Los tobas y el rugby
Barrio Mistol. Formosa. Un diálogo.
-¿Señor, sabe dónde queda la casa del Sr. Eduardo Rossi?
-No sabría decirle.
-Es un señor que tiene un club de rugby para aborígenes.
-Ah!, El Loco Rossi! Sí, sí. Es allí.
Allí, donde está el portón de algarrobo, donde vive Eduardo Rossi, vamos a preguntar por el Aborigen Rugby Club. Por fortuna, a Rossi le gusta que le pregunten por el club que el mismo fundó, con fondos propios, conseguidos cuando era un rugby de fuste que jugaba en Francia, o en España. Digo por fortuna, porque tiene tamaño de hooker y un dogo argentino de similar grosor al del dueño.
No hay que preguntarle tanto a Rossi. A él le gusta contar. Cuenta que los pibes tobas de su club aprenden a convivir allí con los hombres blancos. Que no hizo un club sólo para tobas porque de ese modo hubiera sido “discriminar al revés”. Que al principio hay recelo ante el cruce de razas pero que después se da la convivencia.
– ¿Por qué le dicen Loco, Rossi?
Rossi se seca la cara con una toalla. Protesta porque le han cortado la luz. Maldice a los operarios de la empresa de energía. Encarga café y contesta.
-Debe ser porque soy muy frontal. Porque digo las cosas muy de frente. Cuando jugaba al rugby, además, era muy vehemente.
El cronista piensa, siente, que lo sigue siendo. Pero vayamos al rugby.
“He jugado en los mejores clubes de Europa”, cuenta con orgullo el Loco. “Y una vez, en un partido contra un país asiático, vi que los apellido eran todos aborígenes. Y me dije que se podía hacer algo así en Formosa”. Y, como hombre decidido que es, lo hizo.
Rossi nació en Entre Ríos, tiene tonada porteña porque jugó en Rosario, habla varios idiomas porque pasó por Francia e Inglaterra. Pero vivió su infancia en Formosa y hasta aquí volvió, para hacer jugar a los tobas.
Un director de cine llevó su vida a la pantalla grande y un afiche en una de las paredes así lo certifica: “La quimera de los sueños”, by Daniel Rosenfeld, dice. Un productor de TV lo contactó con el programa Sorpresa y Media y las huestes de Julián Weich llevaron a todos los aborígenes del club de Rossi a jugar a la tierra de los All Blaks. Sin embargo él no muestra muecas de nostalgia o emoción, sino que narra como si todo fuera una cuestión natural.
Eduardo Rossi. “El Loco”, ahora que lo conocemos, saluda amable ante nuestra partida. Antes muestra otra pasión: nos enseña su colección de motos y armas de guerra, sus trajes de ejército de la segunda guerra mundial y las esvásticas que adornan su casa. Además tiene orgulloso una foto con Carlos Menem.
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