LOS PIBES VOLVIERON A GANAR EL CLÁSICO, ESTA VEZ 3-1 Y CON UN FINAL A TODA ORQUESTA
“No sirven de mucho los atenuantes cuando de alimentar el ego se trata. Si no, que lo diga el River de Astrada, que le volvió a ganar al Boca de Bianchi otro Superclásico. No importó que fuera un partido de verano ni que se trataba de equipos de repuesto… No señor: nada le impidió a la gente de River inflar el pecho, enamorarse más de este equipo y cantar hasta la afonía el himno del verano: Que de la mano, del Negro Astrada, todos la vuelta vamos a dar….
Esta vez, en Mendoza, fue 3 a 1. Que se gozó mucho más que el 1-0 de Mar del Plata. Porque River lució más aceitado, tuvo bastantes más merecimientos y hasta terminó floreándose. Y, como si esto fuera poco, porque le enrostró a Boca su segunda derrota superclásica y su cuarta caída consecutiva en el verano.
Ganó River (casi golea) y hubo fiesta. Y estuvo bien. Cayó Boca y, aunque se intentó relativizar el traspié con que la hora de la verdad aún no llegó, hubo muecas de preocupación. Lógicas, claro…
Fueron cinco, seis, siete esos minutos iniciales en los que Boca no podía despertar de la pesadilla. No había manera de salir del área: River lo condicionaba, lo sofocaba, lo arrinconaba.
Recargando el juego sobre la derecha con Gabriel Pereyra, haciendo cambios de frente hacia Sambueza o, simplemente, dándosela a Ludueña, el equipo de Astrada no soltaba la pelota. River, sin dudas, parecía más e impresionaba mucho mejor.
Sin embargo, por esas cuestiones propias del fútbol, fue Boca el que —una vez que salió a flote y llegó a pasar la mitad de cancha— arrimó peligro del bueno al otro arco. Siempre de la mano de Marinelli, tuvo un par de chances para ponerse en ventaja. Un con traataque terminó dando en el brazo de Nasuti, pero Martín hizo seguir. Otra escalada del otro Carlitos hizo que Caneo definiera por arriba. Y un tiro libre del propio Marinelli, lo mejorcito de Boca, dio en el travesaño y se elevó.
Lo concreto fue que el Superclásico fue desandando su camino en un ida y vuelta permanente. Había olorcito a festejo en cualquiera de las dos áreas. Fue para River, luego de una excelente maniobra del Hachita. La llevó por izquierda un trecho largo, y cuando todos esperaban el pase a Miranda, enganchó hacia el medio. Ante la mirada atenta de varios defensores, sacó un remate preciso y precioso: golazo.
Iban 35… River pudo haber liquidado el partido enseguidita, pero Husain cabeceó a las manos del arquero y Maxi López, desde el mismo lugar que la metió Ludueña, definió alto. Golpe por golpe, Boca llegó al empate a los 40: corajeada y centro de Villarreal, desvío en Rojas, manotazo descontrolado y apurado de Costanzo y Caneo, agradecido, la mandó adentro (no llegó Nasuti).
Un minuto más tarde, Muñoz hizo una bien y otra mal y River se puso 2-1. Primero, le tapó un mano a mano a López, pero luego, ante un centro del debutante Juan Fernández (pegó en el taco de Calvo), no pudo detener el cabezazo de Sand, la gran figura.
Costanzo se quedó en vestuarios por una molestia y fue con Saccone en el arco que River salió a defender la ventaja. No sólo que la defendió sino que la estiró. Porque de movida, en este complemento tuvo tres situaciones claras en los primeros 5. Con un clásico ya menos atractivo, Montenegro puso la frutilla del postre con un tiro libre al ángulo.
Por eso, porque la bandita lució impecable y afinada, River tuvo un final a toda orquesta.
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