LOCOS POR EL FÚTBOL
Enloquecieron por el fútbol. Definitivamente, y por distintas razones, enloquecieron. Boca, River, los hinchas de unos y otros, el árbitro y la Conmebol. Todos.
Boca. Nadie habló de autocrítica salvo Carlos Bianchi que declaró post partido: “Si hay desorden en mi casa, es culpa mía”. Porque de Guillermo Barros Schelotto mejor ni hablar: le pegó una trompada al preparador físico de River, Gabriel Macaya, cuando éste se acercaba para separar. Y el resto hasta calentó más el ambiente, como el colombiano Fabián Vargas que ayer, y pese a que las horas pasadas deberían haber llevado tranquilidad, dijo: “Ellos empezaron el partido con agresiones físicas y verbales. Quisieron ganarlo de boquilla.
En Boca creen que hay una conspiracióny encontraron en el árbitro Claudio Martín el blanco predilecto. Y aunque Martín cometió errores gravísimos (debió echar a Rojas, debió cobrar penal por mano de Coudet, anuló mal un gol de Calvo) parece mucho.
River. Perdió la razón porque salió a ganar el partido a lo guapo y no jugando al fútbol. Olvidándose que el 16 de mayo, hace menos de un mes, habían superado claramente a Boca dando una demostración de fútbol más que contundente. Así, Marcelo Gallardo pareció el más confundido cuando él, justo él, se peleó a los cabezazos con Cascini y vio la tarjeta roja. Y en lugar de irse intentó llevarse a un rival y armó un tumulto y arañó y trompeó a Abbondanzieri. Ariel Garcé también se contagió y le pegó un patadón a Vargas cuando todo el mundo que habitaba La Bombonera, los que estaban en el Monumental observando el clásico en pantallas gigantes, los que estaban en sus casas en Buenos Aires, los del interior del país, los habitantes del resto de Sudamérica y alrededores, sabían que cualquier roce tras ese escándalo iba a ser igual a una roja. Y Horacio Ameli trompeó a Vargas en un córner y después le hizo gestos obscenos, luego cogoteó a Cascini en el escándalo de los 32 minutos, y hasta pisó a Barijho en los genitales. Y Astrada se mostró: “Orgulloso de mis jugadores…”.
Los hinchas. También se volvieron locos. Ya lo estaban los de River y los de Boca por saber que no podrían asistir a los partidos en que sus equipos jugaran de visitantes. Y ayer echaron más leña al fuego.
Ahora en Núñez esperan la revancha del jueves y reclaman, mediante panfletos y cadenas de mails, que todos vayan con la camiseta de River “para no parecer un bostero”.
En Boca, la cosa va en el mismo orden porque no sólo recibieron a los jugadores de River con piedrazos del tamaño de una mano que rompieron el micro en la noche del jueves, sino que ayer, en la práctica que el plantel hizo en La Bombonera, aparecieron dos banderas. Una que decía: “Miau, miau, miau, me dicen La Gata, firmado, Marcelo Gallardo”. Y otra diciendo: “Ameli traicionero y maricón”.
El árbitro. Porque pese al escándalo de 8 minutos que se vio ayer en el que hubo escupitajos, golpes, arañazos, agarrones y demás, no expulsó a nadie y siguió el partido como si nada cuando en el arranque mismo se había vestido de justiciero sacando amarillas por doquier. ¿Qué hubiera pasado si Martín tomaba las mismas medidas para interpretar la jugada del escándalo que había aplicado antes cuando se cansó de sacar tarjetas amarillas? Seguramente las tarjetas rojas hubieran aparecido. Y encima ayer Martín habló con total naturalidad y dijo que el penal de Eduardo Coudet en el último minuto “sí existió”. Además de referirse a la pelea tumultuosa como solo una cosa del partido.
La Conmebol. Porque pese a que las imágenes de televisión fueron más que claras y Claudio Martín no expulsó a nadie en el escándalo más allá de Gallardo y Cascini, no tomará cartas en el asunto sancionando a otros protagonistas nítidos de la gresca. La Conmebol no lo hará aunque cuando terminó el partido, un directivo de la entidad habría solicitado a la empresa encargada de la televisación el video para observar en detalle los acontecimientos del minuto 32. Lo que sucedió para que se modificara la opinión en forma repentina fue que los directivos de River y Boca se contactaron rápidamente y acordaron, “ya que somos argentinos y para el bien de los dos”, no seguir con el tema. Increíble. Si no se varía la decisión a último momento, entonces tendrá razón el mexicano Cauhtemoc Blanco (ver recuadro).
Ahora se viene la revancha en Núñez. Ahí, en el Monumental, se reencontrarán los protagonistas del episodio oscuro del jueves que gambetearon los castigos. ¿Continuará la locura?
Este contenido no está abierto a comentarios

