LÓPEZ OBRADOR IMPUGNA LOS COMICIOS Y SU GENTE PREGUNTA DÓNDE ESTÁN LOS VOTOS
Van por todo el país. Aparecen de golpe, cámara en mano, y trepan a postes, techos y carteles con la cautela de los gatos. Filmaron marchas, protestas populares y el escrutinio final en los comicios del 2 de julio. Ahora persiguen a sol y sombra a delegados políticos, abogados, periodistas y curiosos ligados a la batalla poselectoral. Es un escuadrón de 200 voluntarios que respondieron al llamado del cineasta Luis Mandoki. Todos quieren juntar evidencia en apoyo al reclamo jurídico de Andrés López Obrador de que hubo fraude. La consigna que los une, como a toda la centroizquierda, se resume en una frase casi con tono de ruego: “¿Y adónde fueron nuestros votos?”.
Ese es un calco de la gran incógnita que abruma a estas horas a las principales cabezas del Partido de la Revolución Democrática (PRD). La preocupación no es para menos. Apenas 244.000 sufragios le han bastado al candidato del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón, para derrotar en los comicios a López Obrador. Pero el resultado aún no está cerrado.
Ayer, el PRD presentó ante el Tribunal Federal Electoral impugnaciones a los comicios en casi un tercio de las 130.000 mesas electorales de todo el país para exigir que se recuenten todos los 41 millones de votos emitidos hace una semana, en la elección más reñida de la historia del país. Para López Obrador, hubo un comicio “fraudulento” que amerita ese excepcional reclamo.
Las calles de México son el nuevo foro de un debate que recién empieza. Entre las filas del PRD, hay argumentos para todos los gustos. Clarisa Redondo dice que oyó todo. En su puesto de la calle Madero, afirma a sus clientes que hubo vecinos que vendieron el voto. “Traidores”, comenta en un grito y el enojo se le monta en la cara. Roberto —no da su apellido— revela haber visto a un grupo de “muchachotes” tirar boletas electorales de Obrador en un lodazal. “Las ratearon por debajo de la mesa de votación”. La presencia del cronista atrae a turistas y furiosos electores, como abejas a la miel. Uno dice que George Bush mandó el programa informático que usó en Florida para “robar votos”. Otro acusa al Ejército por acaparar urnas con sufragios de la centroizquierda. “Nos chingaron con un algoritmo”, comenta una señora, abanicándose, con signos de calores en los pómulos. Nadie acepta que el PRD pueda haber perdido la elección. La voz común que se oye es la de “el fraude del 2 de julio”, aunque muchos aquí afirmen que no hubo nada semejante.
El sábado, López Obrador alimentó la especie al afirmar que tenía pruebas de manipulaciones en el programa cibernético de recuento de votos.
Ayer, el vocero del PAN, César Nava, rechazó las acusaciones de fraude y anticipó que esperarían a conocer la presentación del PRD para contestar. Fuentes partidarias habían agregado que estudiaban impugnar la elección en estados donde arrasó Obrador para obligar al tribunal a tener un “criterio equitativo”.
Este organismo tiene hasta el 31 de agosto para resolver la cuestión y el 6 de setiembre, según la ley, debe ungir al presidente electo. Aunque es una incógnita cómo responderá, el Tribunal ya anuló dos elecciones: una en el estado de Tabasco (2000) y otra en Colima (2003).
Mientras aquí la polémica crece, el presidente del Tribunal, Leonel Castillo, negó ayer que sea legalmente posible volver a contar los votos, apoyando el rechazo del PAN a esa medida. Pero admitió que si puede haber “impugnaciones parciales”. La prensa extranjera empezó a presionar por un recuento total. Al diario The New York Times se sumaron ahora el International Herald Tribune, Süddeutsche Zeitung y Financial Times.
El “muro de los lamentos” en que se ha convertido la pared del edificio donde vive López Obrador, en la calle Odontología 57, al sur de la ciudad, no pudo ser aún borrado por las lluvias recientes. “No dejemos que nos roben la esperanza”, dice una leyenda. “López Obrador, no te vendas”, pide otra.
A toda hora entran y salen dirigentes del movimiento de Obrador, alborotados para hablar con el líder, indicio de que se viven grandes momentos. Hace unas horas, por ejemplo, la virtual senadora, Rosario Ibarra, declaró, enigmática: “Si Andrés Manuel nos convoca, es porque tiene los pelos en la mano”, y con esa idea sumió a los enviados extranjeros en un estupor general.
Afuera, en la calle, se oía la nueva poesía que está dando la vuelta entre quienes no tuvieron la prudencia de nacer en cuna de oro. Es letra y música jarocha de Bertoldo Campechano Reyes y dice: “He recorrido el camino por eso digo que es cierto. Aunque no soy un experto, predeciré tu destino. Queremos verte en Los Pinos, no te daremos por muerto”. Andrés López Obrador, agradecido.
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