LO BUENO, SI BREVE…
Con un horario tan incierto como después de y antes de (entre Trato hecho y El fugitivo), el ciclo de cortos que antenoche estrenó Telefé apareció en la grilla como un programa sandwich, así como silbando bajito, y no tardó en hacerse oír. Claro, tampoco podía tardar demasiado, ya que el primer envío de Mujeres en rojo (finalmente empezó a las 23.16) duró 13 minutos y algunos segundos. Tiempo suficiente para darle toda la razón a aquella teoría que sostiene que lo bueno si breve, dos veces bueno.
Protagonizado por Inés Estévez, “Eva” —tal el título del primer cortometraje de la serie auspiciada por Sedal— redondeó en menos de un cuarto de hora una historia emotiva de pueblo chico, con alta calidad de fotografía, muy buena actuación, y un equilibrado juego entre diálogos a media voz y silencios que le daban letra a ese tipo de miradas que dicen más que mil palabras.
Dirigido por Paula Hernández —la cineasta de Herencia—, el corto reflejó el desembarco de una mujer en un pueblo minero, con más ilusiones que bolsos de mano. Con un embarazo a cuestas y un desamor en el alma, Eva respondió al llamado de “Mina el Paraíso”, un lugar en el mundo (de la ficción) habitado sólo por hombres. Por 95 hombres. Eran 96, pero el cocinero se fue y ella llegó en su reemplazo.
Con la certeza de ganarle tiempo al poco tiempo, la primera mitad de los 13 minutos (y 38 segundos) narró las dificultades de la foránea para ganarse a sus comensales a prueba de buenos platos y toques femeninos. Y luego de algunos desplantes recibidos y un hacerse cargo en la vida delante de los mineros —se negó a volver con el futuro padre de su hija, que fue a buscarla vanamente—, logró aflojarle el nudo a la frialdad de los pueblerinos.
Ampara en la convicción y la pasión —tan roja como el color preponderante del corto—, Eva se queda en el Paraíso. Y en medio de 95 Adanes convertidos en padrinos, da a luz a una beba, que obliga a un cambio en el cartel del pueblo, que sobre el final del filme pasa a decir: “95 habitantes más dos mujeres”.
Con un rating promedio de 21,1 puntos, buena señal fue que la marca auspiciante no apareciera de prepo en la ficción o que la chica no se tiñiera de rojo en cámara. Estévez ya comenzó con el cabello colorado, como lo harán las protagonistas de los otros cuatro cortos. En medio de la excesivamente comercial TV de estos tiempos, ese punto apenas si huele a guiño. Y eso sólo suele suceder cuando se sabe qué es lo que se quiere contar.
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