LOS PENALES LE DIERON A RIVER OTRA VIDA EN LA COPA
No jugó a lo River. Por eso los lujos brillaron por su ausencia. No jugó a lo Boca, como en el 1 a 0 conseguido allá en Torreón. Por eso no se vio un equipo sólido ni confiable. ¿A qué jugó entonces River anoche? Jugó al límite. Jugó con el corazón de la gente. Jugó con el máximo sueño. Jugó con fuego. Y no terminó quemado porque en los penales aparecieron las manos de Germán Lux para responder como no lo había hecho en los 90 minutos y el juez de línea paraguayo Celestino Galván para repetir la ejecución de Daniel Montenegro que en primera instancia había atajado Christian Lucchetti, una decisión polémica que dejó al dignísimo Santos Laguna con la amarga sensación del despojo.
Este River que saltó a los cuartos de final (se encontrará Cruzeiro o Deportivo Cali) padeció porque le costaba encontrar la pelota, y cuando la encontraba, la perdía. Cometía muchos más errores de lo habitual, y de lo permitido. Dejó venir al Santos Laguna, que se agrandó y acertó en el primer remate al arco serio, en ese tiro libre que Héctor Altamirano puso al lado de un palo, muy cerca de un Germán Lux estático, sin reacción. Todo había nacido en uno de los déficits de River: cometió varias faltas cerca del área, un pecado grave con un pateador como el todoterreno Altamirano, que le pega con las dos piernas con precisión y fuerza.
A los 24 minutos, cuando acertó el Santos Laguna por primera vez, se acabó la paz, se esfumó la ventaja conseguida en Torreón. Cambió el mapa del partido. La tranquilidad se mudó de campamento. A River lo invadió la desesperación y el apuro.
River no tenía salida clara. Coudet iba, pero no desequilibraba. Luis González no acertaba una. Gallardo no lograba sobreponerse a la marca de Veiga. Cavenaghi, aunque casi no le llegaba, hacía lo que podía. Y Salas podía poco y nada. Por algo recién actuó Lucchetti a los 37 del primer tiempo, con un tiro de Cavenaghi que, bien parado, pudo desviar.
Santos Laguna confirmaba su buena fama de visitante: arribó a Núñez invicto en esa condición en esta Copa. Y jugó sin complejos. Por si hacía falta otra comprobación asestó el segundo gol en el nacimiento de la etapa final, cuando Rojas durmió, cuando Lux no salió a tiempo y cuando Vuoso la punteó justo al 2-0.
River quedaba eliminado. Entonces, fue con todo al frente. Enseguida, le hicieron falta a Coudet (salió lesionado por esa acción, entró Sambueza y Lucho pasó de “8”) y el tiro libre de Gallardo rebotó en un palo. Ahí nomás Tula se mandó, la tocó atrás y el remate suave de Salas se fue apenas desviado. Parecía que no era la noche de River.
Después, el nerviosismo, la búsqueda y la vorágine de River se acrecentaron con el correr de los minutos. Entraron el Rolfi Montenegro y Maxi López por Gallardo y Tula. Tres delanteros y todos al ataque, ante el fastidio de la gente. Hasta que tras una gran atajada de Lucchetti a Sambueza que terminó en córner, Salas aprovechó el centro y festejó su gol 200 con un zurdazo.
River no quería los penales. Y fue por más construyendo un final para la emoción que le sirvió para esconder todos sus defectos anteriores. Tanto fue River que hizo figura a Lucchetti, quien se lo tapó dos veces a Cavenaghi, dos a Maxi y una a Salas. Todo ante un Santos que no renunciaba a contraatacar. Sin embargo, el 1-2 no se alteró. Y vinieron los penales de la sospecha que le dieron otra vida a River en la Copa Libertadores, su obsesión.
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