LIBROS Y FÚTBOL: LA LECTURA DEL JUEGO
¡Quién podría haberlo imaginado, si siempre que alguien llevaba algún diario o algo parecido a la cancha era para cubrirse del sol o no mojarse en un asiento tras la lluvia! “Cuando leés, ganás siempre”, es el lema de la campaña promovida por la Presidencia de la Nación y el Ministerio de Educación, que consiste en entregarles a los hinchas, gratuitamente, un cuento por fecha en las canchas del fútbol argentino. Ayer, en el Nuevo Gasómetro, se dio el puntapié oficial con la presencia de Ernesto Sabato (el 24 de junio último cumplió 92 años) y del minsitro de Educación, Daniel Filmus.
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La gente, en todos los estadios, respondió bien, y Sabato -hincha de Estudiantes, de La Plata-, recibió el aplauso de los hinchas y la admiración de los protagonistas, como Alberto Acosta (“Es un grande, un maestro, es un honor haberlo saludado”, dijo el goleador) y Juan Herbella, capitán de Quilmes, aunque casi todos los futbolistas se acercaron al autor de “Sobre héroes y tumbas” y “El túnel” para mostrarle su respeto. Lo mismo hizo, casi obnubilado, el árbitro Horacio Elizondo, que tiene como una de sus grandes pasiones sentarse a escribir poemas en sus tiempos libres. Gustavo Alfaro, DT de Quilmes, se emocionó al saludarlo y le señaló cómo marcaron su vida dos de sus libros.
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Este fin de semana fue el turno del recordado Osvaldo Soriano y un relato emblema de la literatura futbolera de nuestro país: “El penal más largo del mundo”, en el que el Gordo (fallecido el 29 de enero de 1997, a los 54 años), fanático de la pelota, pero más de su querido San Lorenzo, cuenta las peripecias de un goleador y del arquero rival durante siete días, entre la suspensión del partido justo antes de que se patee el penal y la concreción de la pena máxima, una semana más tarde.
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Unas 10 promotoras se encargaron de comenzar con la cruzada en Liniers, el viernes por la noche, en el triunfo de Newell’s ante Vélez, por 3 a 0. La gente lo aceptó con agrado, tanto en las plateas como en las populares. Muy pocos tiraron los cuentos, y los que lo hicieron, los habían leído antes.
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En Central v. Independiente se vio la misma escena. Cuando el público se retiró, en la platea, no quedó ni un cuento en los asientos. En Bahía Blanca fue curioso y esperanzador ver la respuesta y el entusiasmo de los hinchas, incluso en la zona de la popular. Mientras guardaban las banderas, los integrantes de la hinchada también tenían enrollado en sus bolsillos el cuento de Soriano.
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Llamativamente, hubo dos estadios en los que no se entregaron libros: en San Martín, donde el sábado jugaron Chacarita y Chicago (nadie supo explicar en la cancha el porqué de la ausencia de los libros), y en Lanús, donde ayer el equipo local le ganó a Talleres de Córdoba.
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Así pasó el fin de semana en el que el fútbol y la literatura se dieron la mano. Vendrán más cuentos, más escritores, mientras alguien, en algún lugar, hace un gol de antología, de esos sobre los que alguna mente brillante se encargó de escribir antes, en un papel.
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