LOS MEXICANOS, NUEVOS REYES DE LA DROGA
Los días en los que el jefe del entonces todopoderoso cartel de Medellín Pablo Escobar Gaviria era capaz de contratar a un ejército para asesinar a todo aquel que se interpusiese en su camino han quedado definitivamente atrás.
Pero no han quedado atrás los días del auge del negocio de la droga. De hecho, unas 450 toneladas métricas de cocaína siguen viajando de Colombia a Estados Unidos todos los años. El dudoso crédito de mantener vigente el negocio pertenece a los grandes carteles mexicanos de la droga -los carteles de Juárez, de Tijuana, del Golfo y de Jalisco y Sinaloa-, que han desplazado a los colombianos y ostentan, según la Dirección de Lucha Contra las Drogas (DEA), el 92% de participación en el negocio.
A esto hay que agregar su evidente protagonismo en la venta de cocaína, marihuana, heroína y otras drogas prohibidas en las calles de Estados Unidos, en un negocio ilegal que totaliza 142.000 millones de dólares anuales, según estimaciones de las Naciones Unidas.
Pese a que la producción sigue estando a cargo de pequeños carteles colombianos, los mexicanos son los que controlan la distribución y son los que saben hacer llegar la cocaína a los centros de consumo de las ciudades norteamericanas. Hoy en día, eso equivale a controlar el negocio.
“Los carteles mexicanos han tratado de integrar todo el proceso productivo de la droga: van a sus fuentes en Colombia, la transportan y la distribuyen en Estados Unidos. Todo indica que hace varios años que tienen la mayor participación”, dijo a LA NACION Jorge Chabat, especialista en seguridad y narcotráfico del Centro de Investigación y Docencia Económica de México.
Por su parte, el director de la Fundación Seguridad y Democracia, el colombiano Alfredo Rangel, sostuvo que tras la destrucción del cartel de Cali -el último de los dos grandes-, en 1998, quedaron en su país decenas de pequeños carteles de perfil muy bajo que “no tienen la visibilidad ni las pretensiones de los anteriores”.
Según explicó, están muy sometidos a la acción de grupos armados irregulares que les permiten continuar con la producción, pero les imponen condiciones de elaboración, procesamiento y comercialización.
“El hecho de que se hayan desperdigado tanto hace que grandes carteles de México se encarguen de acumular los stocks de coca para su reexportación a Estados Unidos”, dijo Rangel.
Además de la desaparición de los dos grandes carteles colombianos y de la fragmentación de sus sucesores, un aliado involuntario del protagonismo mexicano en el tráfico de cocaína parece empezar a ser el Plan Colombia, por el cual Estados Unidos procura reducir la superficie sembrada de coca en ese país productor.
Rangel dijo que, pese a la pérdida de participación de los colombianos en el envío directo de cocaína a Estados Unidos, aún “no hay pruebas contundentes de que se haya alcanzado la reducción de la oferta de droga colombiana al exterior” prevista por el plan.
Sin embargo, el “zar antidrogas” de la Casa Blanca, John Walters, dijo la semana pasada que, gracias al éxito de la política norteamericana en Colombia, la cocaína que se vende en Estados Unidos es un 19% más cara y un 15% menos pura, lo que indicaría una baja de la oferta en el último semestre.
En cambio, el analista norteamericano Adam Isacson, del Center of International Policy, dijo a LA NACION desde Washington que “es prematuro celebrarlo. Los precios sólo han subido hasta el nivel que habían alcanzado en abril de 2004 y son bastante inferiores a los precios de 1999 y 2000”.
Los mexicanos también cuentan con la ventaja de que no se los puede extraditar a Estados Unidos para que sean juzgados, como ocurre con los narcos colombianos. “Para lograrlo con Colombia hubo que hacer un esfuerzo de 15 años -expresó Isacson-. Con México, habría una pelea mucho mayor por una cuestión de soberanía. La reacción fue tan fuerte con [el presidente venezolano, Hugo] Chávez cuando dijo que Vicente Fox era un cachorro de Estados Unidos, porque ése es el peor insulto que se le puede hacer a México.”
VIOLENCIA EN LA FRONTERA
En este estado de cosas, no llama la atención que el presidente Vicente Fox se haya empeñado en el combate de los carteles que asuelan su tierra y que su política haya derivado en la detención de algunos de sus principales líderes.
Sin ir más lejos, la semana pasada se anunció la detención de Ricardo García, alias “el Doctor”, cirujano y supuesto líder del cartel de Juárez. “Es un tipo educado, no es el narco típico de los 80 en México, que andaba en una camioneta con cuernos de toro en el capot y era muy visible. Si los narcos son menos ostentosos, obtienen menos presión internacional e interna”, dijo Chabat.
Pese a que carteles como el de Juárez parecen estar intentado bajar su perfil, hoy en día la violencia está a la orden del día. En Nuevo Laredo, ciudad mexicana lindera con Texas, la violencia de la droga ocasionó 850 asesinatos este año. Según el especialista mexicano, éste es un resultado paradójico de la política de Fox, porque el encarcelamiento de los líderes potencia las peleas de bandas rivales por el control del territorio.
Existen otras opciones para combatir el negocio, como la lucha contra la corrupción en las instituciones mexicanas y la prevención del consumo de droga en Estados Unidos, donde la mayoría de los presos fue condenada por crímenes relacionados con la droga. Pero estas alternativas no parecen estar aún al alcance de la mano.
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