LOFFREDA ABRIÓ UNA PUERTA PARA EL ADIÓS
Inmóvil, perplejo. Los ojos como astillados en vidrio y una mirada ausente. Detrás del ventanal, con un silencio que se oía a la distancia, Marcelo Loffreda observaba la película de lágrimas que transcurría varios metros abajo. A su lado, Emilio Perasso, manager del equipo argentino, lo acompañaba en el palco con una muda mueca de impavidez. Tardó unos diez minutos en evadir el letargo de amargura. Sólo después de ese trance que pareció eterno, el técnico argentino bajó las escaleras en busca de un vestuario de almas quebradas.
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Habló ante todos los jugadores. Con firmeza. Realzó los valores del equipo, la entrega y la dignidad con la que se quedó en el camino. Y salió a ofrecer sensaciones.
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Loffreda alguna vez había insinuado que este Mundial marcaría su alejamiento del cargo. Sin embargo, prefirió dejar para otra ocasión una pronunciación al respecto, aunque dejó un resquicio para pensar que la decisión de no continuar como técnico está tomada. “Sinceramente, en lo único que pienso ahora es en volver a estar con mi familia en mi casa y reincorporarme a mi trabajo. Vamos a ver qué sigue por delante. Aquí se ha terminado un ciclo, así que las cosas tienen que seguir con otro tipo de continuidad. En principio no he pensado en seguir en esta posición”, señaló el Tano. El que hace tiempo anunció su desvinculación es su pareja técnica, el rosarino Daniel Baetti, que se dedicará de lleno a la medicina (es cirujano).
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El difícil asunto de explicar sentimientos que no están claros ni tienen demasiada lógica a una altura en la que aún no hubo lugar para una meditada evaluación. “El partido fue muy parejo. Prácticamente no hubo ruptura de las defensas. Terminó ganando Irlanda porque cometió menos errores que nosotros. Tuvimos cierto dominio en el juego en el primer tiempo, pero no pudimos marcar puntos. Y tal vez eso pesó en el final. En el segundo tiempo tuvimos algunas fallas en la obtención del line-out, lo que nos provocó una desorientación que aprovechó muy bien Irlanda”, resumió el coach, que, ante la pregunta de un periodista extranjero, volvió a hace hincapié en el escaso tiempo en el que los Pumas tuvieron repartidos los cuatro partidos de esta primera rueda.
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Loffreda utilizó los momentos siguientes para hacer un balance y rescatar los aspectos positivos. “Se hizo todo lo posible. Se trabajó seriamente, con mucho esfuerzo y sacrificio por parte de todo el grupo. Pero no hay demasiado consuelo, en realidad. Sólo pensar que Irlanda es el tercer equipo del mundo, según el ranking de la International Board. Haber perdido por un punto y habiendo jugado como lo hicimos, sirve para saber que estamos en el buen camino. Lógicamente, ésta era una situación de definición y no pudimos superarla. Es una gran frustración. Hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance, pero no bastó. Estuvimos muy cerca”, dijo, visiblemente apenado.
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Sin exteriorizar demasiado sus emociones, con entereza y una clara procesión interna, Marcelo Loffreda se marchó hacia la intimidad del grupo que lo acompañó en esta travesía de cuatro años. Ya había desaparecido la mirada incrédula del final del partido. Ya había caído en la cuenta de que la historia de su ciclo encontró un final anticipado.
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