LOS EXILIADOS, PARAPETADOS EN MIAMI Y CON ANHELOS DE UNA CUBA SIN FIDEL
Si la tormenta tropical Chris que crece en el Caribe se convierte o no en un amenazante huracán, poco les importa a los señores del Club del Dominó, en la calle 8 de la Pequeña Habana, el barrio de Miami donde el acento cubano es moneda corriente. Bien atareados están ellos en acomodar las fichas sobre las mesas, en fumar sus habanos y en despotricar contra Fidel.
“Para mí que ésta es una estrategia de Fidel para ver quién es leal y quién no, para ver cómo avanzarán los cuadros cuando él no esté”, dice Luis (a secas), exiliado hace 40 años y taxista desde hace 30. “Pero no creo que esté apurado en irse el hombre. Si hasta al cabezón lo sorprendió.” ¿Cabezón? “El cabezón, Chávez”, responde con total naturalidad.
A su lado, protegido del sol con una gorrita de visera negra que poco condice con su guayabera color crema, Antonio Morejón suma acotaciones que, aun a corta distancia, cuesta descifrar. No es tanto el acento cerrado de erres patinadas como el puro que tiene instalado en el hueco que dejaron dos dientes que ya no están. “Fidel es malo, pero Raúl es más malo, más ignorante, más estúpido y más militar”, dice al hilo, sin tomar aire.
Antonio llegó a Miami en el 67, cuando tenía 41 años y tal vez sólo algunas de las arrugas que hoy le pueblan el rostro. Este hombre, que partió de Cuba junto con su mujer y dos hijos (un varón y la “hembra”), vivía en el campo familiar. La nostalgia le invade la voz cuando recuerda esa juventud de tierra, vacas y leche a granel. “Vivía como quería”, añora, y enseguida recupera el tono áspero: “Quisiera vivir acá como vivía en Cuba. Allá tenía todo.”
En una ocasión volvió, apenas por una semana y para reencontrarse con sus amigos. Al campo familiar, en cambio, no se animó a regresar. ¿Si no estuviera más Fidel, se decidiría a volver? Piensa y esboza una tenue sonrisa. “Si no estuviera Fidel ni su hermano Raúl. Porque ésos son hombres que saben hacer maldades. Porque vamos a hablar de verdad: Fidel tiene un cerebro del carajo, pero es un asesino. Y Raúl lo es más.”
Sentado y callado, Jesús Rodríguez ha seguido la conversación atentamente y no tarda en demostrar que comparte las opiniones de Antonio, a quien conoció de tanto frecuentar el Club del Dominó. “De lo que fue Cuba a lo que es hoy no hay nada. Fidel acabó con todo”, y no le tiembla la voz al calificar de gangster al líder cubano.
A unas cuadras de allí, frente al Café Versailles, Angel esconde su apellido antes de hablar, con un recelo que 40 años de residencia en Estados Unidos no lograron suavizar. “Hay que esperar hasta que haya algo concreto”, sugiere sobre la posible muerte de Fidel.
Con una remera beige de cuello desbocado, unas bermudas y unos zoquetes blancos de dudosa elegancia —como si los gritos y los bocinazos que empezaron el lunes a la noche en la misma esquina de su barrio donde se encuentra parado lo hubieran tomado por sorpresa—, Angel se refiere a Fidel Castro como “un tremendo asesino”, al tiempo que pronostica que “si se muere Fidel, en Cuba van a matarse entre ellos por el poder”. A su lado, en la 8 y la 36, pasa un camión con la leyenda “Celia, llegó tu día” y el batifondo sube de volumen.
“¿Cuándo se va a terminar de acabar este comunismo?”, se pregunta Antonio Martínez, 42 años, cubano, disidente, preso político y, a juzgar por la textura de sus manos, de profesión albañil. “Criminal es lo que ha hecho ese tirano”, se exalta Antonio, el manifiestamente reacio a regresar a su isla natal.
Ya lejos del bullicio, siempre en la Pequeña Habana, Amado González, también con 42 abriles a cuestas pero con un pasado económico reciente ostensiblemente más generoso que el de su compatriota Antonio, sentencia desde el mostrador de su surtido supermercado “El Barrilete”: “Ojalá que el comunismo se expanda por todo el mundo para que la gente sepa de qué se trata.”
“El capitalismo es una mierda, pero es la mejor mierda”, dice, categórico, Amado, mientras cuenta que salió de Cuba hace 12 años y que su vida recién empezó hace 11, cuando pisó suelo norteamericano tras un año de estadía en Guantánamo. Amado es un “balsero de Guantánamo” que dejó atrás un hijo de 11 años en su país para huir junto con cinco amigos en un bote minúsculo con destino final Miami.
Mientras tanto, Chris, la tormenta tropical, sigue avanzando impiadosa desde el este. Aunque dicen que tal vez no llegue a las costas de la Florida y que agote su intensidad en la isla de Cuba.
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