LOS SOJEROS DEFENDIERON EL PAPEL DEL CULTIVO EN LA ECONOMÍA DEL CONO SUR
Empresarios agrícolas de los países del Cono Sur defendieron el cultivo de soja como una de las pocas alternativas que le dan rentabilidad y permiten mantener en pie sus explotaciones, aunque admitieron la necesidad de poner límites a su expansión en zonas sensibles donde el monocultivo puede afectar la sustentabilidad. Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay conforman el mayor bloque de producción mundial de la oleaginosa y en Mercosoja de 2006, productores y técnicos describieron el panorama del cultivo en cada uno de los cinco países.
“La soja no desplaza”, sentenció el presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina, Rodolfo Rossi. “Lo que ocurrió fue que no hubo crecimiento de otros cultivos” y ejemplificó: “Si la soja no hubiese llegado al Chaco tampoco estaría el algodón”.
El directivo de la asociación que nuclea a toda la cadena de la oleaginosa trató de atemperar los cuestionamientos sobre la sustentabilidad al modelo sojero y explicó que Argentina produce soja esencialmente en la región pampeana. “Entre Córdoba y Santa Fe se siembran 7,7 millones de hectáreas con un potencial de crecimiento de un millón más en los próximos dos años; en Buenos Aires 3,4 millones de hectáreas y un potencial de crecimiento mayor de hasta 2 millones de hectáreas, mientras que en el noroeste se siembran 1,8 millón de hectáreas y se prevé crecer unas 200 mil hectáreas”, ejemplificó.
En la misma tónica se expresó el investigador de la Empresa Brasileña de Investigaciones Agropecuarias (Embrapa) soja, Amelio Dall’Agnol, quien dijo que es un mito que por la soja se esté deforestando el Amazonas. “De los más de 500 millones de hectáreas de la Amazonia sólo el 15% está deforestada y de eso el 2% es agricultura y el 1,2% es soja”, aclaró.
El aumento de la superficie de soja y de la producción, que según expresó Rossi crece a mayor ritmo, provocaron la expansión de la frontera agrícola hacia regiones de suelos menos aptos. Por eso, aunque la oleaginosa “sea la mejor opción de cultivo”, también es una responsabilidad de todos los actores de la cadena “preservar la biodiversidad”, dijo. En este sentido reconoció que Acsoja considera que el noroeste “es una zona más crítica y a juicio de la entidad no se tendría que deforestar más bosque”, dijo Rossi.
Sucede que la llegada de la soja al modelo de agricultura del Mercosur modificó los ecosistemas preexistentes y en la actualidad es el cultivo más rentable en función de los bajos costos de producción y de su potencial exportador. Por caso, en Paraguay los ingresos por agricultura representan el 64% del Producto Bruto Interno de ese país y el 81% este porcentaje, corresponde a las oleaginosas.
“El productor se cansó de que otros cultivos como el algodón no le rindan económicamente”, enfatizó Claudia Aveiro de Ruser, miembro del directorio de la Asociación de Productores de Soja (APS) de Paraguay. Algo similar ocurre en Brasil, el principal productor de soja del mundo, cuyos productores están seriamente afectados por la situación cambiaria. “Los productores dicen que van a reducir un 30% el área pero eso no va a pasar porque no tienen otra cosa que sembrar que no sea soja, maíz, frijoles o algodón”, dijo Dall’ Agnol. De todos modos, la crisis se llevó puesto ayer al ministro de Agricultura de ese país (ver aparte).
La dirigente empresaria paraguaya reconoció que la llegada de la soja fue bastante traumática para el ecosistema. Sin embargo, Aveiro de Ruser dijo que en los 90 se inició lo que consideró “la etapa de la innovación” con la llegada de la siembra directa. “La soja es el cultivo económicamente más rentable y en Paraguay reporta ingresos por 1.000 millones de dólares, el 36% del PBI”, dijo y aseguró: “Tras la sequía que viene atravesando hace tres años el país perdimos el equivalente a una cosecha entera”, señaló.
Y así como lo fue en los 90 para Brasil, Argentina y Paraguay, la llegada del nuevo siglo fue la puerta que abrió a Uruguay al cultivo de soja. De una economía que hace diez años tenía 16 millones de hectáreas productivas y sólo un millón se destinaba a la agricultura y el resto a al ganadería, se pasó a un modelo donde la soja empezó a ocupar la escena.
Siembra directa de por medio y aplicación de 100% variedades transgénicas, en Uruguay hoy se siembran más de 330 mil hectáreas frente a las 50 mil del año 1988, en un esquema donde predominan los arrendatarios de la tierra (80%) por sobre los propietarios, según expresó Héctor Hirschy Ruiz, de Uruguay.
En Bolivia, los productores nucleados en la Asociación de Soja y Trigo -entidad gremial que representa a 12 mil empresarios agrícolas de la zona de Santa Cruz de la Sierra- reclaman al gobierno de Evo Morales “mayor investigación por parte del Estado, recursos económicos para el sector agrícola y fundamentalmente seguridad jurídica en la propiedad de la tierra para seguir haciendo inversiones”, según resumió Rolando Zabala Moreno, presidente de esa asociación. El presidente del país vecino lanzó recientemente una reforma agraria.
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