LOS LEGENDARIOS STONES LLEGARON A LA ARGENTINA, PERO SIN MICK JAGGER
Luego del recital que dieron en la playa de Copacabana el sábado ante más de un millón de personas, el concierto más multitudinario que hayan dado en su historia, los Rolling Stones llegaron anoche a Buenos Aires, pero sin el cantante, Mick Jagger.
Según informó la prensa brasileña, el cantante eligió quedarse unas horas más en Río de Janeiro para pasarlas con su hijo Lucas, el que tuvo con la modelo brasileña Luciana Jiménez. La apuesta era que Jagger visitara los ensayos de una escuela de samba de la que es madrina la madre de su hijo. A la modelo se la vio todo el tiempo junto a Jagger, como una más en un grupo de buenos amigos.
Si bien Jagger se quedó, los otros Stones, no menos célebres que Jagger —los guitarristas Keith Richards y Ron Wood, y el baterista Charlie Watts—, más los músicos sesionistas de la banda, partieron ayer desde el aeropuerto internacional Tom Jobim, de Río de Janeiro. Lo seguían la escolta policial y las cámaras de televisión.
Richards y los otros aterrizaron en un Boeing 757, particular, a las 19.25. Llegaron a un hangar especial del aeropuerto, evitaron así a la prensa y a los fans, y se subieron a unas camionetas tipo van que los llevaron hasta la Recoleta.
Finalmente cerca de las nueve de la noche llegaron al Hotel Four Seasons, donde estarán alojados hasta el momento que les toque salir hacia el estadio de Rivert Plate y dar otro concierto de la gira “A Bigger Bang Tour”, que comenzó el 21 de agosto del año pasado en Boston. Tocarán mañana y también el jueves, con tres bandas locales como soporte: La 25, Las Pelotas y Los Piojos.
Esta es la tercera vez que la banda inglesa visita la Argentina. Como en 1995 y 1998, se alojaron en el mismo hotel de la calle Posadas, en la Recoleta. Richards dijo días atrás que el área del hotel llamado La Mansión es su segundo hogar.
“Lamentablemente no le puedo informar nada al respecto”, era la amable aunque mecánica voz que ayer contestaba en ese hotel a la pregunta: cuándo llegan los Stones. El hotel no puede informar nada sobre ellos, pero de todos modos se supo que pidieron champán Cristal, agua mineral Perrier, frutas de todos los colores, rosas para cada habitación. No comerán en platos cualquiera, sino en vajilla Limoges, con cubiertos de plata Ercuis. Y dormirán en sábanas de algodón egipcio.
Afuera, bastante gente. Los primeros fans llegaron a las tres de la tarde, junto con los primeros oportunistas que vendían remeras del nuevo tour, a 20 pesos. Desde las 18.30, empezaron los rumores: “¡Llegaron, llegaron!”. A cada anuncio, se desataban las corridas. Una mujer, ya abuela, había llegado con su hija, su yerno y sus dos nietos. “El nene tiene dos años. Su primera palabra fue Rolling Stones”, contaba.
Otros estaban menos fascinados. Los vecinos de la Recoleta estaban indignados con el vallado que les cortaba el paso en Posadas y Cerrito. Era un contraste ver a los rollingas, la gente que acudía a una fiesta en el Jockey Club, y los turistas que le encontraban a la ciudad una nueva atracción.
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