LOS PUMAS BUSCAN LA ADAPTACIÓN EN SIDNEY
La gigantografía de la publicidad de una tarjeta de crédito con el australiano John Eales, el neozelandés Zinzan Brooke, el sudafricano Francois Pienaar y el escocés Gavin Hastings forcejeando con una copa que semeja ser la Webb Ellis da la bienvenida a todo aquel que coloque un pie en el aeropuerto de Sydney. De entrada los anfitriones hacen notar que en poco días comenzará el primer Mundial del nuevo milenio, aunque por estas horas la agenda deportiva esté ocupada por otra actividad relevante, más incluso que el juego de quince hombres: la gran final del rugby league, por disputarse pasado mañana entre Rooster y Phanters, los representantes de los suburbios este y oeste, respectivamente, de esta capital.
Y hay más. Porque mañana, en el Aussie Stadium (donde el 22 del actual los Pumas jugarán con Rumania), Randwick e Eastwood medirán fuerzas para quedarse con la corona del rugby Union. Es mucha pasión diversificada, reparto en el que la cita mundialista aún va en desventaja. “El interés por el Mundial va a empezar el lunes. Antes, olvídense”, exclama cada aussie al que se le pregunte algo sobre el torneo que impulsa la IRB.
Desinteresado por la agitación local, el seleccionado argentino se mantiene recluido en sus obligaciones. Los dirigidos por Marcelo Loffreda y Daniel Baetti, todavía no aclimatados por completo al abrupto cambio de husos horarios (hasta la medianoche del 25 habrá 13 horas, y luego de esa fecha serán catorce), se aferraron al trabajo para orientar los sentidos a lo que sucederá del actual próximo, cuando llegue la hora del estreno frente a Australia.
Incluso, las preocupaciones pasan por otro lado en el búnker argentino en Coogee Beach. Porque anteayer, después de unos ejercicios en la pileta, Ignacio Corleto empezó a sentir un intenso dolor en la zona baja de los abdominales, malestar que podría tratarse de un principio de pubialgia. “Puede haber hecho un esfuerzo y se trata sólo de una inflamación en fase abdominal. Vamos a esperar un día más para ver cómo se siente. Pero va a estar bien, va a poder jugar”, detalló el médico Mario Larrain, al consultarlo por las posibilidades de que el fullback de Stade Français no llegue a recuperarse para el partido inaugural.
Para Corleto, que tuvo una jornada de estricto reposo (se aplicó hielo permanentemente en la zona afectada), con una breve licencia para fortalecer brazos y hombros. “No lo puedo creer, me quiero matar… Además, como no puedo hacer nada, me tengo que quedar quieto y me pongo más ansioso. ¿Qué me pasó? No sé, pude haber hecho un exceso de fuerza en algún tipo de ejercicio, pero no sé… hay que esperar. Mañana (por hoy) voy a ver si puedo correr un poco”, manifestó el Nº 15.
Más allá de la incertidumbre momentánea por el estado de Corleto, el esquema de tareas de los Pumas sigue como estaba pautado. Para la presentación en el Telstra Stadium quedan por delante una decena de entrenamientos. Las sesiones -como la de ayer- son en doble turno, sin demasiada exigencia (duran un poco más de 60 minutos). La planificación no se altera, y tan sólo puede aceptarse un cambio, como sucedió ayer que, por la copiosa lluvia, en vez de moverse en un campo con luz artificial -para adaptarse a los horarios de los compromisos por la Copa- lo hicieron en la cancha del basquetbol del gimnasio cubierto de Randwick Barracks, una base militar utilizada como sede de los entrenamientos. Los backs efectuaron varios ejercicios para el control de pelota y la rapidez en los pases, mientras que los forwards (con Ledesma, Méndez y hasta Roncero, como máquinas lanzapelotas) se dedicaron a corregir el line.
En Coffs Harbour, ubicada a unos 500 km al norte de Sydney, los Wallabies esperan el choque con los argentinos de otra manera. A su estilo. La jornada de ayer se la llamó “Día de golf”, y todos los jugadores interesados no hicieron otra cosa de hacerse una escapada a los greens del Bonville Golf Resort. Distintas formas de consumir la vigilia, pero la cuenta regresiva avanza y el momento de la verdad se aproxima.
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