LOS CUENTITOS DEL ABUELO
El programa de 12 páginas distribuido el martes pasado en el Greek Theatre, de Los Angeles, envió, desde el vamos, la señal de que el concierto Greendale de Neil Young no sería lo de siempre. Young describió a Greendale, una compilación de 10 temas que saldrá en forma de álbum en agosto (el 19, en la Argentina) y en versión fílmica en setiembre, como “una novela musical”. Mezcla de Thornton Wilder y John Lennon, es un relato de ficción sobre una familia de una pequeña ciudad cuya historia permite a Young abordar distintos temas que siempre le interesaron. Los personajes van del a veces temperamental pero en general idealista Abuelo hasta el perturbado Primo Jed, y los temas encaran la ambición empresarial, las intrusiones orwellianas en la libertad personal, los medios de comunicación sensacionalistas, los ataques al medio ambiente y la apatía social.
Para que esta profunda convicción se percibiera en el material y lograr que Greendale resultara más accesible en vivo, Young rodeó la música de una producción teatral, con casi tres docenas de actores y bailarines, además de la escenografía. Todo está pensado para ilustrar los temas de las canciones, y está hecho con pinceladas tan amplias que el espectáculo parece un libro de arte ilustrado. A nivel superficial, el enfoque podría haber terminado resultando horriblemente pretencioso o insoportablemente feo. Pero Young nunca fue de los que trabajan en la superficie y, contra todas las expectativas, Greendale significó una noche fabulosa de rock’n’roll.
La historia no es excepcional y la producción misma parecía modesta, al estilo de un proyecto de teatro municipal en una ciudad chica como Greendale. Pero todo desbordaba tanto de convicción y entusiasmo que el público terminó aplaudiendo.
Si bien Young y su grupo Crazy Horse tocaron las canciones con el rock estilo blues, seductor y sentimental que dominan desde hace años, los actores se movían simulando incluso que cantaban las letras cada vez que en los temas se presentaba el punto de vista de su personaje. En el inicio de la producción de 90 minutos, por ejemplo, el Abuelo Green, sentado en el porche de su casa, movía los labios mientras Young cantaba, “No me jubilaré, pero tal vez me retire”.
A los 57, Young tiene edad como para ser abuelo y parece identificarse mucho con Abuelo Green, lo cual en muchos casos le da al CD un aire como de alguien que mira atrás buscando lecciones, a la manera de Bob Dylan en Time Out of Mind. Aún sin la historia, la música tiene tal carácter que resulta sensual como para un salón de baile e inspiradora como para una catedral. La voz de Young transmite la inocencia de la juventud y la autoridad que da la edad. Greendale no es un cuento con final feliz. El Abuelo muere de un ataque al corazón mientras los medios invaden su casa esperando encontrar una primicia cuando arrestan al Primo Jed por matar a un policía.
En una de las partes donde se percibe más bronca en el espectáculo, el Abuelo lanza invectivas contra el afán voraz de los medios en momentos de sufrimiento. “No es un honor estar en TV”, canta Young por su personaje, “y tampoco un deber”.
Young usa el escenario (y las pantallas de video) para otro comentario mordaz. Hay imágenes del Fiscal General John Ashcroft y de Patriot Bill, y un cartel Apoyemos nuestra guerra patrocinado por Clear Channel Communications (lo cual resulta interesante, teniendo en cuenta que la gira de Young es promocionada por una división de este coloso del espectáculo, ¿no?). También hay escenas fugaces de derrames de petróleo y especies en vías de extinción y las constantes cámaras de televisión. Parte del desencanto del Abuelo se debe a que vio pasar varias generaciones que no resolvieron los temas apremiantes.
Hasta en Greendale, la mayoría de la gente simplemente se deja llevar. Algunos son indiferentes, algunos —como un veterano de Vietnam que se consuela creando pinturas psicodélicas que nadie quiere comprar— parecen incapaces de dar un paso hacia adelante.
Pero Young es demasiado idealista como para no ver ninguna esperanza. Una nieta joven se inspira en el idealismo hippie del Abuelo (él y su mujer se conocieron durante el Verano del Amor). Es así que se convierte en activista el día que él muere, ataca a la gran empresa de energía (Powerco) y luego parte rumbo a Alaska para proteger la naturaleza. Al final, todo el elenco vuelve para un número de cierre, Be the Rain, con un espíritu muy entusiasta que podría equipararse a algo de lo que se ve en Hair.
El sentido de comunidad evoca la calidez de los conciertos a beneficio de la Bridge School que Young y su mujer, Pegi, patrocinan todos los años en California. Los tres hijos de Pegi y Young forman parte del elenco de Greendale.
Después de la función, Young, todavía con la remera de Greendale High puesta, lideró a Crazy Horse (el bajista Billy Talbot, el guitarrista Frank “Poncho” Sampedro y el baterista Ralph Molina) durante una hora recorriendo melodías conocidas, que incluyeron Rockin’ in the Free World.
Para agregar más nivel a una noche memorable, la legendaria cantautora Lucinda Williams inició el programa con sus brillantes relatos de búsqueda y obsesión romántica. Son retratos tan universales y penetrantes que también podrían ambientarse en Greendale o cualquier otra ciudad que a usted se le ocurra.
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