LOS CONDENAN A 21 AÑOS DE PRISIÓN POR VIOLAR Y MATAR A UNA MAESTRA
Dos de los acusados de haber violado y asesinado a la maestra Fabiana Gandiaga fueron condenados ayer a 21 años de prisión por un Tribunal Oral. El tercer acusado fue absuelto.
Luego de que se conociera el veredicto, se produjeron una serie de incidentes con golpes de puño, caídas y ataques de nervios, en la puerta del anexo de Tribunales, sobre la calle Lavalle. Los protagonistas fueron los familiares de los condenados y una hija de la presidenta del Tribunal.
El juicio por el crimen de la maestra, que fue asesinada en octubre de 2001 en la sede del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), llegó ayer a su fin después de un mes de audiencias.
Las condenas recayeron sobre Fernando Antúnez y Carlos Vallejo, los dos de 23 años y ex empleados de una empresa de limpieza contratada por GEBA. El Tribunal Oral Criminal 14 —integrado por los jueces Beatriz Bistué de Soler, Hugo Cataldi y Liliana Barrionuevo— los consideró coautores del delito de violación seguida de muerte.
La sentencia contra Antúnez fue por unanimidad. Mientras que la de Vallejo fue por mayoría: el juez Cataldi votó en disidencia, con respecto a sus pares Bistué de Soler y Barrionuevo.
El otro acusado, Miguel Angel López (22 años y también ex empleado de limpieza), fue absuelto: durante el juicio cinco testigos dijeron que él, a la hora del crimen, estuvo en una oficina.
La semana pasada, el fiscal Clorindo Mendieta había pedido 24 años de cárcel para Vallejo y López, y 23 años y 9 meses para Antúnez.
El fiscal consideró a los tres acusados coautores del crimen, aunque para Antúnez pidió una pena algo menor por haber sido el único que declaró en la instrucción y contó los detalles del ataque, que sirvieron como “hilo conductor” de la investigación. La querella había pedido 25 años de cárcel para los tres.
La audiencia comenzó a las 10.15. Los tres acusados hablaron antes de escuchar el veredicto. El primero fue Antúnez. Sostuvo su inocencia, dijo que esperaba que no se lo condenara por ser pobre y reclamó que se siga investigando porque, según él, los asesinos son otros dos hombres, empleados del club.
Después habló López. Sólo pidió que se hiciera justicia. Luego fue el turno de Vallejo. Se sentó en el banquillo de los acusados y dijo: “Lo único que espero es irme a mi casa con mi mamá y mi papá. ¿Justicia?… lamentablemente estamos en Argentina”.
El tribunal pasó entonces a un cuarto intermedio. Retomó la audiencia a las 13 para dar lectura al veredicto. Los fundamentos recién se conocerán el martes que viene.
El 20 de octubre de 2001, Fabiana Gandiaga, de 36 años, fue violada y estrangulada en la sede céntrica del club GEBA, en Bartolomé Mitre al 1100. Era un día de mucho calor. La mujer había ido a acompañar a su hijo a un torneo de taekwondo y en un momento decidió ir a comprar una gaseosa. Nunca volvió y una semana después su cadáver apareció en un sótano del edificio. Luego del crimen el chico y su padre viajaron a España, donde viven actualmente.
El mismo día del hallazgo del cuerpo la Policía detuvo a Antúnez. Llegaron a él porque tenía el teléfono celular de Gandiaga. Con ese télefono, en el lapso en que la maestra estuvo desaparecida, se hicieron llamados a un familiar de la mujer: le dijeron que la tenían secuestrada y exigieron dinero para liberarla.
Cuando la Policía secuestró el teléfono, Antúnez puso en marcha una estrategia defensista: señaló a Vallejo y López como responsables del crimen. Aseguró que él había sido sólo un testigo del ataque contra la maestra, en un baño del entrepiso.
Unos días después pidió ampliar su declaración y se desdijo a medias: sacó a López de la escena y acusó a un auxiliar de la intendencia del club. Pero el 4 de agosto, día en que comenzó el juicio oral, Antúnez volvió a cambiar su versión y desvinculó a Vallejo. “Mentí porque amenazaron con matar a mi familia”, dijo.
Otra de las pruebas en su contra fue un rasguño en su cara que los testigos dijeron que le vieron el 20 de octubre. Y también que no tuvo una coartada comprobable a la hora que sucedió el crimen.
Contra Vallejo, lo que más pesó fue la declaración de Antúnez y también la falta de testigos que pudieran asegurar dónde estuvo a la hora del crimen.
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