LOS MALESTARES DEL GOBIERNO CON BIELSA
Las diferencias entre Bielsa y Kirchner se acentuaron a un punto peligroso en las últimas horas. En pleno inicio de la campaña electoral, el Presidente se enfureció por el apoyo al acto con familiares de Cromagnón
Parece que el jefe de Estado no está muy conforme con los manejos del canciller y el martes pasado Rafael Bielsa pudo haber quedado fuera del Ministerio de Relaciones Exteriores. Y su candidatura a diputado en Capital hubiese quedado muy comprometida.
El primer mandatario se molestó con la adhesión que Bielsa envió a los familiares de la tragedia de Cromagnón, a través de la presencia de su esposa en un acto al que concurrieron los principales candidatos para octubre. Ese acto resultó, en los hechos, una demostración a favor del juicio político a Aníbal Ibarra.
Como bien es conocido su temperamento, encomendó al Jefe de Gobierno que le contestara a Bielsa y a esto se le sumó que el canciller, según también se ha visto, es un dirigente que tiene sus propios criterios para analizar la realidad política.
Según fuentes oficiales, Kirchner ya se había disgustado con Bielsa porque tomó distancia del ataque contra Duhalde, después porque se enteró por los diarios que pediría licencia el 23 de agosto por la campaña, y porque el domingo dejó plantado a Baltasar Garzón en una cena en la Cancillería. La visita del juez español fue de especial interés político para Cristina, primera dama y candidata.
Bielsa estaba ese día en Guayaquil y la primera conversación con Fernández fue explosiva. En una segunda llamada, ese mismo día, los ánimos se serenaron y se fijó un encuentro para cuando el canciller regresara de Ecuador, para así superar el entredicho.
El canciller dijo esta semana que él no tenía por qué pensar igual que Alberto Fernández respecto de la intencionalidad política del informe de la Comisión Investigadora de la Legislatura sobre la tragedia de Cromañón. Pero sucede que la posición de Fernández es la posición de Kirchner. Esa diversidad de criterio es, en el fondo, el problema central que deben resolver si pretenden tener, además de un candidato, una campaña electoral medianamente coherente.
El miércoles, y nuevamente ayer, circuló una versión sobre la renuncia de Bielsa, como reacción ante sus diferendos con la Casa Rosada. Desde el círculo más cercano al canciller la versión fue una y otra vez desmentida con energía. Pero la difusión original del rumor no habría sido del todo ajena al entorno de Bielsa, que tiene una pésima relación con la Casa Rosada. Quizás alguien pensó que así se podía presionar a Kirchner a respaldar al canciller. Eso también es jugar con fuego.
Bielsa, de todos modos, acumula sus ofensas con la Casa de Gobierno. Está seguro, y no hay quien lo convenza de lo contrario, que detrás de algunas noticias y encuestas desfavorables para él, estuvo la mano siempre activa del núcleo kirchnerista. En el Gobierno argumentan que desgastar a su propio candidato sería un peligro para los proyectos electorales.
Pero más allá de creer que es correcta la defensa institucional de Ibarra, Bielsa está convencido de que no se puede dejar vacante el espacio alrededor de las víctimas de Cromañón para que lo ocupen otros candidatos.
El canciller ya hizo saber que no atacará al jefe de Gobierno porteño. Pero no irá a contramano de sus convicciones: tampoco debe esperarse una defensa suya en el caso Cromagnón.
Este contenido no está abierto a comentarios

