LOS 140 AÑOS DE LA SOCIEDAD RURAL: UNA TRADICIÓN QUE BUSCA OTRA IMAGEN
Aunque la dirija Luciano Miguens, un médico veterinario de Chascomús, criador de caballos criollos y buenos campos para engorde de ganado, los nombres de quienes fundaron la Sociedad Rural tienen otra connotación en la Argentina. Un día como hoy pero hace 140 años, el 10 de julio de 1866, un grupo de productores, liderados por Eduardo Olivera y José Martínez de Hoz dieron inicio a la Sociedad Rural en un país que aún no disponía de recursos para impulsar la producción agropecuaria. Pero mirar la foto de La Rural por el apellido de sus socios es quedarse sólo con una parte de la historia.
Cuando nació, Argentina acababa de cumplir 50 años como nación y la Constitución tenía apenas 13 años de vigencia. La Rural fue así determinante de lo que sería la organización política y social en la llamada Generación del 80. De acuerdo con Mirta Palomino, autora de Tradición y Poder, la relación de la entidad con el poder político, tanto por la participación de sus socios en los equipos de distintos gobiernos como por su accionar y sus relaciones con otras instituciones como la Iglesia y las Fuerzas Armadas la convirtieron en un poder en sí mismo. Desde su nacimiento, Sociedad Rural y los intereses de los grandes productores se volvieron sinónimos.
Pero la entidad fue precursora de lo que comenzaría a hacer el INTA, casi un siglo después. Se dedicó a formar productores, difundió nuevas técnicas de siembra, mejoró genéticamente el ganado con la importación de reproductores de Europa, alentó la utilización del alambrado y de los molinos de viento. Según el investigador del Conicet y de la Universidad de San Andrés, Roy Hora, era una apuesta muy rentable.
A mediados del siglo XX, el peso relativo de la producción rural fue decreciendo, por lo que la gran propiedad fue perdiendo relevancia en el escenario político. Hora señala que la prioridad asignada por la política económica a los problemas del mundo industrial condenó a una creciente marginación a los intereses del sector agrario. Y la sociedad y el poder político acentuaron “el sesgo de identificación de los grandes propietarios con el sector más retrógrado de la comunidad”.
El presidente de La Rural, Luciano Miguens, señaló a Clarín: “En realidad lo que quedó relegada fue la actividad exportadora. Ese fue un signo de subdesarrollo”.
Para ser socio de La Rural no hace falta más de una hectárea y disponer de hasta $ 76 para la cuota mensual. Sin embargo, la entidad contabiliza, como hace más de dos décadas, el mismo número de socios, unos 10.000. Pese a que el 52% de las exportaciones provienen de la agroindustria. Sus servicios son variados, como el Registro Genealógico, con 6,5 millones de animales inscriptos y el laboratorio de Genética Aplicada con la última tecnología en análisis de ADN.
Pero desde los tiempos de Sarmiento, que veía en los grandes propietarios los hilos de Juan Manuel de Rosas, la imagen del sector representado por La Rural es negativa.
Con el peronismo, “los grandes propietarios quedaron congelados como un sector parasitario en el imaginario colectivo”, señala Hora. Y apunta a la responsabilidad de la entidad: “Es una dirigencia que no logró estar a la altura de los tiempos, no ofrece una propuesta convincente frente a los dilemas de una sociedad urbana y de masas”.
Miguens lo admite : “Hemos sido algo culpables. Nuestros fundadores eran productores progresistas. Pero hoy siento una inmensa frustración porque no se reconoce el aporte del campo”. Este dirigente que seguirá al frente de la entidad intenta ahora cambiar la imagen. ¿Lo logrará?
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