“LO QUE OCURRIÓ NO ES MAS QUE EL CRUDO REFLEJO DE LAS POLÍTICAS DE ESTADO”.
La Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral dió a conocer hoy un informe realizado por especialistas de dicha casa de altos estudios, en donde se analizaron en forma pormenorizada “los factores naturales, las acciones y/u omisiones humanas” que produjeron las inundaciones en Santa Fe”.
En las conclusiones, se argumenta “la falta de datos, la inexistencia de programas de monitoreo, obras inconclusas, la carencia de regulaciones, la falta de control y de planes de contingencia” como las principales razones que llevaron a la ciudad a vivir la tragedia hídrica que sufren hoy los santafesinos.
Según el informe, “dichas causas no son más que el crudo reflejo de políticas del Estado que no priorizan adecuadamente los recursos o lo hacen desde una mirada alejada de las necesidades de la gente”.
Entre las causas naturales, se detallò “la crecida del río Salado, originada por la ocurrencia de precipitaciones intensas sobre su cuenca baja, principalmente entre los días 22 y 24 de abril del corriente año”.
“Estas lluvias se produjeron sobre una cuenca saturada, producto de precipitaciones ocurridas en los meses previos”. Ello originó un estado de “saturación antecedente que provocó que un importante porcentaje del agua precipitada se convierta en escurrimiento”.
“De la comparación de las tablas Nº 2 y 4”, (que muestran las precipitaciones sobre la Cuenca Baja del Río Salado, entre el 17 y el 28 de abril del 2003, y las alturas hidrométricas mas los niveles de agua del Salado en la ruta 70 y en Santo Tomé, y del río Paraná en Puerto Santa Fe) “resulta que en relación a la finalización de las lluvias intensas y la ocurrencia del pico de crecida en Santo Tomé, resulta un tiempo de retardo de 6 días”, lo que se podría haber tenido en cuenta para tener algún tipo de previsión sobre lo ocurrido.
En cuanto a las acciones producidas por la intervención del hombre, se destaca la influencia de la construcción de los tramos 1 y 2 de la defensa oeste de la ciudad, que “finaliza abruptamente en un cierre provisorio situado en el cordón sur de la calle Gorostiaga” dejando pendiente de “ejecución el Acceso Norte de la Avenida de Circunvalación Oeste (Tramo 3) que se desarrolla desde el hipódromo hacia el norte”. Según se informó “dicho tramo cuenta con un anteproyecto avanzado desde el año 2001”. El mismo contempla la realización de un terraplén de defensa de aproximadamente “2600 m de longitud, con cota de coronamiento de 17,75 m IGM, y características, desde el punto de vista hidráulico y vial, similares a las de los Tramos 1 y 2”.
El nivel pico en las proximidades del hipódromo estuvo en el orden de 16,80 m IGM, “por lo que la defensa existente no fue superada por el nivel de las aguas”.
Vale recordar que la defensa oeste y la Av. de Circunvalación “Mar Argentino” en la zona sur actuaron como barreras, ya que retuvieron el agua dentro del área urbana (alcanzando incluso un nivel 2.5 m superior al del río.
“La situación descripta permite suponer que de haberse extendido el Tramo 2 de la defensa oeste en una longitud de aproximadamente 2500 m hacia el norte, se hubiera evitado en esta oportunidad el ingreso del agua a la ciudad”.
En relación al puente de la Autopista Santa Fe – Rosario, que se encuentra sobre el río Salado, se indicó que “tiene una luz insuficiente, de 155m”, que originó una “sobreelevación del nivel de agua y un efecto de remanso que influyó en el desborde en la zona del hipódromo, ubicado a unos 2.400 m aguas arriba del puente”.
En el informe, también se detalla un estudio estudio hidrológico/hidráulico del puente sobre el río Salado solicitado por la empresa AUFE (concesionaria de la Autopista Santa Fe-Rosario) al INA-CRL. Los resultados aconsejaron la ampliación del puente en 300 y 400 m, “con el objeto de disminuir los efectos de erosión y de sobreelevación de los niveles de aguas arriba que provoca su actual diseño”.
“La concreción de esta ampliación del puente, sumado al cierre de la defensa oeste, hubieran disminuído sensiblemente el riesgo de inundación de las áreas urbanas protegidas por dicha defensa”.
Desde la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas también indicaron que el concepto de “riesgo” asociado a toda obra de defensa, “involucra la necesidad de diseñar una serie de medidas no estructurales que si bien no evitan la ocurrencia del fenómeno de inundación, minimizan la afectación de personas y bienes”. Entre ellas se destaca la existencia de un “sistema de alerta hidrometeorológico”, que hubiera permitido pronosticar la evolución de la crecida del río Salado, para tomar medidas en consecuencia; “una regulación del uso del suelo en áreas inundables”, que hubiera impedido o restringido en las áreas urbanas la construcción de viviendas de uso permanente en áreas con alto riesgo de inundación;
“la regulación a través de leyes, ordenanzas y otros instrumentos” y “un plan de contingencia, que hubiera permitido la evacuación ordenada de la población afectada antes del desastre y disponer de acciones de asistencia, debidamente organizadas”.
En cuanto a la previsibilidad del fenómeno, la FICH expresó que “en marzo de 2003 el Sistema de Alerta Hidrológico de la Cuenca del Plata, dependiente del Instituto Nacional del Agua, formulaba una alerta temprana que advertía sobre posibles situaciones de riesgo hídrico sobre la cuenca del Salado”.
Por otra parte, “las cuantiosas lluvias ocurridas y el avance de la onda de crecida por la cuenca baja eran de conocimiento público, dando lugar a la superación de varias rutas provinciales aguas arriba de la ciudad de Santa Fe, incluyendo el colapso de puentes y el anegamiento de vastas extensiones rurales”.
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