“LO HIZO BAJAR DEL AUTO CON LAS MANOS EN LA CABEZA Y LO APUNTÓ CON LA PISTOLA”
“Lo hizo bajar del taxi con las manos en la cabeza y lo apuntó con una pistola”. Con esas palabras, la madre del taxista agredido el 7 de noviembre pasado por el subsecretario de Seguridad, Alejandro Rossi, confirmó ayer por la mañana el oscuro incidente que protagonizó el alto funcionario provincial.
La mujer, quien habló telefónicamente ayer por LT3, confirmó que Rossi fue obligado a deshacerse del arma por el gendarme que estaba de centinela en la garita del acceso al puente Rosario-Victoria y que a su hijo se lo llevaron del lugar del incidente esposado a la comisaría. La madre del chofer al que se le labró un acta por “conducción peligrosa”, también confirmó que el vehículo que conducía su hijo, y que según el acta policial fue culpable del choque, fue reparado “en tres días y así pudo seguir trabajando”. “¿Quién se hizo cargo del arreglo?”, preguntó la periodista que la entrevistó. Según la mujer, “la policía”.
Veintisiete minutos antes de las 7 de ayer, los oyentes de “La primera de la 3” comenzaron a escuchar “en vivo” el primer relato directo del incidente en el cual el subsecretario de Seguridad de la provincia encañonó a un taxista luego de un accidente de tránsito en la bajada de la avenida de Circunvalación y bulevar Rondeau el primer domingo de noviembre pasado. Mary, como se identificó la mujer coincidiendo con su nombre de pila, explicó que su hijo manejaba su taxi por Circunvalación cuando una 4×4 “lo encerró y lo tiró contra el guardarrail”.
Consultada sobre si el subsecretario de Seguridad encañonó a su hijo tras el incidente, como lo reveló La Capital en la edición del domingo pasado, la mujer contestó: “Lo hizo bajar (del auto) y lo encañonó. Entonces el agente de seguridad (gendarme) del puente Rosario-Victoria que estaba mirando, bajó enseguida y le hizo bajar el arma” a Rossi. La mamá del tachero explicó que el subsecretario tiró el arma a “los yuyos”.
Siguiendo con el relato, Mary, quien dejó en claro “que teme por la seguridad de su hijo”, explicó que fue el propio Rossi quien “le ordenó a la policía que esposaran” al taxista, quien fue llevado a la seccional 10ª. “Mi hijo tiene mucho miedo”, explicó la mujer. “El me lo dijo y yo me doy cuenta”, comentó. “Imagínese semejante personaje con esa arma”.
La madre del tachero explicó que su hijo “se dio cuenta de que era Rossi en la comisaría”. Una vez en la sede policial “llegó un comisario que preguntó «¿qué hace esta persona acá?». Ahí le contaron lo que había pasado y él dio la orden para que le sacaran las esposas”.
El taxista, que es padre de tres hijos, manejaba un Volkswagen Senda de una empresa de taxi del cordón industrial. Según el acta policial, como consecuencia del choque el rodado quedó con “un abollón en su puerta trasera izquierda y su rueda delantera derecha averiada”. Tras el incidente el auto fue trasladado a la 10ª. Sobre ese punto la mamá del tachero aportó un dato revelador, conocido por este diario desde el inicio de la investigación pero que hasta ahora no había sido publicado. El arreglo del vehículo, que según las actuaciones policiales fue culpable de la colisión con la 4×4 de Rossi, fue realizado por la policía.
“Del arreglo (del auto) se hicieron cargo ellos”, explicó la mujer. Consultada sobre ¿quiénes eran “ellos”?, la madre del taxista explicó: “La policía se ve que arregló todo. Mi hijo lo único que hizo fue decir que quería el auto arreglado para seguir trabajando para darle de comer a sus hijos porque él tiene tres criaturas”, comentó la abuela de esos niños. Entonces, dijo Mary, “en tres días le arreglaron el auto y pudo seguir trabajando”.
UN HECHO “DIBUJADO”
El hecho por el cual el porvenir político de Rossi entró en discusión se produjo el 7 de noviembre de 2004 en la cabecera del puente Rosario-Victoria, un domingo en el que la avenida Circunvalación a la altura de Rondeau estaba saturada de tráfico. En esas circunstancias, el subsecretario de Seguridad Pública de la provincia viajaba en su camioneta Chevrolet 4×4 con vidrios polarizados por la avenida de Circunvalación acompañado por su mujer y su hijo. Cuando transitaba la bajada hacia Rondeau, embistió en el sector trasero izquierdo a un taxi de una localidad del cordón industrial que iba sin pasajeros.
Numerosos testigos relataron a La Capital que entonces Rossi bajó de su camioneta con una pistola calibre 40 y amenazó al taxista que acababa de chocar. Entonces entró en acción un gendarme apostado en el puesto de vigilancia del puente, quien al observar la escena se acercó y le ordenó al portador del arma que depusiera su actitud. “¿Usted sabe quién soy yo? Soy el jefe de seguridad de la provincia”, replicó Rossi. El gendarme respondió que no lo conocía e insistió con su orden, bajo advertencia de disparar si no cumplía.
Entonces Rossi arrojó el arma y llamó por teléfono a las máximas autoridades policiales de Rosario. Varios uniformados se hicieron presentes en el lugar, entre ellos dos subcomisarios y un comisario inspector jefe de la zona 2ª. Finalmente, el episodio quedó asentado de un modo desventajoso para quien fue la víctima: el taxista fue conducido esposado a una seccional, acusado de “conducción peligrosa” e imputado de una causa en el juzgado de Faltas de Osvaldo Alzugaray, donde prestó declaración tres días después.
A raíz del hecho, desde el arco opositor de la Legislatura requirieron la interpelación del ministro de Gobierno Roberto Rosúa, el apartamiento de Rossi del cargo mientras se produce la investigación y la creación de una comisión investigadora. El propio Rossi reconoció su intervención en el choque, su enojo al bajar del auto y la portación de un arma calibre 40, aunque no admitió haberla exhibido allí.
Cuando el incidente se hizo público, y quedó en evidencia que la policía lo volcó en otros términos al acta de procedimientos, la Justicia abrió una causa para investigar de oficio el incidente que causó lógica repercusión política: el protagonista del ilícito es justamente el encargado de la seguridad, quien tiene a su cargo la policía santafesina, y aparece sospechado de valerse de su función para adulterar un sumario.
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