LOS PUMAS DEFINEN FRENTE A IRLANDA SU FUTURO EN EL MUNDIAL
En estos últimos cuatro años, argentinos e irlandeses habrán visto decenas de veces el partido del 20 de octubre de 1999, en Lens, Francia, por el pasaje a los cuartos de final de la cuarta Copa del Mundo. Es difícil encontrar una comparación técnica entre aquel test y el que se jugará mañana a partir de las 18, las 4.30 de la Argentina, en el Adelaida Oval de esta ciudad. Pero, sin dudas, hay un elemento en común: el corazón. Y el que lo tenga más encendido será el que se lleve la victoria en la batalla más trascendental del Grupo de la Muerte.
Para Los Pumas, este partido es a todo o nada. Una victoria los colocará a las puertas de ubicarse nuevamente entre los 8 mejores del mundo. Una derrota inevitablemente los mandará de vuelta a casa. Un empate los obligará a esperar una semana para que Australia les de una mano en el choque que protagonizará con Irlanda en Melbourne.
Mañana habrá en el césped del Adelaida Oval nueve de los 15 Pumas que lograron la épica victoria del 99, por 28-24, y otros tres estarán en el banco. Irlanda repite sólo a seis. Pero en estos cuatro años ambos equipos crecieron notablemente y hoy se encuentran en un nivel muy parejo. Por eso es difícil comparar técnicamente los dos partidos.
Aquí la clave estará en la adrenalina que salga de cada uno y, como bien apuntó ayer Marcelo Loffreda, en el que esté mejor mentalmente. Si Los Pumas consiguen sacar a flote su histórico corazón es muy posible que con eso superen las ansias de revancha que tienen los irlandeses desde hace cuatro años. Pero, además, habrá que ver cómo influyó en la cabeza de los jugadores argentinos el hecho de no jugar los dos últimos partidos de este Mundial. Hay dos alternativas que sólo se sabrán al final del encuentro: o el parate sirvió como una inyección para salir a llevarse por delante a cuanta camiseta verde se les cruce, o el fastidio se terminó convirtiendo en un bloqueo que puede llegar a archivar al coraje.
Los Pumas ponen en la cancha un equipo que tendrá cambios en varios puestos clave con respecto al que perdió en el debut frente a los Wallabies. En la primera línea entran Mauricio Reggiardo (Omar Hasan ni siquiera va al banco) y Federico Méndez; en la segunda, Rimas Alvarez va por el pibe Patricio Albacete; en la tercera, Lucas Ostiglia será el 6 en lugar del histórico Santiago Phelan; como apertura vuelve Gonzalo Quesada y Felipe Contepomi reemplazará a su hermano Manuel como primer centro. Son, hoy, los mejores 15 para enfrentar a Irlanda.
Uno de los dilemas pasa por saber cómo funcionará un equipo en el cual la mayoría de sus 15 jugadores actuó en apenas un partido en lo que va del Mundial. No se trata tanto del entendimiento, porque esta es la base de los últimos cuatro años, salvo en la pareja de medios, aunque también es cierto que Pichot y Quesada jugaron juntos en decenas de test, incluidos todos los del último Mundial. El tema pasa por la cabeza de los que siempre creyeron que iban a llegar a este encuentro con más minutos adentro de la cancha.
Irlanda es un equipo durísimo, muy compacto en todas sus líneas. Tiene un hooker excepcional en el capitán Keith Wood; una segunda línea poderosísima en el line (Malcolm O’Kelly marca diferencias con sus 2.04 metros); una tercera línea que siempre está encima de la pelota; una pareja de medios que juega de memoria y con un pateador fantástico como David Humphreys (autor de todos los puntos en el 99); dos centros poderosos, entre los cuales se encuentra Brian O’Driscoll, una de las estrellas de este Mundial; y dos wines, Dennis Hickie y Anthony Horgan, que desequilibran con su potencia y velocidad.
Los Pumas tienen que mejorar sí o sí el line. Si no consiguen saques propios de esa formación, será difícil ganar el partido, porque, entonces, el control del juego pasará a manos de los irlandeses. Y lo que más necesitan los argentinos es obtención.
El scrum es otra de las armas, pero esta vez no parece decisiva. Sí lo será la organización defensiva, con error cero en el primer tackle y muchísima presión para obligar la falla rival. Porque cuando a Irlanda se la acorrala, se desordena con facilidad. Por ahí puede estar una de las llaves.
La otra, al contrario del test con los Wallabies, estará por afuera, en los backs. Será clave que Pichot esté más rápido que nunca y que se busque a Contepomi para quebrar la línea de ventaja. Y si Corleto se une desde el fondo con toda su categoría de crack, Los Pumas pueden romper el esquema irlandés.
Habrán muchísimas cosas en juego en un estadio que estará repleto por 33.600 personas, en su enorme mayoría irlandeses. Aunque es difícil buscarle paralelos con el fútbol, este partido es, hasta en el entorno, como aquel de Argentina-Inglaterra en el último Mundial de Corea-Japón. Irlanda lo espera tanto como lo aguardaron Beckham y compañía. Y sería bueno que Los Pumas recuerden lo que ocurrió con el equipo de Bielsa.
También es un test clave para el futuro del rugby argentino. Sólo una victoria le daría una chance de seguir peleándole a los poderosos que armaron este perverso sorteo y fixture de la quinta Copa del Mundo. Una eliminación en la primera ronda significaría dar una batalla desde muy abajo, demasiado despareja.
Es el gran partido. Hay un viejo lema en el rugby de que a fuerzas iguales, desnivela el corazón. Aquí también se necesitará la cabeza. Los Pumas saben mucho de esto, y allí está el video de lo que ocurrió el 20 de octubre de 1999. Irlanda también conoce esta historia. En sólo 80 minutos se sabrá si este nuevo capítulo tiene un mismo final o si es el final de un sueño.
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