LOS PUMAS Y EL OBJETIVO DE MAQUILLAR DIFERENCIAS
Pasaron 30 meses de aquel último enfrentamiento en River ante 60 mil personas —incluido Diego Maradona— vestidas en sus cuerpos y sus almas con los colores de Los Pumas. Aquel 1ø de diciembre de 2001, todos los jugadores del seleccionado argentino de rugby sabían que estaban ante una oportunidad tal vez irrepetible de superar por primera vez a Nueva Zelanda. Es que el equipo de Marcelo Loffreda venía en racha favorable, con dos victorias consecutivas ante Gales y Escocia como visitante. Pero no se dio y dolió aquella derrota por 24 a 20 en el 15ø partido de la historia entre Pumas y All Blacks. Porque todos los argentinos jugaron en un nivel notable y porque el triunfo se escapó por nada.
El tiempo pasó y Nueva Zelanda y Argentina —que chocarán mañana a las 19.30 (4.30 de Buenos Aires)— no son los mismos que aquellos dos que mantuvieron en vilo a River durante 80 minutos inolvidables.
Los neocelandeses vivieron dos años después una nueva frustración en el Mundial de Australia 2003 al perder la semifinal justamente frente a los Wallabies. Hoy a los All Blacks los dirige Graham Henry, un neocelandés que viene de cumplir un extraordinario trabajo en Gales devolviéndole a ese país parte de la gloria perdida, y el entrenador metió mano sacando del plantel a Reuben Thorne, el capitán del Mundial, por ejemplo.
Los Pumas también cambiaron después de Australia. Además de la frustración tras la eliminación en la primera ronda, entre retiros, lesiones y obligaciones con el rugby profesional, Argentina no tendrá mañana en la cancha al menos a nueve titulares de aquel conjunto. Encima, el equipo viene de perder feo contra Gales y tuvo sólo cinco días para aclimatarse a un viaje de 21 horas y a las 15 de diferencia horaria. Parecen, en definitiva, muchas más contras las de Loffreda si se las compara con las de su amigo Henry, quien además viene de ganarle la serie a Inglaterra, el campeón mundial…
Los Pumas saben de grandes epopeyas, triunfos increíbles e imágenes de leyenda. Claro que a la luz de los presentes tan distintos, nada de eso podría importar a la hora que arranque la batalla de Hamilton. De todos modos es importante señalar una serie de puntos que, respetándolos, les servirán a los argentinos para mantenerse de pie hasta el final:
1) El tackle deberá ser a lo Phelan, de la rodilla para abajo, que lastime (un tackle samoano, al pecho, significará un automático rebote).
2) La organización defensiva tendrá que ser perfecta porque cualquier distracción será puntos en contra.
3) Habrá que dormir la pelota en las formaciones, bajar el ritmo del juego de los All Blacks con los forwards.
4) Será necesario evitar el uno contra uno porque individualmente los neocelandeses son mucho más fuertes y veloces.
Cuatro veces vinieron Los Pumas a esta tierra de los hombres de negro y sólo en el primer viaje, en 1979, se llevaron dos derrotas dignas por 9 puntos de diferencia cada una. A medida que el dinero ingresó al rugby y que Nueva Zelanda le sumó a su innegable poder deportivo un asombroso poder económico, la brecha se fue agrandando hasta llegar al pico de 1997 con aquella dura derrota 93 a 8 en Wellington.
Hoy los All Blacks y Los Pumas son diferentes. Aunque es cierto que algo no cambió y ese es el punto más favorable que tiene Argentina: el corazón sigue siendo el de siempre.
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