LIFSCHITZ DUDA DE LA CAPACIDAD FINANCIERA DE EMGASUD
¿Puede un mojarrita comerse a un tiburón? Esa pregunta –que inducía a una respuesta negativa– fue agitada el año pasado desde sectores políticos y económicos que se oponían a la venta del Banco de Santa Fe al de Santa Cruz, operación que finalmente se concretó. Es más, Enrique Eskenazi, el titular del banco, todavía hoy se indigna cuando le recuerdan una pregunta que cuestiona la posibilidad de que una empresa más chica pueda comprar una más grande.
Ayer, sin recurrir a esa metáfora, el intendente Miguel Lifschitz repitió el argumento para cuestionar el paso de las acciones que el grupo Suez (un gigante multinacional) tiene en Aguas Provinciales a Emgasud, una firma de capitales nacionales grande pero sin la espalda de los franceses.
“Me resulta llamativo que una empresa sin tanta trayectoria y más chica, como es Emgasud, pueda comprar las acciones de Aguas a Suez”, resaltó ayer el jefe comunal, acerca de una operación que está prácticamente abrochada. “¿De dónde saldrán los fondos para invertir, cuando Suez no lo hacía bajo el argumento de que el negocio no es rentable”, agregó el intendente.
Pero además de dudar del respaldo financiero para realizar la compra, Lifschtiz también puso en tela de juicio “la falta de experiencia de Emgasud en la operación del servicio, a diferencia de Suez”. En ese sentido, hay que aclarar que la empresa patagónica –presidida por Alejandro Invansevich– explicó que además de la compra de las acciones de Aguas, Suez se quedaría administrando el sistema de agua potable hasta diciembre de 2006. En ese lapso, buscaría un operador con experiencia el servicio –tal como lo exige el pliego de concesión– una carrera en la que ya se anotó la correntina Latin Aguas.
Si bien el intendente aclaró que no quiere avanzar mucho porque todavía no hay confirmación oficial del cambio de manos, dejó en claro que “no se entiende cómo una empresa de menor trayectoria puede cumplir un contrato de concesión que demanda fuertes inversiones, si no lo pudo hacer otra más grande, salvo que se esté pensando en cambiar las condiciones” de la prestación.
Precisamente, ése es el punto que Lifschtiz parece poner sobre la mesa. ¿La llegada de Emgasud traerá aparejada el cambio de contrato? Otra pregunta que si la respuesta es afirmativa no cierra porqué entonces no se hizo eso con Aguas, que reclamaba un aumento de tarifas para hacer las obras.
En rigor, si no se pone el tela de juicio el mantenimiento del contrato, el Poder Ejecutivo puede –sin que pase por la Legislatura– aprobar el cambio de manos y mantener la concesión de Aguas. Pero si se cambian las condiciones el trámite debería tener el visto bueno de los legisladores provinciales.
Desde el gobierno provincial insisten públicamente con que se deben mantener las condiciones y, por su parte, desde Emgasud también aseguraron –cuando se presentaron oficialmente– que no quieren cambios en las condiciones. No obstante, en declaraciones a este diario, el ministro de Asuntos Hídricos, Alberto Joaquín, señaló que “no se podía aprobar una suba de tarifas del 60 por ciento como pedía Aguas si no mostraba números para justificar el pedido, pero que no está cerrado la posibilidad de rever la situación si hay números de la empresa en la mesa y al gobierno le parecen que son verdaderos”.
Como el eje de la discusión es cuánto hay que invertir en obras de base y a qué nivel de tarifas, fue la propia Emgasud la que –en su momento– retomó la idea de armar fideicomisos para financiar las obras que recibirán dinero de distintas fuentes, como la empresa, la provincia, el gobierno nacional, cooperativas, municipios e inversores privados. De esa forma, al no tener que afrontar todo el costo de las obras en soledad, la concesionaria no necesitaría subir la tarifa para hacerse de los fondos.
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