LOS JÓVENES CONSTITUYEN EL SECTOR MÁS AFECTADO POR EL DESEMPLEO
Los años dorados se ven opacados por los números que arroja la realidad: “La probabilidad de los jóvenes de estar desempleados es 3 veces mayor, mientras entre los adolescentes es 4 veces superior a la de los adultos”.
De esto daba cuenta un informe del Ministerio de Trabajo de la Nación difundido por Clarín. Los datos abarcan el extenso territorio nacional: sobre 1,8 millón de personas sin trabajo, 718.000 son jóvenes.
La juventud, parece, será muy divina pero perdió su tesoro hace tiempo. Ellos, los que tienen todas las pilas y ganas de llevarse el mundo por delante, “son el último orejón del tarro en lo que significa el ámbito laboral”. Norma Zandomeni, docente e investigadora de la UNL, aseguró que “más allá de que el desempleo afecta a toda la población, en los jóvenes genera un impacto mucho más fuerte”.
El suplicio viene de larga data, es moneda corriente que la falta de trabajo en este sector duplique el desempleo total de la población económicamente activa. Y, aunque los niveles generales de desocupación descendieron en el Gran Santa Fe en el primer semestre de 2005, el de los jóvenes sigue siendo alto en comparación con él.
El 10,7% de la población total, es gente que busca trabajo y no lo encuentra. En tanto que, según la Encuesta Permanente de Hogares, en las mujeres de hasta 30 años el desempleo es del 25% y en los varones de esa edad del 17,4%. O sea que del 36,8 % de la población total (mujeres y varones de 10 a 29 años), un 42,4% no consigue un puesto laboral.
Si se compara esta franja etaria con las demás, se comprueba que este sector es el más afectado. Y si además de rondar los 20 años se es mujer, el panorama se pone peor: las mujeres de hasta 29 años tienen la menor tasa de actividad (40.1%), y en el Gran Santa Fe ellas no tienen tanta suerte como sus pares de Paraná y Rosario (30.1 de empleo contra 35.9 y 32.4), por ejemplo.
Las causas
La pregunta que surge es por qué si los clasificados desbordan mensajes con requerimientos del tipo “joven emprendedor” con “capacidad de liderazgo” y “dedicación full time”, cuatro de cada diez desocupados en la Argentina son jóvenes.
La causa depende del grupo social, dentro de los jóvenes en general, al que pertenezcan. Por un lado se encuentran aquellos que no pudieron culminar sus estudios secundarios, que son los más vulnerables. Y, por otro, los universitarios para los que no hay lugares vacantes.
Así lo explicó Zandomeni: “Los puestos realmente calificados, los que se llaman estadísticamente los puestos `profesionales y técnicos’, no han crecido. Por eso los universitarios no encuentran nuevas oportunidades, no hay espacios para gente nueva”.
Por eso, los que se quemaron las pestañas entre libros y apuntes en las noches de insomnio con la panza llena de mate, “pueden insertarse en el mercado laboral ocupando puestos que demandan el nivel medio de escolaridad”. Y “está claro que muchos jóvenes que han hecho el esfuerzo de avanzar en la educación superior no están dispuestos a ocupar esos puestos no calificados”.
Mientras algunos no encuentran plazas en el mercado que cumplan sus expectativas, otros ni siquiera tienen los requisitos mínimos exigibles: se quedan fuera del juego. Estos son los más vulnerables, en Santa Fe un 40% de chicos y chicas entre 20 y 29 años que “no ha terminado la escuela media a pesar de que la edad es mucho más de la prevista en el sistema educativo para que la finalicen”.
Ellos están “prácticamente excluidos del mercado laboral o, al menos, del mercado laboral formal”.
¿Qué hacer?
La esperanza es lo último que se pierde y la constancia siempre ayuda. En el caso de los chicos y chicas a los cuales el contexto los empuja a abandonar la escuela, entre otras cosas, existen hombres y mujeres que se preocupan por darles una mano (ver “Cuando los caminos se cierran”).
Los otros, los que tuvieron un padre, un familiar o un amigo que les dio una mano para capacitarse, pueden seguir intentando.
La búsqueda del primer empleo, como lo explicó el psicólogo Mario Carmelé, genera la expectativa de “insertarse o poner un primer pie en el mercado laboral” y, como contraposición, su consecución “por los medios tradicionales suele ser bastante frustrante”. Por eso, “hay que buscar otros medios, hay que ser ingenioso, hay que ser creativos. Pensar de qué manera uno puede conseguir un empleo, a veces se da de la forma más insólita”.
Algunas opciones pueden ser “siendo un poco caradura, encarando al de Recursos Humanos de la empresa a la que se quiere ingresar y preguntarle si leyó el CV”. La clave es “no quedarse mansamente a esperar que a uno lo llamen, sino ir a buscar”.
Para lanzarse, Carmelé aconseja “empezar con algo chico y no esperar el gran empleo”. Y tener en cuenta que “todo lo que se detiene trae trastornos”, en cambio “todo lo que se moviliza y crece, es lo que hace que las cosas vayan mejor. Hay que empezar con algo, aunque sea poco y después veo como voy haciendo”.
En síntesis jóvenes, a golpear ventanas, patear puertas y desafiar la vergüenza: “Movilidad, no quedarse dormido, no son épocas para dormir la siesta”.
Tienen la palabra
Estas son las apreciaciones de los chicos y chicas que asisten a Educamco, el Centro de capacitación Laboral de Camco:
– María, barrio San Agustín, 13 años: “Vine a los talleres de panadería y computación porque unas amigas me invitaron. Me prendí porque me gustó y es muy difícil hoy conseguir trabajo, por eso vengo acá a capacitarme. En mi barrio hay muchos chicos jóvenes que ya no buscan trabajo… Lo único que saben es drogarse y sacarle a la gente lo poco que tiene”. – Roxana, barrio Cabal, 17 años: “Empecé porque me gusta, es una posibilidad de aprender. Yo no voy a la escuela porque tengo una nena de 5 meses y estuve buscando trabajo pero no conseguí, busque mucho tiempo y por eso empecé acá… Para hacer algo”.
– Yohana, barrio Cabal, 15 años: “Está bueno el taller porque te enseña lo que no te pueden enseñar en la calle; además vienen chicos de otros lugares y los conocés. En mi barrio también pasa que hay muchos chicos que se drogan con la bolsita, con el porro, todo eso… Se arruinan la vida al pedo. A los 5, 6 años empiezan a drogarse”.
– Oscar, barrio san Agustín, 14 años: “Empecé porque me invitaron. Me gusta porque ocupás tu tiempo en algo útil. Más adelante me gustaría trabajar. Esto de panadería me va a ayudar a trabajar y, además, puedo comer lo que hacemos”.
Se busca
Los llamados “activos de modernidad” son algo así como los ejes por los que giran las condiciones del mercado para “incorporar” personas.
Son “los condicionantes para acceder al mercado formal y más dinámico de la economía”, como explicó Norma Zandomeni. Estos incluyen un alto nivel de instrucción, el dominio informático y el dominio de idiomas. Ojo: no sólo idioma inglés, también del español. “Saber redactar, comunicarte, elaborar informes”, especificó Zandomeni.
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