LOS QUE SE QUEDARON SIN ENTRAR AL ESTADIO
Fuera del estadio cubierto, frente a la pantalla gigante instalada cerca de Ovidio Lagos, una importante cantidad de gente seguía el acto rodeada de un raro paisaje que combinaba, en partes iguales, todo el despliegue típico de un gigantesco operativo de seguridad (patrulleros, sogas, vallados y cientos de efectivos) con el cotillón y el folclore peronista que dentro del estadio lucía pasteurizado. Allí afuera estaban además los vendedores ambulantes que ofrecían alimentos (choripanes, hamburguesas, empanadas turcas), junto a los tradicionales gorros, banderas y vinchas y un buen stock de muñecos de Bob Esponja que seguramente quedaron de clavo tras el Día del Niño. “¡Qué lésico!”, señaló un choripanero que lucía un gorro de Arlequín celeste y blanco al escuchar el discurso del candidato a diputado Agustín Rossi.
Los bombos y redoblantes, un símbolo del folklore peronista que brilló por su ausencia en las tribunas, quedaron relegados a la parte de afuera, donde un grupo de empecinados militantes le dio duro a los parches, como para hacer algo, ofreciéndole un fervoroso recital a las palomas, o mejor, despertando sin piedad a las palomas que intentaban conciliar el sueño en el viejo palomar.
En los añosos árboles de ese sector del Parque sí estaban colgadas las banderas que no podían ingresar al estadio. Y las cientos de personas que se quedaron sin entrar, además de escuchar los discursos, aprovecharon para pasear por el parque, visitar el laguito, e improvisar picnics sobre el pasto o bien sentados en los bancos. Por Oroño, una enorme masa metálica esperaba en silencio: todos los colectivos en que llegó una buena parte de los asistentes.
BANDERAS ENTRADAS “DE CONTRABANDO”
Además del gigantesco pabellón nacional que hacía las veces de telón, todas las tribunas del estadio cubierto de Newell’s Old Boys estaban adornadas con la celeste y blanca. Y muchos de los asistentes agitaban pequeñas banderitas argentinas que les fueron entregadas al ingresar al acto. Pero algunas banderas de distintas líneas del PJ, que estaban expresamente prohibidas por los organizadores, fueron ingresadas al estadio “de contrabando”, lo que causó tensión entre los responsables del armado del acto, que intentaron evitarlo, sin éxito.
Pero finalmente todo esto quedó arreglado. Se toleraron las banderas “prohibidas” para que la cosa no pasara a mayores y todo transcurrió con la paz, la confraternidad y la prolijidad que caracterizó al acto de ayer.
“Para no armar quilombo”, dijo resignado uno de los organizadores, proveniente de una organización barrial, al tiempo que miraba con bronca las cuatro banderas en apoyo del diputado nacional Pedro González y otras tres, muy grandes, que rezaban “Lole conducción”.
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