LOS SOBREVIVIENTES VAN POR MÁS
Si la primera temporada de Lost resultó un enroscado truco para confundir y enganchar al televidente, la segunda rumbea por idénticas latitudes. El recurso del conflicto no resuelto, del maratónico flashback de los personajes y de las hipótesis que se debilitan todo el tiempo para dar paso a nuevas conjeturas, parece haber pegado tan fuerte en el público que la continuación (desde hoy por AXN, a las 21) no renunciará a esa estrategia, sino que la reforzará.
Lost es ya una serie de culto que mantiene en vilo a miles de fanáticos en el mundo, y que pese a su trillada trama (pasajeros que sufrieron un accidente aéreo y sobreviven en una isla desierta) sabe cómo encontrar la “vuelta de tuerca” para que la historia se tiña de condimentos distintos.
México es justamente uno de esos países que alberga a delirantes seguidores de Lost, verdaderos estudiosos de cada secreto. Quizá por eso, desde AXN hayan elegido Los Cabos (un paradisíaco punto turístico de Baja California) para presentar el nuevo año de la serie ante la prensa latinoamericana, con un desafiante “rally” de preguntas y pruebas físicas incluido.
Los retos del canal para que los periodistas se aclimataran al estilo de Lost implicaron desde comer un hiper picante chile (ají típico) en un segundo hasta desenterrar objetos representativos de la serie o bucear en una piscina en busca de más pistas.
Desafío pintoresco al margen, en Estados Unidos se habla de una lostmanía que bien puede constatarse ante los fanáticos que pululan por Internet, quienes debaten o inventan páginas de elementos ficticios de la serie, como Oceanic Airlines , la compañía área en cuestión.
“Los fans están obsesionados con la serie. Y la base de este show es justamente el suspenso. Por eso los personajes van a seguir encadenados largo tiempo, eso es lo que hace que la serie sea diferente”, explican sus creadores, J.J Abrams (Alias) y Damon Lindelof. Ellos son los responsables de que 18 millones de estadounidenses consuman la tira y de que la crítica sostenga que no dar tregua a la aparición de ambiguas interpretaciones, más el cóctel suspenso-fantasía han abierto un camino no tan explorado en la TV norteamericana.
“Los guionistas son metafóricos. A todos nos gustaría tener una segunda oportunidad en la vida de volver para realizar aquello que no salió bien. Eso, más la dualidad de los personajes, son esenciales para el éxito de este producto”, agregan.
Ahora bien, para los que recién se engancharán este año, vale repasar de qué se trata Lost: un avión cae (en Hawaii) y 48 almas se las ingenian para vivir y convivir entre estrategias de supervivencia, disputa de poderes y pasados conflictivos. Así, un hombre se convierte en el líder natural del grupo (el doctor Jack Shepard, en la piel de Matthew Fox).
Las miserias de cada uno se entremezclan con hechos sobrenaturales y misterios consecutivos que nunca se cierran del todo.
El final de la primera temporada dejó aún más “desesperados” a los fanáticos porque no dio certezas, sino que sembró dudas. Repasemos: abierta una puerta que llevaba inscriptos números “malditos” (4, 8, 15, 16, 23, 42), algunos personajes pugnarán por jugarse a entrar y otros por permanecer en la cueva. Mientras, los “otros” (habitantes de la isla que llevan más de una década varados por el mismo motivo) son acusados del fuego encendido como señal de secuestro de un niño. Así, un grupo se lanza desesperadamente al mar en balsa y la trama se congela con más dudas que certezas. En síntesis, una incógnita empuja a otra y el círculo vicioso de los misterios no se detiene.
“Cuando leí el guión por primera vez, sentí que debía ser parte de esto. Trata temas que yo disfruto: la vida, la muerte… Este año mi personaje, el líder que tan fuerte se mostraba, tendrá sus dudas. Y eso me gusta: nunca se sabe qué pasará mañana”, comenta Fox.
De pronto, aparece Michelle Rodríguez. Muy pocos notan que la chica que mueve sus caderas sin inhibiciones en la arena es la nueva cara de la serie. Ella será Ana Lucía Cortez, que ya coqueteó con Jack en el aeropuerto australiano en el comienzo de Lost y que ahora irrumpe para armar un triángulo amoroso.
“Después de mi primera película como boxeadora (Girlfight), no quería ser la muchacha enamorada simplemente. Quería respeto creativo. Y aunque tenía posibilidades en Hollywood, mis ambiciones iban por otro camino. Después de aparecer en el primer capítulo de Lost, me dije a mí misma debo meterme más. ¡Es eso como una película distinta cada semana!”, dice enérgica la chica nacida en Texas que se crió en República Dominicana y Puerto Rico.
Su presencia llega para sembrar nuevos interrogantes en la historia. De eso se trata: un cuento de nunca acabar.
Este contenido no está abierto a comentarios

