LLEGÓ AL SENADO EL PROYECTO QUE PENA CON PRISIÓN EL ACOSO SEXUAL
El acoso sexual en las relaciones laborales tendrá una pena de hasta cinco años de prisión, si se aprueba un proyecto de ley presentado ayer en el Senado que transforma este tipo de hostigamiento en “coacción agravada”.
Se intenta así —mediante la amenaza del castigo penal— disminuir el número de situaciones de acoso. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de 1996, sobre 36 países, la Argentina es uno de los que registran la tasa más alta de acoso sexual en el mundo, junto a Francia, Inglaterra, Canadá y Rumania.
La pena —que tiene un mínimo de seis meses de prisión—, caerá sobre “el que, prevaliéndose de una situación jerárquica, laboral, docente o de otra índole, efectuare un requerimiento de carácter sexual, para sí o para un tercero, bajo la amenaza de causar a la víctima, en caso de no acceder, un daño relacionado con las legítimas expectativas que ésta pudiera tener en el ámbito de esa relación”.
El proyecto fue redactado por los juristas Gustavo Bossert (ex juez de la Corte Suprema) y Ricardo Gil Lavedra (ex camarista y ex ministro de Justicia).
Ellos estuvieron en la presentación de ayer en el Senado, organizada por la frepasista bonaerense Diana Conti y senadores de todos los partidos: estuvieron las peronistas Mabel Muller y Marita Perceval, la radical Miriam Curletti, la porteña Vilma Ibarra y el socialista Rubén Gistiniani.
En el público dijeron presente la cosecretaria general de la CGT, Susana Rueda, la histórica dirigente radical Florentina Gómez Miranda y la ex diputada María José Lubertino.
El proyecto ingresó recién ayer a la mesa de entradas del Senado. Falta que se discuta en comisión y en el recinto para después pasar a Diputados, pero la amplitud de los apoyos hace suponer que será aprobado en corto tiempo.
Según los autores del proyecto, la gran mayoría de las situaciones de acoso sexual se da sobre el sexo femenino. De hecho, fue tomado como una cuestión de género en el acto de ayer, presentado por mayoría de senadoras mujeres.
Por eso, tal vez, el único senador masculino del estrado, Rubén Giustiniani, creyó oportuno resaltar que la iniciativa fue elaborada por dos prestigiosos juristas varones.
De hecho, el texto no diferencia género y sirve tanto para penalizar a un acosador o a una acosadora.
En los fundamentos se aclara, además, que “no invisten carácter de acoso los intentos de seducción que no se acompañan con formas de coerción, intentos que entran en el vasto campo de los simples actos lícitos”.
El mayor problema será diferenciar el acoso de la simple seducción, porque es un hecho que ocurre entre dos personas generalmente sin testigos. Según los abogados, una denuncia se puede comprobar a través de indicios, testimonios de terceros o mediante grabaciones o cámaras ocultas. Y habrá que demostrar también las consecuencias sobre la posición laboral del acosado.
La sanción, según la iniciativa, no requiere el éxito del acosador, sino sólo que se compruebe el acto, “de manera que la negativa de la víctima no es óbice para que se configure el delito”, dicen los fundamentos.
“Debemos ir más allá de la igualdad formal” entre los géneros, señaló Perceval en el acto de ayer. “A medida que ascendemos en la escala de posiciones, siempre hay más varones que mujeres”, completó Vilma Ibarra. “Tenemos que legislar sobre la situación en que las relaciones no son de paridad, sino de poder de uno sobre otro”, explicó Conti.
La iniciativa comenzó, así, su camino en el Congreso.
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