LENTO REGRESO DE LA ENERGÍA EN CAPITAL
Pocas veces las velas fueron tan demandadas en la ciudad. Es que el apagón que comenzó anteayer por la noche y afectó a 228.000 usuarios de la empresa Edesur en los barrios de Flores, Floresta, Caballito, Boedo, Villa Lugano, Monte Castro, Villa Luro, Villa Soldati y Mataderos sólo concluyó alrededor de las 19 de ayer y en algunas zonas se prolongó por más de 24 horas.
El corte se inició al anochecer del viernes y sólo a partir de la tarde de ayer el servicio comenzó a restablecerse gradualmente. Los últimos barrios en recobrar el suministro eléctrico fueron Flores y Caballito, que recuperaron la energía pasadas las 19.
Voceros de Edesur explicaron a LA NACION que el incidente se debió a un incendio en los cables de mediana y alta tensión de la subestación Perito Moreno, que provee de energía a gran parte de la zona oeste de la ciudad.
“Durante todo el día nos concentramos en reparar los cables de alta tensión dañados en el incendio. Los trabajos se hicieron en un contexto bastante complejo; se hizo un trabajo muy sofisticado por el daño que se produjo por el siniestro”, informó Daniel Martín, vocero de Edesur.
Consultado sobre la posibilidad de que el siniestro se hubiera generado por un sabotaje, Martín afirmó: “Por el momento no detectamos elementos técnicos que ameriten un incendio de estas características y no descartamos ninguna hipótesis; pedimos que la policía investigue”.
Durante la tarde de ayer, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido; el jefe de gobierno de la ciudad, Jorge Telerman, y un comité de crisis de Edesur se reunieron en la subestación afectada para hacer un seguimiento del incidente y encarar las medidas conjuntas a seguir.
Luego de realizar un patrullaje por las zonas afectadas, el gobierno porteño implementó un plan de contingencia de forma conjunta con Edesur, que incluyó la repartición de 350 mil litros de agua entre los afectados y la entrega de grupos electrógenos entre aquellos sectores considerados más vulnerables, como hospitales, clínicas y geriátricos.
El gobierno de la ciudad dispuso también un operativo especial conjunto con las direcciones generales de Defensa Civil, Guardia Urbana, Guardia de Auxilio y SAME. Según datos del gobierno porteño, para este operativo fueron destinados un total de 10 ambulancias, 238 efectivos y 57 móviles de las distintas dependencias.
Quejas de los vecinos
Como una suerte de cruel ironía, la temperatura mostró su faceta más violenta en varios días y afectó a todos aquellos que por la falta de suministro eléctrico tampoco pudieron contar con calefacción. Según el Servicio Meteorológico Nacional, ayer a las cero horas la temperatura apenas sobrepasó los 7 grados, con una sensación térmica de 4; mientras que a las 8 la temperatura alcanzó su punto mínimo con 3,5 grados y una sensación térmica de 1,2.
“Fue un caos total. Estamos desde anoche sin calefacción. Esta mañana tuve que bañarme con agua medio helada”, contó Clelia Carrié, del barrio de Caballito.
Con un sol de noche en la mano, Gladis de Cosentino recorría las calles de Floresta en busca de un repuesto para poder encender el artefacto, que hacía tiempo dormía olvidado en el desván de su casa. “Vengo desde plaza Irlanda buscando una casa de camping para arreglar el sol de noche, pero parece que nadie tiene el respuesto”, dijo.
También los comerciantes sufrieron las consecuencias del apagón. La mayoría de los locales afectados ayer lucían sus persianas bajas, mientras que otros se las ingeniaron para continuar abiertos, ayudándose con velas y soles de noche.
“Cuando entra algún cliente prendemos las velas. Igual la gente está comprando muy poco; lo único que vendemos son velas y agua mineral”, dijo Irma Mamani, propietaria de un autoservicio en Rivera Indarte al 100.
Entre los comerciantes, sin duda quienes más sufrían eran los dueños de supermercados, almacenes y quioscos, que intentaban restringir al máximo la apertura de sus heladeras para evitar la pérdida de la cadena de frío.
“Esto es un desastre. Tuvimos que tirar todos los helados. Ahora no sé quién va a pagar las pérdidas de mercadería”, se quejó Marta Braderman, encargada de un quiosco de Flores.
Este contenido no está abierto a comentarios

