LUCES Y SOMBRAS DE LA EDUCACIÓN ARGENTINA SEGÚN LA UNESCO
De poco sirve incorporar a todos los chicos en la escuela si esa enseñanza no es de calidad. Ese es el mensaje del documento “Educación para todos: el imperativo de la calidad”, que la Unesco distribuyó ayer en todo el mundo.
El informe, hecho sobre la base de datos que, en su mayoría, fueron tomados entre 1998 y 2001, fue presentado en Brasilia y señala que, si bien el número de niños que no van a la escuela disminuyó en los últimos años (103,5 millones de chicos de los aproximadamente 752 millones que en todo el mundo están en edad de cursar estudios primarios, frente a 106,9 millones en 1998), muchos países presentan altas tasas de abandono escolar a partir de quinto grado.
El desafío de una enseñanza de la calidad es también una asignatura pendiente en la Argentina, donde si bien se han alcanzado las metas fijadas por la Unesco en torno de la enseñanza primaria universal, se percibe una fuerte desigualdad entre los estratos sociales, según estimó, en diálogo con LA NACION, el doctor Juan Carlos Tedesco, director del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE), organismo de la Unesco con sede en Buenos Aires.
Los indicadores muestran que nuestro país está cuantitativamente lejos de países africanos como Angola, Burkina Faso y Chad, donde la expectativa de vida escolar oscila entre los 3 y 6 años en el aula. En la Argentina hay una alfabetización del 97 % entre los mayores de 15 años y la vida escolar tiene una expectativa de 16,3 años, computando el jardín de infantes, con datos tomados de 2001 (en Suiza es de 19; en Finlandia, de 18; en Austria, de 18,9 y en el Reino Unido, de 21,8). “No se puede decir lo mismo en términos cualitativos, ya que la educación argentina presenta fuertes desigualdades, como lo muestran los resultados de las pruebas nacionales de evaluación y los tests internacionales. No aprende lo mismo un alumno en la ciudad de Buenos Aires que en Jujuy o Santiago del Estero”, dijo el director regional del IIPE.
En 30 de los 91 países analizados por la Unesco, el 25 % de los alumnos no pasa de quinto grado y las repeticiones de cursos son muy frecuentes. Además de los países africanos, Bangladesh, India, Nepal y Paquistán reflejan una situación preocupante. Mientras que en las escuelas primarias argentinas el promedio de chicos que repiten de grado es del 6,2 %, con un pico del 10,4 % en primer grado, en Nepal repite el curso el 21,6 % de los alumnos (39,9 % en primer grado), y en Guinea Ecuatorial el 40,5 % (48,1 % en el primer curso). Todos muy lejos, por supuesto, del 0,3 % de Italia, del 1,5 % de Austria y del 1,7 % de Alemania y Suiza.
Estos déficit dificultan el logro del objetivo fijado por el organismo, que se dispuso alcanzar una educación para todos hacia el año 2015. En el Foro Mundial sobre la Educación, celebrado en Dakar en el año 2000, más de 160 países suscribieron el compromiso de alcanzar en 2015 la universalización de la enseñanza primaria, la alfabetización de los adultos, la calidad de la educación -medida por la tasa de supervivencia escolar en el quinto grado de la escuela primaria- y la paridad entre los sexos.
En la medición internacional, la Argentina, Cuba y Chile integran el lote de los 41 países que están relativamente cerca de lograr los objetivos relacionados con el acceso a la educación. Pero no por ello deja de estar afectado por el imperativo de la calidad, advirtió Tedesco.
Según el informe, hay un segundo grupo de 51 países, encabezados por Rumania, Bulgaria y Costa Rica, además de muchos Estados árabes y países latinoamericanos, que avanza en el logro de las metas, pero no con la suficiente rapidez. El furgón de cola son unos 25 países de Africa y de Asia.
La Unesco señala que aún hay 103,5 millones de niños sin escolarizar y que, si bien muchos países en vías de desarrollo aumentaron la inversión en educación, la ampliación del acceso a la enseñanza no fue acompañada de un incremento proporcional de las infraestructura y los recursos educativos”.
Tedesco considera que la estrategia fundamental para garantizar una enseñanza de calidad son los docentes. “Uno puede actualizar los planes de estudios, promover infinitos cambios, pero el maestro es la herramienta fundamental.”
Otra variable fundamental es el tiempo dedicado al aprendizaje. Y afirma que el criterio de 850 a 1000 horas de clases anuales no se respeta en muchos países. “La tendencia debe ser ir a más días de clases y a escuelas de tiempo completo, especialmente en las zonas más pobres. Es fundamental lo que los chicos reciben dentro de la escuela, porque en las condiciones más precarias, fuera de la escuela no hay nada. A veces, ni siquiera hay adultos”, agregó Tedesco. Claro que los esfuerzos por ampliar la jornada escolar exigen fuertes inversiones, tanto para el reclutamiento del personal docente como las obras de infraestructura necesarias para duplicar la oferta educacional.
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