LOS OBISPOS PIDEN QUE HAYA MÁS DIÁLOGO
Más allá de la preocupación constante por los pobres y los excluidos, la nota distintiva de los mensajes que la Iglesia transmitió en esta Navidad fue la creciente preocupación por las tensas relaciones que el Gobierno mantiene con sectores de la sociedad.
El arzobispo de Buenos Aires y presidente del Episcopado, cardenal Jorge Bergoglio, centró su homilía navideña en un llamado a la esperanza y se refirió al difícil escenario en el que hoy la Iglesia lleva adelante su tarea en nuestro país.
“No le tengan miedo a nadie. Dejen que vengan las lluvias, los terremotos, los vientos, la corrupción, las persecuciones al resto de los justos”, dijo Bergoglio, al recordar un pasaje del capítulo 7 del Evangelio de San Mateo, en la misa de Nochebuena celebrada en la Catedral.
Fuentes eclesiásticas consultadas por LA NACION admitieron que la referencia bíblica se inscribe en el contexto del difícil momento que atraviesan las relaciones de la Iglesia con el Gobierno. Señalaron al respecto: “Siempre los obispos se dirigen a su feligresía y a los hombres de buena voluntad, pero saben que sus palabras van más allá y tienen un alcance más amplio. Están dirigidos a los gobernantes y a quienes tienen responsabilidades de conducción”.
Desplante e impaciencia
Tras señalar que “Dios no conoce el desplante y la impaciencia”, Bergoglio se refirió en su homilía al verdadero sentido de la Navidad y señaló: “El reino de la apariencia, autosuficiente y fugaz, el reino del pecado y la corrupción; las guerras y el odio de siglos y de hoy se estrellan en la mansedumbre de esta noche silenciosa, en la ternura de un niño que concentra en sí todo el amor, toda la paciencia de Dios”.
El cardenal primado expresó que la presencia de Dios en Navidad “destruye el peso de la derrota, la tristeza de su esclavitud y planta la alegría […] No es un aviso en Sociales. Se trata de un anuncio que toca el núcleo mismo de la historia”.
La necesidad de un mayor compromiso con los pobres y los excluidos, el llamado a la reconciliación y a abrir canales de diálogo con la sociedad fueron los reclamos más notorios de los obispos.
“Ser humildes y no creernos superiores a nadie; ser mansos y no violentos para con todos los hombres”, pidió el arzobispo de Tucumán y vicepresidente primero del Episcopado, monseñor Luis H. Villalba, en su mensaje navideño, titulado, “¿Qué hemos hecho por nuestros hermanos?”. Y reclamó “estar atentos hacia aquellos que son más débiles para poder servirlos”.
Monseñor Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, reflexionó junto a los fieles sobre el pedido de perdón. “Debemos aprender de nuevo qué significa vivir en el amor, qué significa perdonar y pedir perdón. Perdonando al hermano podemos restablecer los lazos familiares deteriorados y el tejido social tan debilitado. Hoy, más que nunca, necesitamos vivir en paz”, dijo .
En coincidencia con el mensaje del papa Benedicto XVI por la Jornada Mundial de la Paz, Frassia precisó que “no habrá paz si no se vive en la verdad”. Y agregó: “Perdonar significa aceptar la realidad de que el otro se ha equivocado, pero además significa aceptar que también nosotros nos equivocamos, aunque nos justifiquemos diciendo que quizás hemos estado confundidos o muy susceptibles. Y significa, incluso, aceptar que las cosas no siempre salen como deseamos”.
Un llamado a la disposición al diálogo formuló el arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta, que hasta noviembre último presidió la Comisión de Pastoral Social. “El Estado y los gobiernos deben favorecer el diálogo político, en el cual tiene derecho a terciar también la Iglesia desde su propia competencia, mediante el anuncio de la Doctrina Social, y deben evitar que se lo suplante mediante la imposición de un pensamiento único o de la hegemonía de un sector social”.
El arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez, puso el acento en las “situaciones difíciles” que vive la población “porque tenemos dificultades económicas serias, porque hay relaciones deterioradas o relaciones rotas porque hay falta de diálogo, falta de perdón, falta de reconciliación; porque hay una pobreza estructural que se vuelve agobiante”. Dijo que tales dificultades “no son callejones sin salida que nos pueden hundir en el desencanto, en la tristeza, en la depresión, sino que son desafíos”.
También el arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, abogó para que los gobernantes no miraran con indiferencia la marginalidad que aún persiste en la sociedad argentina.
El obispo de San Justo, Baldomero Carlos Martini, pidió a los ciudadanos y dirigentes que encontraran en esta Navidad “la luz de Cristo, para construir juntos como hermanos la civilización del amor y la cultura de la vida, la cultura de la comunión y el diálogo, y la cultura de la justicia, del perdón y de la paz”.
Finalmente, monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, reflexionó sobre el sentido de la fiesta navideña y dijo: “La imagen adecuada de la Navidad no es Papá Noel con su trineo y los renos; ni siquiera el arbolito cargado de luces y regalos, sino la Virgen María con el Niño Jesús entre sus brazos”.
Este contenido no está abierto a comentarios

