“LOS DRAMATURGOS SOMOS COMO DONANTES DE ÓRGANOS, CADA TANTO APARECEMOS EN OTROS CUERPOS”.
“Yo soy un escritor, pero el vínculo con el lector no pasa por la lectura, ya que nadie lee teatro. A uno no lo leen, lo ven a través de los actores. Los dramaturgos somos escritores a media. Nosotros no sabemos adonde va esa arcilla que entregamos. Aunque la academia sueca le dio el último Nobel a Harold Pinter, yo creo que a los que escribimos teatro nos echaron de la literatura”, el dueño de estas palabras es uno de los dramaturgos más importantes del teatro argentino contemporáneo: Roberto “Tito” Cossa.
NIÑEZ, TEATRO Y POLÍTICA
Roberto Cossa nació el 30 de noviembre de 1934, en el barrio de Villa del Parque, Ciudad Buenos Aires. Su familia estaba conformada por su padre, un hombre que se ganaba la vida como mecánico dental y su madre, una típica ama de casa criadora de hijos, que además era profesora de guitarra.
Cuando le preguntan sobre su relación con el teatro, Roberto Cossa recuerda a su familia y decide explicar porque el teatro y la política corrían por su sangre: “Yo tenía una parte de mi familia, la que lleva mi apellido, los Cossa, que eran gente de teatro, actores y directores.
Principalmente dos tíos, uno de ellos fue un funcionario importante en la radio durante el gobierno de Juan Domingo Perón, el otro, Miguel Cossa, hacía personajes cómicos chiquitos, que los más veteranos se pueden acordar de un sketch que hacía junto a Juan Carlos Mareco que terminaba con la frase “el azul quedó”, expresión que se incorporó al léxico argentino durante mucho tiempo. Y hasta mi abuelo paterno había hecho teatro filo dramático. Resumiendo, tenía dos vertientes, la farandulera por parte paterna y por el lado de mi mamá, maestros de escuela, socialistas, algo moralistas como todo buenos socialistas. Así que tenía socialistas desde la parte materna y peronistas desde los familiares de mi padre”.
El antecedente de sus tíos no era bien visto por sus padres y en su casa no querían que se dedicara al teatro. Sobretodo su papá quería un hijo profesional, un tipo serio.
NUESTRO HOMBRE EN LA ARGENTINA
Antes de convertirse en dramaturgo, a finales de los años 50’ Roberto Cossa trabajó como periodista en los comienzos del diario Clarín. Y luego de la revolución cubana, acontecimiento político que marcó a fuego la vida de Tito Cossa, se convirtió en corresponsal en argentina de Prensa Latina, agencia de noticias cubana que desde la isla, dirigían los periodistas argentinos Jorge Ricardo Massetti y Rodolfo Walsh.
De aquellos años de periodista recuerda con cariño sus días en Prensa Latina: “Fui corresponsal de la agencia de noticias cubana, era un periodista clandestino porque al poco tiempo que entré la clausuraron los gobiernos dictatoriales, parecía un personaje de Graham Greene. Yo era un admirador de la revolución cubana, Castro y el Che eran mis ídolos. Yo me sentía muy bien trabajando para prensa latina, lo único que me molestaba un poco era no poder leer lo que escribía, porque ningún diario publicaba los cables de la agencia”.
LA ÑATA CONTRA LAS TABLAS
Si bien desde su juventud, la pasión de Roberto “Tito” Cossa fue la actuación, luego de probar suerte como actor en un par de obras teatrales, abandonó los escenarios y comenzó a imaginar historias para que otros las interpreten. Entre sus mejores piezas dramáticas se encuentran: “El viejo criado”, “Gris de ausencia”, “Yepeto” y la inolvidable obra teatral que luego inmortalizó el cine argentino: “La nona”.
“Mi obra más emblemática es la nona. Porque a los dramaturgos y a los escritores argentinos nos cuesta mucho ser reconocidos en el mundo y con aquella pieza teatral me hice muy popular dentro y fuera del país. “La nona” que me dio muchas satisfacciones”.
Aquella obra maestra del teatro argentino nació en los oscuros días de la dictadura más cruenta que padeció la argentina. “La obra en realidad parecía inocente. Aún así intentaron prohibirla, nos tiraron una bomba molotov en el teatro, pero de todas maneras se pudo realizar tanto en el teatro como en el cine. Generalmente en los tiempos de dictaduras las personas buscan en las metáforas del arte aquello que lo angustia. Para algunos la nona era la dictadura, para otros el imperialismo o la inflación”.
Si bien en el film de Héctor Olivera la nona esta interpretada maravillosamente por Pepe Soriano, el creador teatral del personaje fue Ulises Dumont. Roberto Cossa relata como nació aquel personaje inolvidable: “La primera Nona arriba de un escenario fue Dumont. En realidad la obra inicialmente era un libro de TV y yo la había escrito para Pepe Soriano, en un programa donde este actor siempre iba a protagonizar los textos que le escribían varios autores. Yo me había inspirado en el famoso viejito don Berto que hacía Pepe, y yo le dije me gustaría hacer una nona. Pero Pepe nunca llegó a hacerla en el teatro y la nona de Ulises Dumont para mi fue mágica, porque él le había encontrado tantas facetas al personaje, la prueba es que después no pude ver ninguna más”.
LOS ACTORES Y SU OBRA
“Yo los quiero mucho a los actores porque ellos me completan. Mis actores favoritos son Ulises Dumont y Luis Brandoni, afirma Roberto Cossa, dramaturgo que suele enamorarse de las primeras versiones de sus textos y generalmente no le gusta ver otras puestas porque cree que es inevitable buscarle los defectos y las diferencias con la primera, la original.
Pero a veces cuando lo invitan del exterior no le queda más remedio que asistir al teatro y encontrarse con otras versiones. Una anécdota muy simpática que guarda con cariño es la vez que hicieron “La nona” en un teatro de Paris. “Una vuelta la hizo un actor francés, muy prestigioso que había sido ternado para el premio Moliere, y yo la fui a ver porque era en Paris y no podía ser tan descortés. Yo lo veía y me daba cuenta que estaba bien, evidentemente era un muy buen actor pero no me cerraba, encima era grandote, quizás alguno lo recuerden porque era el carnicero de una película titulada Delikatessen, pero no hay caso, yo lo extrañaba a Dumont, que es chiquito.
No sólo no me gusta volver a ver mis obras en el escenario, ni siquiera regreso con la lectura a mis libros, porque son viejos amores, a mi edad es como encontrarse con una ex novia, ella esta vieja y yo también”.
TEATRO Y CORAJE
Roberto Cossa fue uno de los protagonistas de esa página inolvidable del teatro argentino que se llamó “Teatro Abierto”. “No nos juntamos para provocar lo que fue, simplemente nació de los autores porque estábamos prohibidos en las salas oficiales, hasta nos habían sacados de las cátedras de las escuelas. Fue una iniciativa de Osvaldo Dragún, que estaba un poco más loco que todos y dijo juntémonos, salgamos todos, hagamos obras de teatros, tres por día, aunque no vaya nadie, vamos a demostrar que estamos ahí. Y aunque parezca increíble a las seis de la tarde las salas reventaban de gente. Con el atentado que sufrimos, todo lo que los militares no querían se produjo. Una reacción de solidaridad muy profunda de todos los sectores de la sociedad avaló aquel acto de resistencia cultural que se llamó “teatro abierto”. Durante aquellos día sentimos que nuestro arte servía para la sociedad”.
LA INMORTALIDAD DEL TEATRO
“Yo siempre digo, a pesar de que nadie nos lee y parecería que estamos muertos, los dramaturgos somos como los donantes de órganos, cada tanto aparecemos en otros cuerpos, es una linda prueba de que estamos vivos”.
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