LOS MOTIVOS DEL ASESINATO DE PALERMO, EN MEDIO DE SOSPECHAS
Un robo planificado que terminó mal o un intento fallido de secuestro son las dos hipótesis principales que manejan los investigadores del crimen de la empresaria María Pía Guglielmi, asesinada el lunes a las dos de la tarde en los Bosques de Palermo.
Pero hay una tercera posibilidad que inquieta a los detectives de la División Homicidios y a la fiscal Elsa Areu Franco: la precisión del disparo mortal les hace pensar que los asesinos podrían haber ido directamente a matar.
Guglielmi, de 39 años y madre de una beba de cuatro meses, era la titular de Golago S.A., concesionaria del restorán y confitería Club del Golf, un sitio exclusivo en el que se hacen fiestas y reuniones empresariales que está sobre la calle Tornquist, frente a a los lagos de Palermo y al lado del Campo Municipal de Golf.
El lunes a las 14 salió del Club del Golf en su Honda Civic azul junto a un empleado. Dentro de una cartera, en el asiento trasero, llevaba 26.000 pesos que iba a depositar al banco. Era la recaudación del fin de semana. Con Guglielmi al volante, el Honda Civic salió por Tornquist y dobló a la derecha en Valentín Alsina en dirección hacia Olleros.
Pero antes de llegar a ese cruce se encontró con una Trafic detenida en la calle. Todo sucedió muy rápido. Un hombre le gritó que se detuviera mostrándole un arma, pero ella pisó el acelerador, giró el volante y el coche se subió al pasto. Pero un disparo de una pistola calibre 45 atravesó el parabrisas, a la mujer y al asiento del conductor. Según el joven que iba con ella, dijo “me parece que me dieron”.
A pesar de la herida, Guglielmi condujo unos 200 metros más: cruzó la vía del ex ferrocarril Mitre hasta que se desvaneció y perdió el control del auto. Antes de subirse a la vereda que da a un costado el Hipódromo de Palermo arrolló a dos ciclistas que sólo sufrieron unos golpes. El acompañante de la mujer resultó ileso.
La primera hipótesis que surgió fue que se había tratado de un intento de robo en el que la banda había contado con datos aportados por un “entregador”. En esa línea investigativa, lo que no le cerraba a los detectives es por qué los atacantes no dispararon a las ruedas o no hicieron un disparo intimidatorio. Y también por qué escaparon sin el dinero.
Otro cuestión que no encajaba en esa hipótesis es por qué usaron dos vehículos. Si bien la mayoría de los testigos vio a la Trafic cruzada en plena calle, hubo otros que dijeron que la camioneta tuvo un Fiat Duna de apoyo. Por eso, la posibilidad de que la hayan querido secuestrar cobró fuerza ayer a la mañana. “Dos vehículos para un robo de esa magnitud resulta excesivo. Además, la Trafic es un ideal para transportar una persona cautiva”, aventuró un vocero policial.
De todas maneras, en todas las posibilidades cuadran las sospechas de que alguien entregó a la víctima. Por eso los investigadores tienen puesto el ojo en los empleados y proveedores del Club del Golf y en los allegados a la mujer. Y desmintieron que se estuviera tratando de reconstruir la fuga de la Trafic examinando filmaciones de cámaras de comercios de la avenida Libertador: “Esa versión es un despropósito” dijeron.
Lo que más inquietaba era la posibilidad de que hayan ido directamente a matarla. Si bien los voceros se mostraron cautelosos al respecto, ninguno obvió la precisión del disparo.
El empleado que acompañaba a Guglielmi fue testigo de todo y estuvo ocho horas en la comisaría 31ª. Recién pudo retirarse cerca de las 22, luego de que lo interrogara la fiscal del caso.
Según las fuentes, llamó la atención lo escueta de su declaración. Dijo que iba distraído y que recién se dio cuenta de lo que sucedía cuando la mujer volanteó bruscamente y oyó el disparo. También contó que no vio la cara del asesino.
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