LLEGÓ ARGENTINA Y ARDE LA TIERRA DE VALDERRAMA
Se trata de distintas historias, claro, pero lo primero que se viene a la mente es aquella antesala del partido con Inglaterra el año pasado, en Sapporo por la Copa del Mundo. Arde Susikino, decíamos entonces, porque el corazón de la ciudad del norte del Japón estaba convulsionado con la presencia de hooligans y argentinos. Y la relación viene a cuento porque aquí arde Barranquilla. Por varios motivos. Pero arde. Está bien caliente el ambiente. Por el mal momento que vive el seleccionado local, por el calor tan caribeño como sofocante, y porque siempre es un acontecimiento la presencia de la Selección argentina por estas tierras.
Y anoche lo pudo comprobar, una vez más y por si hacía falta, el plantel que conduce Marcelo Bielsa. Llegó la delegación (ya era medianoche en Argentina) y hubo una revolución en esta Barranquilla arenosa y currambera, como la llaman por aquí.
Una vez que el chárter con el vuelo 5302 de LADE aterrizó en el aeropuerto Ernesto Cortissoz, la delegación (integrada por 84 personas y con la única sorpresa de la ausencia de Juan Pablo Sorin, cuya lesión en la pierna derecha se agravó) enfiló hacia el hotel Puerta de Sol, enclavado en Ciudad Jardín, en la zona norte de Barranquilla. Plantel y cuerpo técnico ocupan desde ayer los pisos quinto y sexto, y consumirán desayuno, almuerzo y cena en el séptimo, el piso más alto de un hotel que cuenta con 120 cuartos, todos con el súper necesario aire acondicionado.
Estaba prevista una recepción especial, con un grupo de chicos con vestimenta típica, y con una orquesta que pensaba hacer sonar bien fuerte la rumba. Pero las extremas medidas de seguridad no permitieron que se repitiera la bienvenida que tuvieron brasileños y venezolanos por estas mismas Eliminatorias.
Eran las 2 de la tarde acá (las 4 en Argentina) cuando empezaron a llegar los primeros efectivos de la Policía al hotel. La delegación tuvo una nutrida escolta apenas pisó suelo de Barranquilla (la ciudad del Pibe Valderrama y de Shakira) y en su búnker se instaló una guardia de 80 policías. Una vez que pasó el torbellino por la llegada del equipo, quedaron 40 efectivos, cantidad que se mantendrá (con turnos rotativos cada seis horas) a sol y a sombra hasta que el seleccionado abandone la ciudad.
Eso sí, tanta expectativa, tanto despliegue policial, tanta euforia del público local, no implica hostilidad sino más bien todo lo contrario. Un taxista, un empleado de hotel, un quiosquero, un periodista, un dueño de restorán. Todos coinciden en lo mismo: que vengan los argentinos es especial, se trata de “un partido de sensación” como dicen acá. Por eso, se estima que mañana el estadio Metropolitano estará colmado con 50 mil almas, muchas más, claro, de las 15 mil que fueron el sábado a ver Colombia-Venezuela. Y el vuelco masivo del público no es generado, desde luego, por la histórica caída ante los venezolanos por 1 a 0. Ni por las tres derrotas al hilo que trae en su pesada mochila el equipo todavía conducido por Pacho Maturana. Nada que ver. La gente, aquí, siente respeto por la Selección argentina. Y lo hace notar a cada paso. Más allá, obviamente, de ese orgullo de pertenencia que les hace recordar el ya mítico 5 a 0 del 93 en el Monumental, o la reciente eliminación de Boca en la Sudamericana a manos de Nacional de Medellín.
En fin, la Selección ya está en Barranquilla. Y la premisa es clara: terminar el año de competencia ocupando el primer lugar en este largo y sinuoso camino al Mundial de Alemania.
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