LOS PERICOS AGITARON AL PÚBLICO EN EL FESTIVAL DE ROCK
En una gran fiesta que hizo vibrar a 18 mil personas, el reagge pop de Los Pericos cerró agitadamente la sexta y penúltima fecha del maratónico festival rockero que —incluyendo la jornada de ayer— convocó en los tres últimos fines de semana a 105 mil personas. El Bahiano y compañía supieron muy bien cómo elevar hasta el ardor una jornada que transcurría sin euforia ni grandes sorpresas en la cancha auxiliar de River.
La noche más “fiestera” de la saga, suspendida el sábado pasado por mal tiempo, había arrancado en los escenarios alternativos con Ranas X (la banda del notero Camilo García), Trujamán, Parraleños y Flavio. “¿A qué hora tocan los Auténticos Decadentes?”, preguntaban algunos despistados que ignoraban que la banda de Cucho se había tenido que bajar de la fecha para cumplir con otro compromiso: en ese momento, los Decadentes estaban girando por escenarios mexicanos. En su reemplazo, los organizadores convocaron a Emmanuel Horvilleur, convertido ahora en clásico del festival: ya se presentó ¡tres veces! El ex Kuryaki cerró el precalentamiento en las tablas mayores con su mix de riffs rockeros, cumbia y baladas souleras de Música y delirio, su psicodélico álbum debut, y le dio paso a la primera de las bandas grandes de la noche: La Mississipi. Con un set breve pero intenso, el blues con actitud de la banda liderada por Ricardo Tapia, que está grabando su octavo disco, empezó a mover a un público adolescente y familiar que en los entretiempos inflaba la expectativa con cantitos pro Pericos, aunque todavía faltaban los shows de Memphis La Blusera y Turf.
Adrián Otero, el politizado cantante de Memphis (apoyó a Mauricio Macri en Capital y a Carlos Rovira en Misiones), prefirió ahorrar comentarios políticos y ofreció con su banda una hora de música enaltecida por el saxo de Emilio Villanueva. Después de la seguidilla de grandes éxitos —La flor más bella, Moscato, pizza y fainá y La Bifurcada (con Otero desnudándose en grotesco plan stripper)—, los Memphis cerraron con Rodar o morir, un tema inédito dedicado a todos los músicos, y le pasaron la posta a Turf y su rock ‘n’ roll glamoroso. El grupo comandado por Joaquín Levinton (pantalón y tapado negro, lentes rectangulares y collar plateado) abrió el show con un juego de rayos láser y Loco un poco, recordando que ésa era la noche de los singles convertidos en grandes hits gracias al poder de la radio y la televisión. Luego arremetieron con un repertorio de sólo seis temas (casi todos de Turfshow, 2001) y cerraron con Yo no me quiero casar, ¿y usted?, bailado frenéticamente por el rolinga del videoclip mientras Levinton decía “¡Qué aburrido debe ser, tener sólo una mujer!”
Pero el momento más alto de la noche llegó con los 23 temas de Los Pericos y un público enfervorizado que, munido de bengalas y banderas con el papagayo de la banda, no paró de rebotar con el Bahiano, Juanchi Baleirón (guitarra) y compañía. Babel fue el disparador de un vertiginoso recorrido por la discografía perica, que despegó con El ritual de la Banana y llegó a Desde Cero, disco con el cual Los Pericos están viviendo su momento más elevado de popularidad (vienen de llenar cinco veces el Luna Park).
El itinerario incluyó momentos de éxtasis carioca (Eu vi chegar) pero también emotivos (Cerca de mí). En la noche en que River debería haber estallado con Metallica, Los Pericos tuvieron la misión de sacudir al público. Y lo lograron.
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