LLEGARÍAN A 100.000 LOS MUERTOS
Devueltos por el mar o hallados entre escombros de poblados arrasados, la aparición de decenas de miles de cadáveres elevó ayer a unos 60.000 el número de muertos por el maremoto en el sudeste de Asia, mientras que se teme, por la cantidad de desaparecidos, que la cifra de víctimas fatales alcance las 100.000 en las próximas horas.
En medio de escenas apocalípticas y con enormes dificultades operativas tras la devastadora destrucción provocada por las olas gigantes, los gobiernos de la región y las organizaciones de ayuda internacional intentaban ayer el rescate de sobrevivientes. Al mismo tiempo se lanzaban intentos desesperados de asistencia a millones de personas desplazadas que enfrentan grandes riesgos de contraer enfermedades entre miles de cadáveres en descomposición.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo, desde Ginebra, que lo peor puede estar aún por venir, debido a que las enfermedades y epidemias por la descomposición de los cuerpos y la falta de agua potable podrían matar a más personas que el maremoto.
El jefe del equipo de crisis sanitaria, David Nabarro, dijo que “el terror inmediato de los tsunamis podría quedar empequeñecido por el sufrimiento a largo plazo en los países afectados, donde es muy alto el riesgo de enfermedades generalizadas”.
Expertos sanitaristas advirtieron que existe un elevado peligro de una rápida propagación del paludismo y de la fiebre del dengue, que son endémicas en esta zona de Asia. Ante una de las mayores catástrofes naturales de los últimos 40 años, las Naciones Unidas se preparan para organizar, en doce países, lo que será “la mayor operación” de ayuda humanitaria de su historia, por la enorme extensión de los daños y la cantidad de damnificados.
En Meulaboh, un poblado indonesio, murieron 10.000 personas. Esas y otras ciudades, donde hasta un tercio de la población se da por muerta, quedaron totalmente aisladas y cubiertas por las aguas.
En Indonesia, la cifra de víctimas se quintuplicó en cuestión de horas. De las 5000 que se habían informado inicialmente, el gobierno confirmó ayer un número de por lo menos 25.000 muertos. Y en toda la región se calcula que más de un millón y medio de personas perdieron sus hogares.
Pese a la gravedad de la situación, las tareas de rescate se demoraban debido a las dificultades para llegar a regiones alejadas, como en la India, en las Maldivas y en Sumatra, o bien debido a que las zonas damnificadas se encuentran en regiones bajo control de grupos insurgentes armados.
En Sri Lanka, una parte del norte y del este del país está bajo dominio de los rebeldes tamiles. En Aceh, Indonesia, el ejército llamó a los rebeldes a una tregua para enviar rescatistas.
En tanto, en numerosas ciudades costeras, la policía impuso el toque de queda para evitar los saqueos, que ayer continuaron extendiéndose en medio del caos que desató la tragedia.
“¿Por qué nos hiciste esto, Dios?”, preguntaba una anciana en una aldea de pescadores devastada en el estado de Nadu Tamil, en la India. “¿Qué hicimos para enojarte? Esto es peor que la muerte”, se lamentaba.
“La enormidad del desastre es increíble”, dijo Bekele Geleta, jefe de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (FICR) en el sudeste asiático.
Sri Lanka, que junto con Indonesia está entre los países más afectados, divulgó cifras de más de 21.715 muertos. En ambos países se teme un aumento del número de víctimas mortales ya que, al igual que en otros países, sigue habiendo miles de desaparecidos.
En la India, la cifra de muertos era ayer de 11.500, incluidos 7000 en el archipiélago Andamans y Nicobar. En una de las islas, las olas causadas por el terremoto submarino del domingo barrió a dos tercios de la población.
En Sri Lanka, la policía estimó que unas 1000 personas murieron cuando un tren fue barrido de las vías por el tsunami. Centenares de cadáveres fueron sacados y enterrados ayer junto a las vías férreas. El tren se paró en medio de la crecida de las aguas poco antes de ser alcanzado por una ola gigante.
Con una magnitud 9,0 grados, el terremoto fue el más potente en los últimos 40 años en todo el mundo. Mientras países de los cinco continentes comenzaron a ofrecer ayuda financiera y humanitaria, las Naciones Unidas informaron que el desastre natural será el más costoso de la historia (ver aparte).
El movimiento telúrico que rasgó el fondo del mar en la isla indonesia de Sumatra provocó una serie de tsunamis que se desplazaron a gran velocidad a través del mar de Andaman y azotaron Sri Lanka, el sur de India, las islas Maldivas, Malasia, Myanmar.
Los balnearios de Tailandia, llenos de turistas que pasaban allí las fiestas de fin de año, fueron arrasados. Familiares de turistas europeos recorrían ayer con angustia los hospitales y centros de salud donde se exhiben fotos y listas de nombres de las personas muertas aún sin identificar.
La poderosa ola que provocó el sismo llegó hasta lugares tan remotos como el este de Africa, donde dejó 133 muertos en Kenya, las islas Seychelles, Somalia y Tanzania. Las aldeas de pescadores, los puertos y los recursos marinos quedaron devastados. La energía y las comunicaciones siguen cortadas, y miles de casas y edificios fueron destruidos.
Un campo de muerte
En Aceh, la alejada región norteña de Indonesia, cientos de cadáveres estaban amontonados en las calles. Más de 1000 personas murieron en un campo de deportes cuando una ola de la altura de un edificio de tres pisos lo barrió. Mahmud Azaf, árbitro del partido que se estaba jugando, perdió a sus tres hijos. “Estaba en el campo como árbitro y las olas llegaron repentinamente. Dios me salvó, pero no a mis hijos”, contó.
Miles de hoteles destruidos a lo largo de la playa de Khao Lak, en Tailandia, un balneario que es un imán para los turistas europeos, comenzaron a expulsar cadáveres hinchados, despedazados y en putrefacción.
En medio de la confusión, Suecia informó ayer que 1500 de sus ciudadanos están desaparecidos, la República Checa informó de 400 desaparecidos, Finlandia de 200, Italia y Alemania de 100 cada uno. “El costo de la devastación será de miles de millones de dólares”, dijo Jan Egeland, jefe de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. “Pero ni siquiera podemos imaginar el costo para estas pobres sociedades y para los pescadores y aldeas de pescadores, que simplemente fueron eliminados”, agregó.
Este contenido no está abierto a comentarios

