Los pueblos originarios
Los navajos de Estados Unidos, los ainy de Canadá, los esquimales del Polo Norte, los otomí de México, los mayas de Guatemala, los wayuu de Colombia, los aymará de Perú, los Kollas de Bolivia, los karirí xocó de Brasil, los guaraníes de Paraguay, los charrúas de Uruguay junto a los mapuches, diaguitas calchaquíes, sanavirones, comechingones, quilmes, araucanos, tehuelches, tobas, wichís, pilagás, mocovíes y ranqueles de Argentina se juntan en Formosa, del 15 al 17 de abril, para dar vida al Segundo Encuentro de Pueblos Originarios.
A un costado del puerto el gobierno formoseño ha dispuesto un corredor con gran cantidad de carpas que llevan nombres relacionados a los aborígenes y ha convocado a artesanos de todas las latitudes. Los oradores principales duermen en los principales hoteles y los aborígenes artesanos en las carpas donde de día ofrecen su mercancía.
Hay un stand de la Cámara de Diputados donde habitan los legisladores mejores pagos del país. Ellos sancionaron una ley de protección para los aborígenes pero, por lo visto, poco se cumple. Hay charlas para todos los gustos. Chumbita habla del origen indio de Perón y Belgrano, un tataranieto de Belgrano, del pensamiento belgraneano a cerca de la igualdad de oportunidades, esas que los aborígenes poco pueden disfrutar.
Hay espectáculos de huarpes desconocidos, mapuches mostradores de lo suyo y del gran charango argentino: Jaime Torres. Hay talleres de casamientos comechingones, baños ceremoniales o instrumentos típicos. Hay proyección de videos de caciques que son una reinvindicación y de Patoruzito, que es una provocación.
Formosa vive el segundo Encuentro de Pueblos Originarios con mucha presencia oficial. El Gobernador Insfrán, Gildo para los amigos y para los carteles, lo inauguró y los aborígenes lo hacen. Cientos han venido de todo el país y un puñado de todo el continente. Sin embargo, se quejan, la prensa capitalina poco ha dicho. Se vende de todo eso que ya no es novedad por causas de la globalización. Y se vende lo que se puede para poder volver porque algunos sólo han traído para el pasaje de ida.
Rubén Patagonia o Luisa Calcumil se destacan entre los más consagrados y muchos otros quieren ser un día como ellos y conquistar los escenarios. En una nube de colores, se ofrecen prendas de vestir, instrumentos musicales o comida típica. Da la sensación que hay dos encuentros en uno: el de los escritorios y el de los stand. Igualmente vale el intercambio y la experiencia de convivir con los que siguen agradeciendo a la pacha mama sin saber que ella también se ha occidentalizado.
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