LOS PINGÜINOS DE PUNTA TOMBO SUFREN ESTRÉS POR CULPA DE LOS TURISTAS
Alguna vez los llamaron pájaros bobos, por esa forma simpática de balancearse al caminar. Pero todo tiene una explicación. Hace unos años, en la Universidad de California, descubrieron que ese movimiento no es casual: obedece a un ahorro de energía. Los pingüinos caminan mucho, más de 80 kilómetros de una sola vez, y tienen patas muy cortas. Por eso se mueven como se mueven. Es la única manera de soportar dignamente el esfuerzo.
Ahora, una nueva investigación sobre sus hábitos tiene que ver con sus hormonas y su grado de estrés. Especialmente el provocado por la cercanía de humanos con afán ecoturista. El investigador Brian Walker y su equipo, de la Universidad de Washington, decidió investigar qué pasaba en la reserva faunística argentina de Punta Tombo, en Chubut, donde vive una de las colonias de pingüinos magallánicos más importantes del mundo. Y una de las que reciben más visitantes por año. Sólo en 2004 pasaron por allí 70 mil personas, según comenta P. Dee Boersma, del Departamento de Biología de la Universidad de Washington, uno de los involucrados directamente con esta investigación. “Eso nos llevó a elegir ese lugar. Allí viven animales que tienen mucho contacto con visitantes”. El trabajo de campo se desarrolló entre 2001 y 2002. En ese tiempo se monitorearon los cambios en los giros defensivos,de cabeza y en los niveles de corticoesterona, una hormona que es secretada como respuesta al estrés.
Las mediciones las realizaron en dos grupos. Uno que recibía con frecuencia la visita de turistas y otro que no estaba en contacto con ningún curioso. En el que no había sido expuesto se notó que el número de giros de cabeza en actitud defensiva decrecía significativamente a los cinco días de una visita de 15 minutos. Encontraron además que los que tenían un mayor contacto con los humanos presentaban un aumento de nivel de la hormona corticoesterona.
“A mi entender, los trabajos de Brian Walker no indican que los pingüinos magallánicos padecen más estrés por las visitas. Esas investigaciones muestran desde el aspecto fisiológico lo que ya se había observado desde lo comportamental: los pingüinos adultos se habitúan a las visitas que son bien implementadas. Aunque los pichones sí registran una respuesta de estrés”, explica el investigador Pablo Yorio, del Centro Nacional Patagónico.
Boersma, desde Washington, confirma las apreciaciones del argentino: “Queríamos saber si el ecoturismo provocaba que los pichones de la zona turística se diferenciaran de los que no eran expuestos a curiosos. Lo que descubrimos fue que los pichones visitados desarrollaban su respuesta al estrés antes de los que no veían a turistas”. Lo que se infiere de la investigación es que, como siempre, la moderación es lo más saludable. En este caso, se sabe que el ecoturismo debe fomentarse sobre una premisa: el respeto y la delicadeza frente a los animales. Mirar pero no tocar. No molestar, no perturbar.
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