LO QUE REUTEMANN LE DIJO POR ESCRITO AL JUEZ DE LA TORRE
Carlos Reutemann se defendió a su estilo al declarar por escrito ante el juez Diego de la Torre (Instrucción 7ª) que investiga las consecuencias de la gran inundación: 23 muertos, más de 100 mil personas en el desamparo. “En ningún momento de mi último mandato como gobernador de Santa Fe, ni específicamente entre los meses de enero y abril de 2003 fui informado por miembros de mi gabinete, ni verbalmente ni por escrito, sobre el comportamiento del río Salado, tanto en lo atinente a su altura, como a la velocidad de sus aguas”, afirmó. El juez le remitió un pliego de 15 preguntas, Reutemann se explayó en las respuestas -hasta con cierto tono político- pero dedicó cinco de ellas al latiguillo. “Lo ocurrido fue totalmente imprevisible, por lo atípico y extraordinario, se trató de un verdadero aluvión”, dijo sin mencionar que en los días trágicos comparaba la catástrofe con el atentado a las Torres Gemelas.
Reutemann apuntó para abajo. “Quiero repetir que ningún organismo técnico nacional, provincial ni municipal, ni ninguna autoridad o persona, dio aviso de la magnitud que alcanzaría el hecho motivo de investigación, que constituyó una verdadera catástrofe, repentina, intempestiva, inédita e imprevisible”, insistió. Una contradicción con los subordinados. “Yo di avisos”, llegó a decir el ex director provincial de Obras Hidráulicas, Ricardo Fratti, al comparecer ante el juez, el 5 de noviembre. “El domingo (27 de abril a la noche) el gobernador tenía conocimiento de lo que estaba pasando”, declaró en la causa el ex ministro de Obras Públicas, Edgardo Berli, el 18 de diciembre.
Rosario/12 pudo reconstruir los tramos sustanciales del testimonio de Reutemann ante el doctor De la Torre:
Los vuelos. El ex gobernador admitió haber sobrevolado la cuenca del río Salado tres días antes del fatídico martes 29 de abril, cuando el torrente invadió un tercio de la ciudad de Santa Fe. “Ante el requerimiento de intendentes y presidentes comunales, me dirigí a diferentes localidades de la provincia afectadas por excesos pluviales, observando algunas en tierra y otras desde el aire”, dijo. El 26 de abril recorrió San Javier, Gobernador Crepo, Elisa y luego sobrevoló once poblaciones. El lunes 28, volvió a sobrevolar 14 poblaciones.
Ante otra pregunta, contestó: “De las conversaciones que mantuve en las poblaciones afectadas (…) las autoridades siempre se referían a la cantidad de lluvia caída y a la altura de las napas por el problema de la contaminación. Pero nunca escuché comentarios ni de las autoridades de las localidades visitadas ni de los miembros de mi gabinete que concurrieron a las mismas, acerca de la incidencia de dichas lluvias sobre la cuenca del río Salado y en particular sobre la ciudad de Santa Fe”.
Más adelante agregó: “Al haber en un determinado momento 156 localidades en emergencia hídrica, estime que el problema era de magnitud. Sin embargo, repito, nunca se me hizo saber ni por las autoridades municipales, ni a través de las áreas con competencia específica de mi gobierno, acerca de la incidencia que la crecida podía tener sobre la ciudad de Santa Fe. Tampoco la Nación a través de sus reparticiones específicas, como ser el INA (Instituto Nacional del Agua), alertó o cursó avisos previos, a través de sus sistemas de alertas, alarmas o información satelital, acerca de la importancia que la crecida del río Salado podía tener sobre la ciudad de Santa Fe…”.
* El terraplén. El domingo 27 de abril fue un día de elecciones. A la noche, Reutemann ya sabía que el agua entraba a Santa Fe por la zona del Hipódromo. “Enterado de la filtración que se había producido en la calle Gorostiaga, llamé al secretario general de la Gobernación (Ricardo Spinozzi) para que ubique al intendente (Marcelo Alvarez) y lo cite a dicho lugar a la brevedad, lo mismo que al ministro de Obras Públicas (Edgardo Berli)… En ese lugar, mantuvimos una reunión para tratar el tema, sugiriendo a los presentes la necesidad de que con urgencia se tomaran todos los recaudos y medidas necesarias para frenar el agua”.
“El lunes 28 pasé por el lugar muy temprano y pude ver el caudal que entraba había aumentado considerablemente. Berli me informó que la Municipalidad no había llevado a cabo los trabajos comprometidos y por eso el Ministerio de Obras Públicas había tomado la iniciativa de trabajar en la ejecución de la defensa. El ministro me informó que las autoridades municipales insistían que tenían capacidad de bombeo para extraer el agua que ingresaba (a la ciudad). Sugerí a Berli que (…) verificara el estado de las bombas…”.
“Durante el resto del día 28 y la madrugada del 29 estuve en permanente contacto con mis colaboradores del gobierno. Es así, que se me informó que durante las primeras horas de la noche del 28 se produjo un encuentro espontáneo sobre el puente intercambiador de la avenida Circunvalación Oeste y la autopista Santa Fe‑Rosario en el cual estuvieron presentes miembros de mi gabinete, el intendente de la ciudad y varios de sus secretarios. Allí mis funcionarios pudieron constatar una fuerte discusión entre el intendente y dos grupos de vecinos… Los que vivían al sur de la autopista intentaban cerrar con bolsas de arena debajo del puente, trabajos que llevaban adelante sin intervención de la provincia tanto en su planificación como en su ejecución. Y los que domiciliaban al norte de la autopista se oponían a dicho cierre por suponer que se inundarían rápidamente”, expresó.
* El martes fatídico. Reutemann ensayó su propio relato sobre la reunión en la Casa Gris, en la que Fratti exhibió un plano de Santa Fe que definía con una línea roja la zona que se iba a inundar, según los testimonios del propio Fratti y Berli a los que también tuvo acceso Rosario/12. “El ministro de Obras Públicas me informó acerca del plano de cotas de la crecida en la ciudad de Santa Fe, aclarándome que el ingeniero Fratti no tenía claro la velocidad del agua en su ingreso, ni el tiempo en que se iba a llegar a darse el anegamiento. Le pedí que ello fuera comunicado en forma urgente a las autoridades municipales, como así también al resto de áreas provinciales que venían trabajando en la emergencia hídrica que azotaba toda la provincia. Funcionarios provinciales me hicieron saber que se estaba colaborando con el municipio, conocedor en profundidad de cada barrio para que sus habitantes evacuaran sus domicilios…”, dijo Lole.
“El 30 de abril -recordó- quedé muy sorprendido al leer por Internet un artículo publicado por el INA el día anterior, puesto que con anterioridad ningún informe había emitido con referencia al río Salado, en el cual se habla de una creciente similar a la del año 1973 cuando alcanzó una altura de 7,19 en la ruta 70 y su velocidad fue de 2.430 metros por segundo (ver recuadro). El 29 de abril de 2003, el río llegó a 7,89 y su velocidad superó los 4.000 metros por segundo. O sea que hubo una notable diferencia entre ese informe y la realidad. Dicho artículo me da la pauta que el mismo INA no preveía un nivel del río de la magnitud alcanzada, como asimismo sorprende la diferencia entre la velocidad estimada y la real. Lo expuesto me lleva a concluir que lo ocurrido fue totalmente imprevisible, por lo atípico y extraordinario, se trató de un verdadero aluvión”.
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