LOS COSTOS LABORALES BAJARON 39.5% DESDE 2001
Mientras las negociaciones salariales que por estos días llevan adelante los grandes gremios se mueven dentro de los parámetros fijados por el gobierno para evitar presiones inflacionarias, un informe de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) asegura que las empresas tienen todavía mucho margen para aumentar salarios sin generar bruscos aumentos de precios.
El estudio sobre “Ingresos, salarios y convenios colectivos en Argentina 2006” que realizaron los economistas de la CTA Claudio Lozano, Ana Rameri y Tomas Raffo, destaca que el aumento de la productividad registrado desde el fin de la convertibilidad no se trasladó a los salarios sino que fue a alimentar ganancias extraordinarias para la patronal.
Ponen el ejemplo del sector industrial, donde la productividad creció un 12,4% en el período 2001-2005, contra un incremento del salario real en ese período de sólo 0,4%. A pesar de las subas nominales, las empresas tuvieron en ese período una reducción del 35,9% en sus costos laborales.
A su vez, el estudio destaca que para las mil empresas más grandes del país, la masa salarial total representa el 25,6% del valor agregado. Es decir, que “el 74% constituyen ganancias líquidas o superávit bruto de explotación”. En tanto, para el caso de las cien firmas más grandes, la masa salarial representa apenas el 17,9% del valor agregado.
Las mil empresas más importantes emplean sólo a 609.243 asalariados, que representan apenas el 10,3% de los 5.914.594 asalariados registrados, el 5,6% de los 10.948.395 asalariados totales, l 4% de los 14.698.461 ocupados y apenas el 3,7% de los 16.335.578 que integran la PEA urbana.
Además, la productividad anual de cada asalariado ocupado en las mil empresas más grandes asciende a $120.000. Con tal productividad, agrega el informe, “la remuneración promedio que para dichos trabajadores se ubica en $2.379 podría ascender a $9.280”.
En el caso de las primeras cien empresas, donde la productividad anual por trabajador es mayor ($200.000) “la remuneración promedio que se ubica en $2.669 podría llegar a $15.000”.
“Los números indican que los trabajadores de las principales empresas, si bien son los mejor pagos en el universo de los trabajadores, al discutir sus condiciones de empleo en el marco de un mercado laboral signado por el desempleo y la informalidad, terminan siendo también los que presentan las mayores tasas de explotación laboral”, señala el estudio.
Los economistas de la CTA aseguran que las primeras cien empresas ganan por mes el equivalente a 12.203 sueldos promedio. O sea que, por minuto, ganan “más que lo que perciben como ingreso promedio los ocupados en la Argentina”.
Disciplina salarial
“La expansión de la productividad y de los beneficios en las grandes empresas permite incrementar los salarios sin ningún riesgo en materia inflacionaria”, aseguran.
El informe considera que la amenaza inflacionaria y la fijación de pautas salariales que apenas compensan el ritmo inflacionario (aumentos del 19% frente a una inflación promedio del 12% y una previsión para alimentos que no baja del 15%) actúan como “instrumentos de disciplinamiento que preservan las ganancias extraordinarias obtenidas por las grandes empresas y que impiden que los asalariados mejoren su participación en el ingreso”.
Este es, a su juicio, el núcleo de la “competitividad” de la economía argentina después de la devaluación.
Los economistas apuntan que sólo 2.402.088 trabajadores están involucrados en las negociaciones colectivas. Apenas el 14,7% de la fuerza laboral urbana.
“Si quienes discuten salarios representan una franja ínfima de la fuerza laboral, si además lo hacen en condiciones de restricción tales que les impiden discutir las ganancias extraordinarias de las empresas, queda claro que la estrategia en vigencia carece de política alguna dirigida a modificar la distribución del ingreso heredada del colapso de la convertibilidad y la salida devaluacionista”, concluyeron.
La distribución
El estudio de la CTA recuerda que la Argentina, antes de 1976, exhibía relaciones históricas entre canasta familiar e ingresos, que ubicaban el salario básico de convenio en el 80% de la canasta familiar y al salario mínimo en un 60% del básico.
Si se aplicara este criterio a la situación actual, “el promedio del salario básico de convenio correspondiente a las distintas actividades debería rondar los $1.766 y el salario mínimo los $1.060”.
“Paradojalmente la preocupación absolutamente infundada que las grandes empresas plantean respecto al impacto que los aumentos salariales podrían tener, es un indicador más que para las mismas el salario como fuente de demanda ha perdido relevancia para su estrategia económica”, advierten.
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