Lo que le médico yerra ¿(todavía) lo cubre la tierra?
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Opinión. Un médico de nuestra ciudad fue detenido esta semana tras una denuncia por mala praxis. Familiares de la paciente fallecida en un sanatorio privado difundieron un video donde se puede ver al profesional en estado poco presentable, mientras otros profesionales intentan reanimarla.
Analía De Luca
En paralelo, comenzó a circular un audio donde una colega intenta defender al médico, pero lo único que logra demostrar es que hay un corporativo pacto de silencio en el sistema sanitario.
“El tipo estaba en Terapia del Cullen, Alarcón, de guardia como siempre. La mujer era una convulsiva, una gorda convulsiva, que estaba en piso, la estaba siguiendo clínica médica. Parece que se olvidaron de darle la pastilla, así, como lo escuchan, y la señora empezó a convulsivar (sic). Alarcón está esperando una señora con un cáncer de laringe, a las cinco de la mañana, de Esperanza. No llegó, se clavó el clonazepán y se fue a dormir. Él estaba en Terapia, la señora se descompone en piso. Qué hace, el clínico que es el gordito que está en el fondo con ambo gris, es el médico de Clínica Médica, residente no sé de qué año, tercero, me parece, la empieza a reanimar, no la puede reanimar, llama a Cardio, que es la mina que está arriba de roja, la empiezan a reanimar, no la pueden reanimar, qué hacen, llaman al de Terapia. Alarcón, qué pasa, tiene el clonazepan encima, va medio dormido y no puede ni hablar una palabra. Eso fue lo que pasó. A ver, mala práxis, de última, de Clínica Médica, no de Terapia y menos de Alarcón. Lo que pasa que Alarcón no tenía que haberse levantado de la cama porque es un impresentable. En este momento, no estaba borracho, sí es borracho, sí es todo lo que quieran decir, drogón, sí es todo, el tipo es todo, no puede trabajar más, no tiene que trabajar más, todo eso lo sabemos, pero las cosas no fueron tampoco como la están diciendo. Fue así el argumento, me lo contaron las chicas que estuvieron ahí, lo dicen las propias enfermeras que ni se lo fuman a Alarcón, pero tampoco lo van a defender, pero están diciendo que así fueron las cosas para que se sepa. Sí, fue en el sanatorio, pero el tipo es internista del Cullen, también, entonces del Cullen y del sanatorio. Es más vergonzoso, aun”.
La explicación abre nuevos interrogantes: ¿si llegaba la paciente oncológica esperancina a Terapia, en qué estado la recibiría Alarcón?; ¿ser gordo está mal?; ¿la guardia era del Cullen o del sanatorio, o el médico superponía su trabajo en ambas instituciones?; ¿estar drogado es más aceptable que estar borracho? Y, sobre todo: ¿los compañeros de trabajo sabían que este galeno consume sustancias problemáticas y nunca lo denunciaron?
Otros casos en nuestra ciudad
Daiana Buratti ingresó con un cuadro de infección urinaria a un sanatorio privado de nuestra ciudad en agosto de 2014 y falleció a causa de un error de medicación por parte del personal de enfermería. Pero en la causa, además, hay una médica imputada por encubrimiento, ya que ocultó pruebas.
En agosto de 2019, trascendieron dos casos ocurridos en la guardia del hospital Iturraspe de nuestra ciudad, donde dos pacientes sin relación entre sí denunciaron a un mismo médico de guardia por abuso sexual. Según publicó Rosario 12, en su edición del 24 de agosto de ese año, “la chica relató también que una enfermera ingresó en ese momento al consultorio, y el médico le hizo una seña amenazante para que no hablara”.
En octubre de 2018, en tanto, un reconocido traumatólogo local fue detenido e imputado por abuso sexual. Según la fiscal del caso, “la víctima denunció que el imputado le dijo (…) que no hiciera nada para denunciarlo porque, a raíz de su profesión, él tiene muchos conocidos que evitarían que prospere cualquier denuncia”.
La salud un sistema social
Pero en el tejido social, cada hilo cuenta. La medicina, una profesión y respetada a través de los tiempos, debe o debería conservar el principio del respeto a la vida del paciente y la propia, porque ¿qué ejemplo sobre el cuidado de la salud puede dar un médico adicto?
Es cierto, la “trampa” también existe en otros ámbitos, como el de las fuerzas de seguridad o la justicia, que son muy observados por la opinión pública; pero, ahora, en la medicina también hay secretos a voces de los que la sociedad está empezando a cansarse: las adicciones, el encubrimiento entre colegas, la falta de controles y sanciones.
Y no se puede ocultar, hasta una letra de Los Piojos relata “ya casi soy doctora y no duermo ni una hora, a veces veo al bisabuelo con Dorrego en la cocina”. Y una película nacional, Carancho, muestra la realidad de las adicciones entre los profesionales que toleran interminables horas de guardia. Pero hoy, celular en mano, cualquier paciente o familiar se hace de una evidencia.
Y también es verdad que hay muchos profesionales serios. A ellos les cabe, en última instancia, pasar a valores a algunos de sus colegas que desde la “cruzada” dan señales de que les queda grande el ambo.
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