LOS LATINOAMERICANOS, EN PRIMER PLANO
El cine latinoamericano fue el gran protagonista de la jornada de ayer en la sección oficial con la presentación de “Camino en las nubes”, del brasileño Vicente Amorim, y “Ojos que no ven”, del peruano Francisco Lombardi. Si bien fue Sean Penn quien acaparó todos los flashes al recibir el premio Donostia a su carrera y se ganó también múltiples elogios por su trabajo en “21 gramos”, film del mexicano Alejandro González Iñárritu (responsable de “Amores perros”) por el que ganó la Copa Volpi al mejor actor en la reciente Mostra de Venecia, quienes cubren la muestra oficial se sumergieron de lleno en la contrastante y agridulce realidad sudamericana.
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“Camino en las nubes” tuvo una aceptable repercusión, ya que se trata de una película accesible que se ubica en la línea de la exitosa “Estación Central”. El film de Amorim se basa sobre un caso real: la historia de Cícero Ferreira Dias, un hombre pobre que subió a su esposa y a sus cinco hijos a unas bicicletas y emprendió un viaje de más de 3000 kilómetros entre el norteño Estado de Paraíba y Río de Janeiro en busca de un trabajo de mil reales que -estaba convencido- se lo iba a conseguir su santo favorito. Esta inocente road-movie es la excusa para que el director se regodee con los paisajes áridos del país, con la agresión y la solidaridad que divide en dos a la sociedad, con la profunda religiosidad y con ese indiscutible poder de seducción que tiene Brasil. Con los clásicos temas de Roberto Carlos de fondo, una fotografía demasiado calculada y algunos excesos pintoresquistas, “Camino en las nubes” pasó con la fugacidad de un ligero y por momentos simpático entretenimiento.
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Menos interesante resultó “Ojos que no ven”, película coral de casi tres horas de duración en la que Lombardi (“La ciudad y los perros”, “Caídos del cielo”, “Pantaleón y las visitadoras”) narra las desventuras de una decena de personajes (jubilados, funcionarios de la Justicia, militares, abogados, periodistas y militantes por los derechos humanos) durante la caída del régimen de Alberto Fujimori por las denuncias de corrupción contra su asesor Vladimiro Montesinos, que explotaron hace tres años. Con su habitual oficio, Lombardi trabaja con cierta agilidad la conexión entre las distintas subtramas, pero su intento por denunciar los excesos de la clase dirigente -muchas veces de manera didáctica y altisonante- lo lleva a concretar torpes paralelismos y a apelar a diálogos que resultan demasiado artificiales.
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Duras miradas
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En un festival tan bien organizado y sin demasiados excesos ni tensiones como abundan -por ejemplo- en Cannes, es posible encontrarse en las calles o en las salas de San Sebastián y entablar diálogos relajados con directores como Michael Winterbottom, Barbet Schroeder o Patrice Chéreau.
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Precisamente el realizador de “Los que me aman tomarán el tren”, “La reina Margot” e “Intimidad” presentó ayer aquí junto con los actores Bruno Todeschini y Eric Caravaca “Su hermano”, film que le valió el premio al mejor director en el último Festival de Berlín. Con una puesta en escena ejemplar y sin ningún tipo de concesiones, Chéreau describe la degradación física de un muchacho treintañero que sufre una extraña dolencia. Su hermano menor es el único que se atreve a acompañarlo en sus sucesivas internaciones y recaídas. Película de un rigor y una dureza muy angustiantes, se trata de una mirada desgarradora, pero muy poderosa, de esos amores fraternales que superan todas las contrariedades.
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Otra pequeña joya vista en las secciones paralelas fue “Capturing the Friedmans”, film de Andrew Jarecki que obtuvo el galardón al mejor documental en el último Festival de Sundance y es una de las sensaciones del año en el circuito de cine de arte norteamericano. La película reconstruye a través de imágenes de los noticieros televisivos, videos caseros y testimonios de familiares, policías y funcionarios judiciales el caso de Arnold Friedman, un profesor de computación de una típica familia judía de un suburbio de Nueva Jersey que fue encarcelado -y luego se suicidó en prisión- por decenas de cargos de pornografía infantil, pedofilia y corrupción de menores. Se trata de una película extraordinaria en su construcción, que aborda el conflicto y sus múltiples implicancias desde todos los ángulos, sin tapujos ni efectismos, apelando a una fuerte carga irónica para desnudar la hipocresía, las contradicciones y las miserias de la sociedad norteamericana.
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