LOS ARGENTINOS DE TERMINATOR 3
Cuando trabajás en efectos especiales en Hollywood, es difícil encontrar un guión que tenga un poquito de contenido.” La sincera confesión es de Pablo Helman, que el sábado cumplió 44 años y vivió en el Once menos de la mitad de su vida. En los créditos de Terminator 3 Helman figura como supervisor de efectos visuales, rama en la que había trabajado en títulos como Día de la Independencia, Jurassic Park II, Hombres de negro y Rescatando al soldado Ryan. Y en marzo estuvo sentado en el Kodak Theatre, en Hollywood, por si ganaba el Oscar por los efectos visuales de Episodio II.
Pero mucho antes, Helman tocaba la batería en Los Moros, en clubes y teatros menos lujosos, pero igual con moñito (ver fotografía), a fines de los ’70. “Grabé los primeros cuatro long plays, y luego me fui a estudiar música a Los Angeles. Tengo un master en medios y música.”
¿Qué recuerdos tenés de tu época de baterista?
Era una buena época, tenía 17 años, fue un momento muy lindo, grabar cuatro álbumes con un grupo y ganar un disco de oro… Era sacarse la lotería. Me encanta el sentimiento de tocar música, no importa cuántas nominaciones al Oscar tengas, nunca va a ser igual.
Helman le daba a los parches primero en el grupo Cadenas, y luego en Los Moros, que coprodujo Cacho Castaña. No fue un cambio menor, ya que del rock heavy Pablo pasó al género romántico con un hit propio, el vals Dime que sí. Recuerda su compañero en Los Moros, Juan Carlos Tubaro: “Cuando salíamos de gira por tres meses por México, Colombia, Chile, Perú, firmábamos como sus tutores, porque Pablito era menor de edad”. Cuando la voz de la banda se separó, Helman no quiso dejar la música y, con el inglés que le había enseñado el guitarrista Marcelo Requena, se fue a estudiar a la UCLA música y composición.
“Hice un master, y era tan difícil escribir música para películas, que escribí músicas para TV, documentales, y cuando empecé a trabajar de maestro, también musicalicé educacionales”, dice. Lo que no recuerda son sus primeros pasos en efectos visuales. “No sé ni cómo empecé. Un canal, PBS, me ofreció trabajo de compaginador electrónico, y ahí me empecé a meter en computadoras.” Era 1985, hacía promos para esa estación de TV, “en una computadora Qantel. La compañía vio lo que hacía y me conectaron con un programa de TV, Viaje a las estrellas, la nueva generación, para el que hice composiciones digitales.” Y ahí empezó. Lo que no se sabe es dónde terminará, porque tras pasar por Digital Domain, la empresa de James Cameron para la que trabajó en los efectos de Apollo 13, ingresó a la Industrial Light and Magic, la empresa de George Lucas. Allí se especializó en Sabre, “un tipo de composición de imágenes, un sistema de composición creado por ILM”.
En T3 quisieron mejorar “los efectos de T2 y todo lo que se ha visto hasta ahora. Hicimos dobles digitales durante toda la película. Hubo uno para Arnold (Schwarzenegger) y otro para Kristanna (Loken), porque no podrían estar donde la cámara, sus vidas correrían serio peligro.”
La forma en que lo hace parece sencilla. Hace un scan por computadora de la geometría de los actores y toman referencias fotográficas bien de cerca de sus rostros, para poder pintarlo en la computadora y crear el doble digital “transparente”. “¿Un ejemplo? La secuencia de la persecución, con la T-X, Kristanna, manejando la grúa, y Arnold colgado. Y cuando el Terminator se saca la cabeza, todo eso es digital, lo mismo que el cuerpo. Una persona no podría hacerlo, los brazos humanos no van tan atrás. Vimos que el doble no lo lograba y hubo que reemplazarlo.”
Lo mismo cuando el Terminator sale del helicóptero: es mitad Arnold y mitad hecho por computadora. Toda la mitad izquierda es digital. “El director, Jonathan Mostow, quería ver agujeros en un montón de lugares del rostro de Arnold, y eso no es maquillaje. Su parte derecha, sí. Le pintamos a Arnold una mitad de su rostro de verde, y luego la reemplazamos.”
A riesgo de desilusionar a varios espectadores, también digital son otros environments, lugares y elementos, como el “avioncito” contra el que pelean en el laboratorio, cuyos ambientes también lo son. Y otro énfasis se puso en las transformaciones de la T-X, cómo se deja ver el líquido metálico, y el esqueleto de adentro. “Trabajamos con un científico de la Universidad de Stanford para desarrollar un programa que nos permitiera hacer simulaciones en computadora de fluidos. Y eso nos llevó siete meses de trabajo”, jura.
Helman comenzó a trabajar en T3 hace dos años, cuando todavía estaba en Episodio II. “Terminé de hacer los efectos hace un mes y medio, pero lo mío también es trabajar con el director hasta el último momento, para cambiar el color de escenas y ‘poner’ toda la película junta.”
¿Cuánto se involucró Schwarzenegger en los efectos?
Mucho, es la película de él, es un profesional, sabe muchísimo de su cuerpo, je, y dónde debe estar la cámara para tomarlo…
¿Qué escena fue una sugerencia suya?
La persecución de los coches… La pelea en el baño, fue idea de él. Sí, porque en el guión sólo dice “rompen una pared y pasan por el baño”. Y él pensó todo eso.
Todo eso es destrozar mingitorios en el cuerpo de Kristanna, meter la cabeza de Arnold en un inodoro, atravesar varias paredes… “Tuvimos un montón de reuniones en la oficina y en el trailer de él. Sabe lo que hace, es muy respetuoso”, grafica.
Aquí cayó mal que Arnold se riera, en un reportaje, de la cantidad de presidentes que hubo en la Argentina en diciembre de 2001. ¿El habló algo con vos?
No, absolutamente nada. Yo trato con él, con George Lucas, Steven Spielberg, Ron Howard, y ese tipo de relaciones uno las mantiene en forma profesional.
Se maneja en un nivel de profesionalismo, pero ¿saben que es extranjero, que es argentino? “No sé si Arnold lo sabe. George Lucas, sí. Tengo una bandera de Boca colgada en mi oficina. ¿Campeones de América? Uy, no sabía nada, ¡qué bueno! Cada vez que tengo una reunión con él en mi oficina, bromea. Tengo una foto de los cuatro LP de Los Moros en la pared, fotos de mi familia, de La Boca… Hace 23 años que me fui, y diez que no voy.
Helman vivía en el Once, iba al Bartolomé Mitre (“me parece que ya no está”), y ahora vive en San Rafael, al norte de San Francisco. “Mi esposa, Donna, es de Boston, habla español y tenemos un chico, Alexander, de 9. Ella es psicóloga”, recalca.
El 15 de agosto empieza a filmar en Australia Episodio III. Su trabajo implica mucha posproducción, mucha tarea posterior al rodaje. ¿En qué interviene durante las filmaciones? “Y, siendo supervisor de efectos tenés que estar ahí para asegurarte de que los elementos sean usables, estén perfectos. Lo mismo hice con T3. Y ése fueron cinco meses de rodaje.”
Pero imagino que trabajar con George Lucas, un obsesivo de los efectos, debe ser más estresante. ¿Es de estar en todo, o te permite crear?
Sí. Jonathan (Mostow) me dio espacio, supo lo que pienso. Con George estoy al lado de él, sabe muchísimo de efectos visuales, puede ser más peligroso para mí… (ríe). La nuestra es una relación de colaboración.
¿Qué va a sorprender de Episodio III?
Llamar la atención… no te puedo decir, un montón de cosas nuevas. Ya leí el guión, y es muy bueno.
¿Tu calificación incluye los diálogos…?
Los diálogos son muchísimo mejores. George tiene una visión romántica del cine que hace, no tiene una visión realística, y es una decisión que él toma conscientemente. El problema es que no creo que nadie se de cuenta.
¿Qué hay de un Terminator 4?
Escuché que la están haciendo, que están escribiendo el guión. Pero no sé nada.
En T3 Helman no fue el único argentino. “Con Leandro Estebacorena siempre hablamos, es muy buen técnico. Ya en Buenos Aires había trabajado en comerciales. El fue parte del crew de la película. Eramos 150…, y en la compañía ILM somos 1.100.” El 1,33% de Terminator 3 es argentino. Pero qué porcentaje…
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