LOGRARON IDENTIFICAR A OTRO HIJO DE DESAPARECIDOS DURANTE LA DICTADURA
Mi hermana me mandaba a decir que había nacido el nene y que le puso de nombre Leonardo”. La historia arrancó en 1977, con Inés Ortega de parto en una comisaría de La Plata. Y recién ahora su hijo pudo establecer la verdadera identidad biológica, después de vivir con otra familia.
La hermana gemela de Inés, Susana Ortega, se encargó de sostener la denuncia en las audiencias de la Cámara Federal platense. Sin saber de esa búsqueda, el muchacho se acercó a las Abuelas de Plaza de Mayo —que ayer revelaron el caso— para tramitar un ADN, y la ciencia hizo el resto. Leonardo Fosatti Ortega: así se llama ahora.
Inés Ortega tenía 16 años cuando fue secuestrada. Trabajaba en una empresa textil y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Su compañero, de 22, trabajaba en una fábrica metalúrgica y cursaba el profesorado de Historia en la Universidad de La Plata. Vivían transitoriamente en la localidad de Quilmes.
El 21 de enero de 1977 una patrulla policial los secuestró en el cruce de las calles Baranda e Islas Malvinas. Emir Camiletti, ex cuñado de Inés, los esperaba en el bar de esa esquina y desde la ventana vio a Rubén que intenta ba escapar y a ella, ya en el patrullero. Desde ese momento, la pareja está desaparecida.
Inés llevaba siete meses de embarazo cuando la trasladaron junto a Rubén al centro clandestino de Arana, en las afueras de La Plata. Después, los llevaron a la comisaría 5ta. de esa ciudad, a pocos metros del Seminario Mayor y del Parque Castelli.
La información dada a conocer por Abuelas de Plaza de Mayo revela que la joven permaneció en una celda apartada del resto de las detenidas y que parió al bebé sobre una mesa de cocina, con las manos atadas, ante un médico y varios guardias. Inés pudo estar con su hijo apenas cinco días. Una mañana, los mismos guardias le comunicaron que un militar —al que mencionaron como “El Coronel”— quería “conocer” al recién nacido y que, además, se encargaría de entregarlo a la familia materna. Una mentira que duró 28 años.
“Le hicieron firmar un papel en blanco. También tomaron su huella dactilar y la de la planta del pie del bebé”, explicó la hermana de Inés Ortega. En la Cámara Federal, aclaró que recién el año pasado, por el testimonio de Adriana Calvo de Laborde, se enteró que Inés ocupó una celda de la comisaría 5ta.
“Me causó gran dolor, porque era la seccional de mi barrio, donde yo tenía actividades. Conocía a los policías porque iban a jugar a las cartas al club (Castelli) y yo les pedía que llevaran a sus hijos a un teatro de títeres que hacíamos allí”, dijo Susana. “De haber sabido —agregó, entre sollozos— hubiera hecho lo imposible por sacarla de ahí”.
Los presagios no habían sido buenos desde marzo de 1976. El 6 de ese mes, el suegro de la desaparecida fue detenido en un allanamiento del Ejército. Fue liberado por la gestión de un coronel. ¿Sería el mismo militar que invocaron los agentes en la comisaría de La Plata? Nadie lo sabe. Menos aún el muchacho que en marzo de 2004 se acercó a la filial platense de Abuelas con la sospecha de ser hijo de desaparecidos. El trámite fue seguro.
En el Banco de Datos Genéticos, que funciona en el hospital Durand, se estableció la compatibilidad sanguínea con su familia. El 11 de agosto de este año, la entidad confirmó su verdadera identidad. Leonardo Fosatti Ortega acaba de desechar el nombre y apellido con el que fue criado. De a poco reconstruye su historia.
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