Los Siete Lagos
Para los que leen Osho y descubren con él que no hay nada mejor que la vida contemplativa, vale una recomendación. Si eligieron mirar para siempre, que se vengan para este lugar. Nosotros, lejos de la metafísica, igualmente, esta semana que pasó nos hemos dedicado sólo a mirar, pura y exclusivamente porque la contundencia del paisaje así lo ameritaba.
El corredor de los 7 Lagos, un camino de 200 kilómetros entre San Martín de Los Andes y San Carlos de Bariloche, es un milagro que no sea testigo de muchos accidentes. Es que, no se puede manejar y mirar el paisaje a la vez; pero el paisaje obliga. Mejor es detenerse tantas veces la vista invite. Claro que eso podría extender el tiempo de recorrido hasta límites insospechados.
Del Lago Lácar ya hemos hablado. Es el primero del corredor y uno puede mojar sus pies en sus aguas heladas nomás con bajar en la costanera de San Martín. Después viene Machónico. Si uno no ve el cartel que indica su nombre, bien podría pensar que éste es el que llaman Espejo, porque ahí se refleja la Cordillera en el agua como una réplica exacta pero en dirección al centro de la tierra.
Sin embargo, no. Es el Machónico. Y más adelante, un bonus track. Hay que entrar dos kilómetros hacia el Lago Hermoso. Bueno, aquí la misma confusión. Porque también podría llamarse así cualquiera de sus vecinos y nadie le discutiría el mote. Por suerte, el barrio privado que se montó alrededor de este paraíso todavía permite acercarse a las costas. Por ahora, pronto no lo sabemos.
Cuando retomemos la ruta veremos cómo los carteles de las inmobiliarias contaminan el paisaje ofreciendo terrenos que muy pronto cambiarán la fisonomía a uno de los paraísos más bellos de la Argentina. Es una constante en el sur. La queja se terminará al borde del Falker y del Villarino. El primero de ellos sólo deja pastar unas vacas curiosas que miran a los viajeros y nada más. En el otro, al menos se permite hacer fuego.
Es un buen lugar para un día de campo. La Cordillera, la nieve, los árboles, las lengas, el agua. Aquí nos quedaremos hasta que el lago siguiente nos convoque. Unas horas después, el Escondido dice que también tiene para mostrar. A diferencia de sus colegas, es tal la magnitud del verde que lo rodea que el agua adopta ese color para la vista. Eso sí, todos se parecen en algo: la transparencia siempre deja ver el fondo.
Lamentablemente, después empiezan 45 kilómetros de pozos y ripio. Bueno hubiera sido que, entre tanto capital obtenido por la venta de la zona que está alambrada casi en su totalidad, hubieran completado el pavimento. Pero no pudo ser. Unos españoles que vienen en una camioneta preguntan “si este es el camino de los 7 Lagos”. Se lo han vendido tan bien que no pueden creer que la ruta tenga ese estado.
Con vergüenza patriótica les decimos que sí. Y les avisamos que “nomás quedan unos pocos kilómetros de tierra”. Después habrá más lagos: el Espejo grande, ahora sí, bien ganado su nombre, espeja más que todos. Y el Correntoso, ya en las puertas de Villa La Angostura. Cuando parece que no habrá más para ver, falta lo mejor: Nahuel Huapi. Bordeándolo llegaremos a Bariloche.
Será con la luna llena esperando turno para asomar mientras el sol pone roja a la Cordillera nevada. Nada mal para recorrer la ciudad a la que la estudiantina le ha dado un pulso vertiginoso. Igual, nos llevará varias horas acomodar las ideas después de haber estado 9 horas mirando lo que todo el tiempo parece irreal, lo que no puede ser verdad, lo que incluso sería capaz de hacernos leer a Osho.
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