Los planes sociales, un arma clave para Dilma
La asistencia juega un papel decisivo para lograr la reelección.
El ama de casa carioca Claudia Moraes afirma que no le gusta la política y que no sabe nada de economía. No tiene ni una computadora ni un smartphone para interactuar en las redes sociales, agitadísimas ya con la cercanía de las elecciones de mañana. A la presidenta Dilma Rousseff apenas la vio de lejos una vez, allá por 2010, cuando en los anteriores comicios generales la ahijada política de Luiz Inacio Lula da Silva visitó la favela de Pavão-Pavãozinho. Fue suficiente para que Moraes se convirtiese en una fanática de la mandataria, a quien le está agradecida de por vida por la asistencia social que recibe del gobierno.
Por realidades como la de Moraes es que muchos analistas sostienen que los planes sociales son la mejor arma que tiene el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) para ganar mañana. Entre los 14 millones de hogares que reciben los subsidios mensuales (de unos 70 dólares) de Bolsa Familia, el más amplio de los planes, se encuentra el 23% de los 142,8 millones de brasileños que deben votar.
“Tengo tres hijos, dos gallinas y un perro. Con el sueldo de mi marido -Felipe-, que es guardia de seguridad en un estacionamiento del centro, apenas nos alcanza para la comida. Gracias a Dilma, tenemos esta casa”, señala Moraes, con una fuerte pisada en la humilde vivienda de tres ambientes de la favela, enclavada en la cima del morro de Cantagalo, mientras cuelga la ropa recién lavada en el techo de este bastión dilmista, con más pósteres de la presidenta que fotos familiares.
Moraes, de 39 años, es uno de los 85 millones de brasileños (42% de una población total de 202 millones) que, según el Ministerio de Desarrollo Social, forma parte del Registro Único de los 19 programas sociales del gobierno federal. Recibe el famoso plan Bolsa Familia y fue beneficiada por el programa Mi Casa, Mi Vida para personas que ganan hasta tres salarios mínimos (unos 880 dólares).
No vio ninguno de los debates televisivos, pero le prestó mucha atención a la propaganda del PT, que apuntaba que si la ecologista Marina Silva, candidata del Partido Socialista Brasileño (PSB), o el senador Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), ganasen las elecciones, se terminarían los recursos para los programas sociales.
“No tengo nada contra Marina; ella tiene la piel oscura como nosotros, pero no confío en ella, que ahora anda rodeada de banqueros. En cambio Dilma, estoy segura, no nos abandonará”, opinó antes de ponerse a cacarear en busca de una de sus gallinas que se había escabullido por una de las callejuelas de la comunidad.
Las encuestas, que le otorgan a Rousseff una intención de voto del 40% para la primera vuelta electoral de mañana, confirman el favoritismo de las clases más bajas por la actual mandataria. De acuerdo con el último sondeo de Datafolha, se lleva el 50% de las preferencias entre los votantes que ganan hasta dos salarios mínimos frente al 20% de Silva y el 16% de Neves. Ya en la “nueva clase media”, personas que ganan de dos a cinco salarios mínimos, los respaldos están más divididos: la presidenta cosecha el 36%; la ecologista, el 28%, y el senador, el 22%. A medida que se avanza en la escala socioeconómica, se reduce el apoyo a Rousseff.
No es de extrañar, por tanto, que los estados que más dinero reciben para los planes sociales, concentrados en el norte y el nordeste del país, sean aquellos donde el PT se impone.
“Sin duda estos programas sociales acaban influyendo sobre los electores más carenciados, que ven a la presidenta como una madre que los cuida. Y el gobierno se aprovecha de esta imagen, como sucede en todo el resto de América latina, que históricamente se rinde a este tipo de populismo”, señaló a LA NACION Flavio Britto, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia.
Esta vez, con una adversaria como Silva, hija de empobrecidos recolectores de caucho del amazónico estado de Acre, analfabeta hasta los 16 años y ex correligionaria del PT (fue ministra de Medio Ambiente de Lula), la tarea de convencer a los electores de baja renta a favor de Rousseff fue más difícil. Pero la maquinaria propagandística petista puso todo su empeño.
“Yo sé lo que es pasar hambre. Todo lo que mi madre tenía para ocho hijos era un huevo, un poco de harina, sal y una cebolla cortada. Quien vivió esa experiencia jamás acabará con el Bolsa Familia. No es un discurso, es una vida”, contestó emocionada Silva en sus avisos televisivos ante la campaña de miedo que instaló el PT.
Lo cierto es que, reconocidos mundialmente por haber ayudado a sacar a 36 millones de personas de la pobreza, los planes sociales brasileños -además del Bolsa Familia y Mi Casa, Mi Vida, otros como Agua para Todos; Luz para Todos; Programa Nacional de Acceso a la Enseñanza Técnica y el Empleo; Más Educación; Bolsa Verde; Brasil Alfabetizado, etc.- se ganaron la aprobación de todos los candidatos presidenciales.
“Los buenos programas del PT van a ser mantenidos y mejorados”, resaltó Neves, en el último debate televisivo, anteanoche, en el que recordó que fue el presidente Fernando Henrique Cardoso, del PSDB, quien originalmente lanzó la idea de programas de transferencia directa de renta. “Pero lo que queremos nosotros es superar la pobreza, no administrarla, como parece ser la intención de este gobierno”, aclaró, en referencia a la necesidad de que se ofrezca a los beneficiarios una salida de esta asistencia social.
De acuerdo con un análisis de las Naciones Unidas, lo que permitió a Brasil avanzar mucho en la reducción de las desigualdades sociales en estos últimos doce años fue la combinación de estos programas sociales con el crecimiento económico, la creación de empleos y la valorización del salario mínimo. Con una economía en virtual estancamiento (se espera para este año una expansión de apenas entre 0,3 y 0,9%), y una inflación en alza (6,5% en el último año), los efectos de los planes son limitados. Y si no vienen acompañados de reformas estructurales que permitan la movilidad social, perpetúan el asistencialismo. Aún así, Rousseff, en plena campaña, prometió que aumentará un 10% las ayudas del Bolsa Familia y que mantendrá el reajuste del salario mínimo por encima de la inflación si gana un segundo mandato.
PROGRAMAS QUE HACEN DIFERENCIA
14 Millones de hogares
Se benefician con subsidios del Bolsa Familia, el plan social más amplio (unos 70 dólares por mes).
23% De los electores
Reciben los beneficios de los distintos programas sociales que tiene el gobierno de Dilma Rousseff.
Fuente: La Nación Digital
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