LOS SERVICIOS PRIVADOS SON EL NUEVO MOTOR DE LA INFLACIÓN
Con el precio de los alimentos aparentemente bajo control (aunque sea durante octubre, cuando subieron sólo un 0,2%, la menor alza del año), una nueva amenaza se cierne sobre el poder adquisitivo de los consumidores. Es que la mayoría de los servicios privados continúa aumentando, y todo indica que sus precios todavía tienen mucho terreno para seguir subiendo, según los datos difundidos el jueves pasado por el Indec.
En los últimos seis meses, la mayoría de los servicios privados o no regulados no sólo superaron la suba que registraron los alimentos (6,4%), sino que también duplicaron y, en algunos casos, como los alquileres, casi triplicaron la inflación minorista promedio.
Salir a cenar afuera, por ejemplo, entre mayo y octubre último tuvo un incremento de 7,4% contra el 5% registrado por el índice de precios al consumidor en el mismo período, mientras que el ítem reparaciones y gastos de viviendas -que engloba los honorarios de electricistas o gasistas, por ejemplo- en los últimos seis meses sufrió un aumento de 11,6% que casi duplica a la suba en alimentos.
“Lo que estamos viviendo es un ajuste de precios relativos, a partir de la mayor demanda que registran algunos servicios que estaban indudablemente rezagados frente a otros bienes y que con la mayor demanda están intentando recuperar el terreno perdido”, explicó Javier Alvaredo, de la consultora MVA.
Los hogares de clase media lo saben: en los últimos tiempos se acostumbraron a recibir malas noticias prácticamente todas las semanas. Cuando no aumentaba la medicina privada era el turno de la cuota del colegio, del abono de la televisión por cable o del garage del auto. La sensación de desamparo que tienen muchos argentinos cada vez que reciben una factura se refleja en las mediciones oficiales.
En el caso de la medicina privada, en seis meses las cuotas acumulan un aumento de un 4%, es decir, un poco por debajo de la inflación registrada en el mismo período. Sin embargo, la brecha desaparecerá completamente cuando en el transcurso de los próximos dos meses los afiliados de las principales empresas del sector reciban las facturas con un aumento promedio de 14 por ciento.
Otro servicio que mostró un comportamiento muy particular es el de los alquileres. En lo que va del año, el rubro acumula un alza de 15,4% contra el 9,8% de la inflación. Sin embargo, si se analiza lo que pasó con los alquileres desde diciembre de 2001 se descubre que se trata de uno de los servicios más retrasados, ya que, según los datos del Indec, en estos casi cuatro años el incremento total llega a 14,2% contra un 70,1% de inflación minorista.
Esta disparidad alimenta las proyecciones de los analistas, que sostienen que los precios de los alquileres todavía no encontraron su techo y que los bolsillos de los inquilinos podrían recibir un nuevo golpe durante los próximos meses.
“Si bien no se esperan tantos aumentos como los registrados en la primera mitad del año, creo que los propietarios van a mantener su pretensión de recuperar parte del terreno perdido contra la inflación, con lo que los alquileres pueden seguir subiendo, aunque a un ritmo más lento, acompañando en todo caso la evolución del costo de vida”, señaló José Rozados, de la consultora Reporte Inmobiliario.
Los servicios privados o no regulados tienen una incidencia de 34,4% en el índice de precios minoristas (IPC) que mide todos los meses el Indec. Es decir que representan un poco más de un tercio del indicador oficial, mientras que los otros dos tercios se reparten entre bienes como los alimentos (31,3%) o la indumentaria (5,2%) y los servicios públicos, como el transporte, la luz, el gas o la telefonía, cuyas tarifas están reguladas por el Estado.
La suba en los servicios privados pone en aprietos la política oficial en materia de inflación. Hasta ahora las dos armas preferidas por el Gobierno para frenar los aumentos fueron incrementar el nivel de las retenciones a las exportaciones -lo que desalienta a las empresas para exportar y a la vez logra contener las subas en el mercado interno- y buscar acuerdos de precios con las principales empresas de cada rubro.
Sin embargo, ninguna de estas dos herramientas parece demasiado efectiva para contener los incrementos de los alquileres, de la educación privada o de servicios cotidianos como cortarse el pelo o llamar al plomero. Primero, porque son servicios no transables, es decir, no se pueden exportar ni importar. Y segundo, porque en la mayoría de los rubros la oferta se encuentra sumamente atomizada -las únicas excepciones son la medicina prepaga y la televisión por cable- y es casi imposible para el Gobierno sentar a todas los jugadores de cada mercado en una mesa de negociaciones para buscar algún acuerdo.
“Para contener los aumentos en este tipo de servicios es clave la política salarial que impulse el Gobierno”, explicó el economista Camilo Tiscornia.
“Los aumentos salariales tienen un doble efecto sobre los servicios privados, porque por un lado los sueldos constituyen uno de los principales costos para las empresas, con lo que indefectiblemente cualquier suba se traslada a los precios al público. Y a su vez, al tratarse de servicios que están volcados al mercado interno, cada aumento incentiva la demanda, lo que también impacta en los precios”, agregó el analista del estudio Castiglioni, Tiscornia y Asociados.
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