LOS DUEÑOS DE LA CASA DEL DELTA QUIEREN DESALOJAR A CHABÁN
El hombre apareció el sábado. Dijo que quería alquilar la casa para un cuñado. El lunes volvió una parejita. La casa también les gustó. Finalmente los dueños firmaron el contrato ese mismo día. Recibieron $1.400 por un mes de alquiler y otro mes de depósito. Al día siguiente se les cayó el alma al piso cuando se dieron cuenta de que el nuevo inquilino era nada más y nada menos que Omar Chabán.
María Rosa y Raúl De Tomaselli se querían morir. Estaban indignados. El matrimonio es muy conocido en esa zona del Tigre porque —además de vivir allí— tienen varias casitas en el arroyo Abra Vieja, que suelen alquilar. Jamás imaginaron que les pasaría esto. Por lo tanto, ayer mismo contrataron a un abogado para que rescinda el contrato y logre que Chabán se vaya lo más rápido posible de “Papillon” (así se llama la casa).
El nombre que figura en el contrato es Guillermo Silva. El documento —dicen los dueños— aclara expresamente que la casa es de uso exclusivo para los fines de semana. Dice que sólo puede ser habitada por el inquilino y su familia. Y prohíbe el “uso cotidiano y diario del inmueble”.
“Llama la atención que después de haber firmado un contrato así, con esas limitaciones, esta gente se anime a ir a instalarse a la casa”, explicó a Clarín Daniel Gillert, el abogado que los De Tomaselli contrataron para que rescinda el contrato. Así que hoy mismo Gillert hará una presentación en los tribunales civiles de Capital.
Lo cierto es que ayer Chabán estuvo todo el día dentro de “Papillon”. La casa es extremadamente simple y austera. Tiene un living comedor, dos dormitorios, un baño y una cocina distribuidos en una planta construida sobre pilotes de ladrillos. Blanca, con un techo a dos aguas, no desentona en nada con el resto de las casitas que la rodean. Si bien todas tienen su jardín, sus árboles y su parrillita, en general se trata de construcciones pequeñas. Ayer estaban todas a oscuras y con las cortinas cerradas. Es que la mayoría son casas de fin de semana.
Pero “Papillon” fue la gran excepción. Estuvo todo el día rodeada de hombres uniformados y periodistas, que directamente se instalaron en el muelle privado de la propiedad. El operativo de seguridad parecía excesivo para el lugar, de muy difícil acceso. La razón de tanto despliegue de armas y borceguíes era evidente: el temor constante de que en cualquier momento los familiares de las víctimas de Cromañón aparecieran para escrachar al empresario.
Ya pasó en San Martín, donde pasó unos días en el departamento de su madre. Y por eso Chabán fue trasladado al Tigre en la madrugada del martes. Pero la mudanza, aunque pedida a gritos por los vecinos del partido del noroeste —y hasta sugerida por el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanián—, igual levantó una gran polémica.
Por eso, el abogado de Chabán, Pedro D’Attoli, tuvo que salir a bajarle el tono a la discusión: aseguró que su cliente no va a escaparse ni evadir a la Justicia. Explicó que la mudanza no tuvo nada que ver con eso sino con dejar de perjudicar a los vecinos de San Martín. Y fue más allá: dijo que si los familiares de las víctimas volvían a escracharlo o los vecinos del Tigre se quejaban, el empresario volvería a mudarse. “Si la molestia se torna insoportable no quedará otro remedio que llevarlo a otro lugar”, dijo. Y especuló con que “sería en el interior del país”.
Pero por ahora (o al menos hasta anoche), Chabán está en el Tigre, en una casa a la que se llega después de tomar una lancha que, en el mejor de los casos y tras desembolsar unos 50 pesos, tarda poco más de media hora en llegar. La otra opción es la embarcación colectiva. Esa es bien económica (3,50), pero se tarda casi el doble.
Una vez navegado el río Sarmiento y parte del arroyo Abra Vieja se llega a “Papillon”. Ahora es fácil encontrar la casa porque la rodean tres embarcaciones de la Prefectura. “Tenemos orden expresa del Juzgado de resguardar la persona de Chabán y la vivienda”, explicó a Clarín el prefecto Martín Pablo Ruiz, jefe de la Prefectura de San Isidro y al mando del operativo que debe velar por la seguridad del empresario.
Para lograrlo, ayer todo el tiempo hubo 40 hombres de uniforme beige, chaleco negro y borceguíes dando vueltas por el muelle y el jardín de la casa. Si bien Prefectura sólo tiene jurisdicción en las aguas, se hizo cargo del operativo a pedido de la Justicia federal.
“Chabán nos pidió expresamente que no se genere ninguna situación de violencia”, confió Ruiz a Clarín. Lo aclaró porque fue el mismo empresario quien, por ejemplo, permitió que los periodistas se instalaran con cámaras, trípodes y bolsos en el muelle de la casa, que es propiedad privada. El lugar es complicado para estar, hacer guardia o incluso un escrache. Allí no hay calles públicas donde pararse para protestar: los jardines y los muelles son privados. Tampoco es posible detenerse en el agua. El mismo jefe de los prefectos lo explicó así: “Obstaculizar el río es un delito federal”.
Y aunque hubo rumores constantes que vaticinaban la llegada de familiares de víctimas, eso nunca sucedió. No hubo movimiento mayor al de los uniformados o los periodistas. El empresario tampoco se movió. Se dedicó a sus libros. Nada de TV, radios ni diarios. Es decir, nada de noticias.
El lugar —aunque helado por estos días— es realmente de ensueño: un río calmo, pajaritos, verde por todos lados. La casa de enfrente de la de Chabán tiene un cartelito muy lindo, dice “Paz”.
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