandos de campaña, resultados de mesas aisladas aportados por sus fiscales y que, en todos los casos, les eran favorables.
A priori, el favorito para ganar los comicios es el peronista José Alperovich, un reconocido empresario local, heredero con sus tres hermanos de una fortuna superior a los 10 millones de dólares forjada por su padre, León, que encabeza la fórmula oficialista del Frente Fundacional.
Alperovich recibió el apoyo del presidente Néstor Kirchner y del peronismo nacional. Es más, el vicepresidente Daniel Scioli había viajado la semana última a Tucumán junto con un grupo de senadores para apoyar la candidatura de Alperovich.
Sin embargo, nadie se animaba anoche a dar por descartados de la carrera por el sillón de Lucas Córdoba al ex fiscal anticorrupción Esteban Jerez (Frente Unión por Tucumán) y al candidato de Fuerza Republicana, Ricardo Bussi, hijo del ex general y ex gobernador de facto y democrático Antonio Domingo Bussi.
Ambos postulantes prometieron que no dormirán hasta tener los resultados del escrutinio provisional cerrados, lo que se estima que será cerca de las 6 de hoy.
En un cuarto lugar casi asegurado se perfilaba el peronista disidente Osvaldo Cirnigliaro, postulante del Frente Anticorrupción.
De cumplirse la profecía de las encuestas encargadas por peronismo antes de la elección, se convertiría en el segundo gobernador de religión judía de la Argentina. El primero fue el peronista Néstor Perl, en Chubut.
La cuestión religiosa es un dato menor, pero en la campaña electoral no pasó inadvertido. Así, el arzobispo de San Miguel, Luis Villalba, instaló el tema con fuerza al recordar que la Constitución provincial obliga a los gobernadores electos a jurar por Dios, la patria y los Santos Evangelios, requisito que Alperovich no puede cumplir.
Además, el viernes último el ex diputado nacional por el bussismo y candidato a legislador local Exequiel Avila Gallo publicó una solicitada en la que le pedía a la Justicia que investigara al candidato oficialista y lo acusaba de ser un agente del “sionismo internacional”.
Por otra parte, Alperovich se convertiría en el primer gobernador electo de cuño “kirchnerista”, a pesar que el presidente Kirchner nunca visitó la provincia. El apoyo oficial se tradujo en un encuentro con Scioli aquí y una reunión con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, en Buenos Aires.
Un caos cantado
El caos del sistema de lemas refleja en cierta manera también el estado económico, financiero e institucional de la provincia, una de las más pobres de la Argentina.
Tucumán quedó en el centro de la escena política en noviembre último cuando los medios de comunicación nacionales mostraron cómo se morían los niños por desnutrición.
Ese fue el certificado de defunción para las aspiraciones de conseguir su reelección como gobernador -la Constitución local no contempla esa posibilidad- del peronista Julio Miranda.
Acusado de haber llevado a cabo el peor gobierno de la historia de Tucumán, lo cierto es que hasta el propio Alperovich reconoce que recibirá un Estado endeudado en más de 3000 millones de pesos tras la devaluación.
La jornada electoral se desarrolló con total tranquilidad, sólo estorbada por una tenue y persistente garúa.
El único incidente se registró pasado el mediodía cuando Cirnigliaro presentó sendos pedidos de impugnación y suspensión de la elección, alegando que no habían sido distribuidos los votos testigo y las papeletas de su fuerza en varias mesas de la provincia.
Sin embargo, ambos recursos fueron rechazados poco después por la Junta Electoral provincial, por lo que el proceso electoral continuó.
El mal clima favoreció la típica conducta de los candidatos de recluirse en sus hogares mientras se desarrollaba la votación.
Sólo Alperovich rompió con esa tradición y abandonó su casa de esta capital para dirigirse a la casona de la calle Saavedra Lamas, de Yerba Buena, para disfrutar de un asado con su numerosa familia y allegados.
En ese lugar esperaba anoche los primeros resultados y se preparaba para festejar con un novillo asado un eventual triunfo.
Al momento de emitir su sufragio, el candidato oficialista aseguró que, en caso de llegar a la gobernación, eliminará la ley de lemas.
La promesa es una constante de todos los candidatos desde que en 1991 Bussi padre instaló en la provincia el polémico sistema en reemplazo del colegio electoral.
Este contenido no está abierto a comentarios

