LOS URUGUAYOS PONEN UN FRENO A LA PRIVATIZACIÓN DE LA PETROLERA
Una amplia mayoría de uruguayos —entre un 54 y un 57% , según sondeos de boca de urna— puso freno ayer a los intentos de privatización de la petrolera estatal Ancap.
Los uruguayos derogaron en un referéndum la ley que ponía fin al monopolio de la empresa y abría las puertas a la asociación con capitales privados. Acostumbrados al celeste de la camiseta de la selección nacional, los uruguayos empapelaron esta vez el país con el tono rosado que le tocó a la boleta de la derogación y dejaron claro, una vez más, que se oponen a las privatizaciones.
El líder de la izquierda, Tabaré Vázquez, había pronosticado el resultado varias horas antes, cuando hizo la cola para votar como un ciudadano más. Eran las ocho de la mañana y los centros de votación recién empezaban a abrir sus puertas, pero en el humilde barrio montevideano de La Teja ya había decenas de personas, vestidas de rosado, esperando al futuro candidato a presidente por el Frente Amplio.
A primera hora de la mañana, Vázquez auguraba el triunfo de la papeleta rosada del “Sí” . “Hoy posiblemente cambie el enfoque que tiene el país sobre las empresas públicas. Aquí se juega el futuro de Ancap y el de una forma de hacer política”.
Horas más tarde, se confirmarían sus pronósticos. La ley que se derogó ayer fue aprobada a fines de 2001 con votos de todos los partidos políticos. El texto eliminaba el monopolio de Ancap para importar, exportar y refinar petróleo. Y le daba la posibilidad de “asociarse” (el texto en ningún momento mencionaba la palabra “venta”) con una empresa privada, por un período de 30 años. Ancap es la mayor empresa industrial del país, con una facturación anual cercana a los 1.000 millones de dólares.
La petrolera española Repsol figuraba en la lista de las empresas que habían manifestado su interés. Pero los funcionarios de Ancap, que le declararon la guerra desde un principio, juntaron firmas hasta conseguir las necesarias para convocar un referéndum. Al final, la mayoría de la izquierda terminó apoyándolos, mientras que los partidos tradicionales se aliaron en defensa de la apertura del mercado.
Hugo De Mello, presidente del gremio Federación Ancap dijo que “ha quedado demostrado que lo que deciden las mayorías parlamentarias no siempre representa lo que siente la población. Esta era una ley de entrega del patrimonio nacional y nosotros no vamos a parar. Mañana vamos a seguir trabajando sobre la base de un Uruguay productivo”.
Al analizar los resultados, ningún politólogo olvida que en el país existe una resistencia histórica hacia las privatizaciones. Pero todos remarcan que, para muchos uruguayos, éste era un referéndum sobre la gestión de Jorge Batlle. “Para ganar, el “No” tenía que remontar una cuesta, que era el voto contra el gobierno”, señalaba el politólogo Gerardo Caetano.
El presidente Batlle optó por mantener su perfil más bajo. Anunció que votaría a la una de la tarde. Pero ni un solo micrófono llegó a tiempo para registrar ese momento. El presidente escapó una vez más de la prensa y llegó a su mesa de votación tres horas antes de lo previsto.
La única voz del gobierno que se escuchó durante el día fue la del vicepresidente, Luis Hierro. “Obviamente, en Uruguay todo se politiza mucho, pero esto no es más que la expresión de la gente a favor o en contra de una ley”, dijo Hierro, en un intento por quitarle importancia a una instancia electoral que se lee como termómetro de las elecciones generales de 2004.
Pero la izquierda se siente cada vez más cerca de acceder al gobierno por primera vez en la historia. El favorito es Vázquez, del Encuentro Progresista Frente Amplio, la centroizquierda que articula la oposición al gobierno conservador de Batlle.
“Nuevos vientos soplan en la comarca del sur…quizás estos viejos dirigentes no se han dado cuenta”. Así cerraba su campaña Vázquez, al que todas las encuestas señalan como futuro presidente de los uruguayos.
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