LOS REBELDES TOMAN LA SEGUNDA CIUDAD MÁS IMPORTANTE DE HAITÍ, Y VAN POR LA CAPITAL
Al menos 60 rebeldes del Frente de Resistencia Nacional para la Liberación de Haití tomaron ayer Cap Haitien, la segunda ciudad en importancia del país y la única del norte que aún estaba en poder del gobierno de Jean Bertrand Aristide. Con armas modernas y uniforme de combate, primero coparon el aeropuerto, luego la comisaría local y por último toda la ciudad de al menos 500.000 habitantes. Ocho policías murieron y sus cuerpos aún podían verse en las calles del puerto de aguas cálidas, contó a Clarín un periodista de una radio local.
El presidente informó anoche que había enviado policías de refuerzo pero no dio más detalles.
La comisaría, en donde los policías ofrecieron poca resistencia y luego huyeron, fue saqueada e incendiada. Una vez que los grupos de rebeldes haitianos que exigen la renuncia del presidente —formados por ex paramilitares, pandilleros y ex seguidores de Aristide—, tomaron la ciudad se desató la locura: disparos al aire en señal de festejos, saqueos a tiendas y al puerto y ataques contra las casa de los seguidores del presidente, los Chemer, se sucedieron durante toda la tarde.
El ataque a esta ciudad había comenzado a las 10 de la mañana, mientras en el centro de Puerto Príncipe seguían los preparativos para el desfile de carnaval de la noche, en donde habría baile, música y mucho ron.
Los rebeldes tomaron primero el aeropuerto en medio del fuego de ametralladoras. Los empleados se refugiaban debajo de las mesas y la gente huía despavorida, según relató un gerente de una aerolínea. “Hoy tomamos Cap-Haitien, mañana tomaremos Puerto Príncipe”, dijo Lucien Estime, un joven de 19 años que se incorporó a la rebelión en su aldea, San Rafael, al sur de Cap-Haitien.
La revuelta popular contra el presidente Aristide comenzó el 5 de febrero, cuando estos grupos armados tomaron la ciudad de Gonaives y varios pueblos del norte, hoy completamente en poder de los rebeldes, a quienes tanto el gobierno, como la oposición y la comunidad internacional califican de “terroristas, criminales y narcotraficantes”. Desde entonces, al menos 70 personas murieron, cuarenta de ellos policías que no pudieron huir.
Miles de personas que gritaban “¡abajo Aristide!”, marcharon junto a una caravana de ocho vehículos robados en los que se desplazaban unos 60 rebeldes. “¡Somos libres!”, cantaba la multitud, arrancando afiches de Aristide que estaban pegados en las paredes de edificios y casas, relató a este enviado el colega de la agencia AP Paisley Dodds, testigo de los hechos.
Algunos saquearon la Radio Africa, una estación pro-Aristide. Luego los insurgentes dispararon contra el edificio del Poder Judicial y de la alcaldía local. Durante el enfrentamiento fue expropiado un avión del aeropuerto, dijo el gerente de Tropical Airways que cubre la ruta Cap Haitien-Puerto Príncipe, Allen Alexandre. Al parecer, fue tomado para que pudieran escapar partidarios de Aristide. Más temprano, unos 10 hombres armados incendiaron una comisaría y liberaron a unos 250 prisioneros.
Radio Kiskeya, otro medio local, informó que la gente robó contenedores que se encontraban en los embarcaderos del puerto. Se llevaban de todo: desde alimentos, hasta impresoras y bolsas de cemento. El grupo estaba al mando del comandante rebelde Jean-Baptiste Joseph, ex líder de un grupo de soldados del desmantelado ejército de haitiano. “El ejército controla la ciudad. Es el ejército el que va a liberar a Haití”, agregó.
Las fuerzas armadas haitianas fueron disueltas en 1995, tras el regreso al poder de Aristide, en 1994, luego de pasar tres años en el exilio a raíz del golpe de estado que terminó en sólo siete meses con su primer gobierno.
Los acuerdos firmados en 1993 en Nueva York, por la ONU y la OEA, y que puso en marcha la invasión armada que desalojó del poder a Raoul Cedras, establecían que el ejército debía ser desmantelado.
Por entonces, tenía más de 7 mil hombres dispuestos a todo. Así es que para defender al país, sólo hay menos de 5.000 policías mal armados y entrenados, dos helicópteros, y ningún armamento de uso militar, como tanques, misiles, o baterías antiaéreas que sirvan para detener a los rebeldes. Por eso, también, es que sólo 200 hombres pueden poner en jaque a un gobierno.
Como una muestra más del descontrol que es este país de ocho millones de habitantes y apenas más grande que la provincia de Tucumán, hace sólo cuatro días, los rebeldes proclamaron en Gonaives la República Independiente de la Artibonita, una de las nueve provincias del país y el “granero de Haití”. La ciudad es la misma donde dos siglos atrás Jean Jacques Dessalines liberó a la isla La Española de los franceses.
Allí, con un ambo blanco de líneas rectas y sus Ray Ban dorados, Buteur Metanyer —el líder político de los alzados en armas— anunció la “liberación” de nuevos poblados, en medio de dispa ros al aire, gritos de aclamación y mucho ron.
Las fuerzas del Frente controlan la mitad del país con su base en el norte, una región estratégica para el tráfico de armas y de drogas que, dicen en esta capital, es la fuente de financiamiento de estos grupos rebeldes.
También controlan desde allí varios pasos fronterizos clave hacia República Dominicana, en donde estuvieron escondidos, acusados de graves violaciones a los derechos humanos, varios de los ahora líderes de los rebeldes.
Al cierre de esta edición, fuentes periodísticas consultadas por Clarín en Cap Haitien contaron que los rebeldes se habían retirado de la ciudad hacia el aeropuerto y que la calma había regresado a sus calles, aunque aún ardían barricadas, automóviles y muebles apilados en las veredas. La estrategia de los rebeldes es tomar una ciudad y replegarse, ya que saben que la policía haitiana no está en condiciones de retomar ningún poblado o ciudad clave que haya caído en poder de los grupos alzados en armas.
Con todo, la segunda ciudad del país no tenía luz y muy pocos teléfonos funcionaban. Aparatos satelitales y celulares eran los medios usados por los periodistas para reportar lo que sucedía en el norte del país.
En esta capital, ya noche cerrada, está por comenzar el tercer día del carnaval, mientras en los barrios, los seguidores del presidente custodian armados los accesos a Puerto Príncipe.
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